La demanda interna, principal freno para producir

El consumo masivo es el primer damnificado de un problema que el propio empresariado reconoce como estructural. La Encuesta de Tendencia de Negocios que el INDEC difundió el 19 de agosto expone un dato que recorre por igual a la góndola y a la fábrica: lo que falta es demanda interna, y sin ella la producción de alimentos no encuentra piso. El relevamiento oficial mide expectativas para el trimestre agosto-octubre y ordena, por primera vez con esta contundencia, la jerarquía de los obstáculos que enfrenta cada eslabón de la cadena.

El comercio pone el problema en primer plano

El sector que vende alimentos es el que con mayor claridad señala dónde está la traba. En supermercados y autoservicios mayoristas, el 63,6% de los empresarios considera que la demanda interna insuficiente es el principal factor que limita su actividad. Ninguna otra causa se le acerca.

La cifra no solo es alta sino que se acelera. En apenas tres meses, esa respuesta ganó 6,3 puntos porcentuales de relevancia entre los comerciantes del rubro, un salto que confirma que el problema se profundiza en lugar de ceder. El costo laboral, en segundo lugar, reúne el 20,5% de las menciones y retrocede levemente frente a la medición anterior.

El consumo interno no repunta y afecta la producción local.

La consecuencia directa es una plaza deprimida que no logra despegar. Para el próximo trimestre, solo el 13,6% de los empresarios del comercio mayorista espera una mejora comercial, mientras que ocho de cada diez prevén que la actividad se mantenga en el bajo nivel actual. El consumo masivo, corazón del negocio alimentario, describe así un piso del que no consigue elevarse.

La fábrica repite el diagnóstico

Aguas arriba de la góndola, la industria manufacturera reproduce el mismo cuadro. El 52,9% de los establecimientos industriales identifica la demanda interna insuficiente como el factor más importante que limita su capacidad de producir más, y ese porcentaje sumó 1,1 puntos respecto de tres meses atrás.

«El principal factor que limita la producción es la demanda interna insuficiente», sintetiza el relevamiento del INDEC, que ubica esa respuesta muy por encima de cualquier otra causa señalada por las empresas.

La competencia de productos importados aparece en un segundo plano, con el 10,2% de las menciones, y a diferencia de la demanda perdió peso en el último trimestre al ceder 0,8 puntos. La incertidumbre económica reúne el 7,4% y apenas se movió. Solo el 6,6% de los industriales afirma no encontrar limitantes para ampliar su producción, un dato que dimensiona lo extendido del malestar.

La confianza no sale del terreno negativo

El humor empresarial acompaña ese diagnóstico. El Indicador de Confianza Empresarial de la industria manufacturera se ubicó en −17,2% en julio y, pese a mejoras puntuales frente a meses anteriores, permanece firmemente instalado en zona negativa. Las respuestas pesimistas siguen superando a las optimistas.

Las expectativas hacia adelante no corrigen ese clima. Para el trimestre agosto-octubre, el 70,9% de las empresas industriales no prevé cambios en su situación, el 16,1% anticipa un deterioro y solo el 13% espera una mejora. El balance queda en terreno negativo y consolida la idea de un sector que no encuentra el punto de partida de una recuperación.

El empleo industrial paga la cuenta

La traba productiva se traslada de lleno al trabajo, y ahí el dato es el más elocuente para dimensionar la crisis. La industria manufacturera acumula diecinueve meses consecutivos de reducción de personal y explica por sí sola el 35% de los puestos de trabajo perdidos en la economía durante ese período.

Las perspectivas no ofrecen alivio. Solo el 4,1% de los industriales prevé incorporar personal en los próximos tres meses, mientras que el 17,1% considera que deberá reducir su dotación. En materia de horas trabajadas el cuadro se repite, ya que apenas el 5% espera ampliarlas frente al 16% que anticipa recortarlas.

Alimentación resiste más que el promedio pero no escapa

El sector alimentario sostiene su plantilla mejor que el resto de la industria, aunque esa resistencia relativa convive con una producción que retrocede mes a mes y con una capacidad instalada que se aleja de los registros de un año atrás. La cadena aguanta, pero lo hace sobre una base que se erosiona.

El diagnóstico oficial coincide con la lectura sectorial de que sin demanda interna la producción se frena y el empleo se resiente, en un mismo movimiento que realimenta la parálisis de las fábricas. La UIA insiste en la caída de la demanda y la competencia importada como los factores que asfixian a la actividad. La encuesta del INDEC despeja una discusión. El obstáculo que traba a la industria de la alimentación y a toda la manufactura no está en los insumos ni en limitaciones técnicas, sino en un mercado interno que no tiene capacidad de absorber más bienes. Es una restricción de demanda, y las cifras oficiales de agosto la ubican como el nudo central de la actividad.