La agenda de los gremios industriales conecta producción, salarios y consumo. El trabajo de Sergio Escalante en San Martín muestra por qué fábricas, trabajadores y Estado necesitan construir una respuesta común.
Editorial de InfoAlimentación. Imagen de archivo: movilización de Alimentación con banderas del STIA Buenos Aires.
Una fábrica que reduce su actividad compromete mucho más que su balance. Detrás de sus pedidos hay proveedores, transportistas, talleres, comercios y familias que organizan su vida alrededor de un ingreso. Defender la industria nacional implica preservar esa trama y las capacidades que permiten volver a crecer. Para los gremios industriales, colocar la producción y el mercado interno en el centro de su agenda es también una manera de anticiparse a la pérdida de trabajo.
La voluntad de sostener esa intervención quedó expresada en la movilización del 8 de octubre de 2026 hacia la Secretaría de Industria, documentada por la Federación Trabajadores de Industrias de la Alimentación (FTIA). Aquella jornada reunió a conducciones sindicales, delegados y trabajadores junto a organizaciones de la CGT. Su sentido trasciende esa fecha: construir condiciones para que haya actividad industrial, empleo digno e ingresos que sostengan el consumo.
Producir necesita compradores e inversión
Los datos permiten dimensionar el problema. Según el INDEC, la producción manufacturera cayó 3,2% interanual en agosto de 2026 y acumuló una baja de 2,7% en los primeros ocho meses. Alimentos y bebidas retrocedió 0,2% frente a agosto de 2025. Las diferencias entre ramas exigen respuestas específicas, aunque el resultado general muestra las dificultades para ampliar la actividad.
El informe de capacidad instalada agrega otra señal: en agosto, la industria utilizó el 58,5% de su potencial, frente al 59,6% de un año antes. En alimentos y bebidas llegó al 66,4%. Son indicadores de uso de las instalaciones, no tasas de desempleo; muestran que existe una base productiva que podría aprovecharse mejor si se reunieran las condiciones para hacerlo.

El contraste entre alimentos y bebidas (66,4%) y textiles (44,6%) muestra que las ramas parten de situaciones diferentes, aunque comparten capacidad productiva sin utilizar. La metalmecánica y el caucho y plástico, actividades vinculadas con equipos e insumos industriales, registraron niveles del 35,9% y del 40,9%, respectivamente. Esta comparación no identifica por sí sola las causas de la capacidad ociosa, pero ayuda a dimensionar el alcance del desafío productivo.
La inversión requiere financiamiento, tecnología y previsibilidad, pero también una expectativa de ventas. Para muchas empresas que abastecen al mercado interno, los ingresos de los hogares son parte de esa ecuación. El salario integra el costo de una planta y, al mismo tiempo, financia las compras que reciben otras. Una estrategia general de reducción del poder adquisitivo puede debilitar el mercado del que depende la continuidad de esas mismas fábricas.
Por eso, discutir productividad y costos junto con demanda y distribución del ingreso permite formular una política más consistente. Cuidar el trabajo y sostener el consumo forman parte de las condiciones para invertir, renovar equipos y producir con mayor escala.
Escalante: del vínculo con las fábricas a una agenda común
En ese terreno se inscribe la labor de Sergio Escalante, secretario general del STIA Buenos Aires. Su recorrido en San Martín vincula representación gremial, presencia en los establecimientos y construcción de espacios de debate productivo. En una entrevista publicada durante la elección sindical de 2025, destacó el trato cotidiano con los trabajadores y el conocimiento personal construido en las plantas que atendía gremialmente. Ese vínculo ofrece un punto de partida concreto para conocer cómo impactan los cambios económicos en cada lugar de trabajo.
La experiencia local también se tradujo en diálogo con empresarios. El 15 de septiembre de 2026, Escalante y Diego Achilli, empresario de Helados Los Amores, impulsaron un encuentro en la Pastoral Social de San Martín con representantes industriales y sindicales de la región. En su entrevista con InfoGremiales, Escalante explicó que buscaban diagnósticos y acciones concretas, y subrayó la necesidad de mostrar el aporte de las empresas y de cada eslabón de la cadena productiva.
El valor de esa tarea está en reunir experiencias que habitualmente llegan fragmentadas a la discusión pública. Un delegado observa cambios de turnos y dotaciones; una pyme conoce la evolución de sus pedidos y los plazos de cobro; un proveedor advierte cuándo una interrupción empieza a trasladarse al resto de la cadena. Articular esas miradas permite identificar problemas y trabajar sobre respuestas antes de que una crisis termine en despidos.
Textil Santa María: un problema que atraviesa a la industria
Una publicación de la cuenta de Instagram de Sergio Escalante, difundida el martes 27 de octubre y aportada a esta redacción, incorpora otra dimensión de ese trabajo. El texto da cuenta de una actividad en Textil Santa María y sitúa el encuentro en el marco de la Escuela de Acción Política José María Fernández. Señala que se conversó sobre trabajo y justicia social. También plantea recuperar la industria, fortalecer la producción nacional y defender el trabajo digno mediante la participación de trabajadores, organizaciones, empresas y Estado.
Que esta discusión tenga lugar en una fábrica textil ayuda a comprender el alcance transversal del problema. La alimentación comparte con otras ramas la necesidad de crédito, energía, tecnología, pedidos y trabajadores con capacidad de consumo. Además, una planta alimenticia compra envases, equipos, indumentaria de trabajo y servicios de mantenimiento y transporte: su actividad moviliza trabajo más allá de su propio establecimiento.
El vínculo también opera a través de los ingresos. El salario de un trabajador textil sostiene compras de alimentos; los ingresos generados en Alimentación se convierten en demanda para comercios y otras industrias. Cuando una rama pierde empleo o poder adquisitivo, parte de ese deterioro puede trasladarse al resto. Por eso, el encuentro en Textil Santa María permite pensar una defensa productiva que involucre a distintos sectores, con sus problemas específicos y un mercado interno compartido.
La fotografía muestra a los participantes reunidos entre máquinas y materiales de producción. Llevar la formación y el debate a ese ámbito acerca la discusión económica a sus consecuencias concretas. Construir acuerdos entre actividades permite reconocer dependencias, compartir información y sostener capacidades que ninguna rama puede preservar por sí sola.
Una propuesta productiva que incluye los ingresos
El documento “Proyecto Nacional” del STIA Buenos Aires, reseñado por InfoAlimentación en septiembre, ofrece un marco para esa intervención: inversión industrial, crédito productivo, educación técnica, formalización laboral y negociación colectiva. También propone fortalecer el mercado interno y agregar conocimiento y tecnología a los recursos del país. En Alimentación, esa orientación incluye elaboración y biotecnología.
La participación de Escalante en la reunión de CSIRA del 21 de octubre conecta esa agenda con otras ramas manufactureras. La articulación entre gremios permite reconocer problemas compartidos sin perder las particularidades de cada actividad.
Para traducir esas orientaciones en resultados hacen falta acuerdos verificables. El financiamiento puede vincularse con inversión y continuidad del empleo; la capacitación, con necesidades concretas de las plantas; y las políticas de desarrollo de proveedores, con metas de calidad y abastecimiento. Los apoyos públicos deben tener objetivos, plazos y evaluación. Así, el esfuerzo de la sociedad puede convertirse en capacidad productiva y mejores condiciones de trabajo.
El interés común recorre toda la cadena
En la industria alimenticia, la producción primaria se enlaza con procesamiento, envases, maquinaria, frío, transporte y comercialización. La pérdida de un proveedor puede aumentar costos y demoras en varios establecimientos. Conservar conocimientos, oficios y relaciones de abastecimiento evita que cada recuperación deba empezar desde cero.
Esa interdependencia justifica convocar a sindicatos, empresas, cámaras, universidades y organismos públicos. Cada actor tiene una responsabilidad: invertir, representar a los trabajadores, aportar tecnología, financiar o establecer reglas previsibles. La coincidencia productiva también necesita negociación salarial y cumplimiento de las obligaciones laborales, porque el empleo de calidad es parte del objetivo compartido.
La política comercial debe acompañar esa construcción con criterios por cadena: condiciones de competencia y controles sanitarios equivalentes, junto con acceso a equipos e insumos necesarios para fabricar. El desarrollo industrial requiere mejorar productividad y calidad, ampliar mercados y dar a los consumidores una oferta accesible.
La tarea que impulsan los gremios industriales, y que Escalante expresa desde su trabajo en San Martín, puede contribuir a organizar ese interés común. Cuando una fábrica sostiene sus pedidos, un proveedor conserva actividad y un trabajador mantiene su ingreso, el beneficio circula. Dar continuidad a esa trama es una responsabilidad económica y social que necesita a todos sus protagonistas.