Industria alimentaria: la capacidad usada bajó a 66,4%

El sector manufacturero argentino continúa transitando un escenario de contrastes operativos y demandas dispares. Durante agosto de 2026, los fabricantes de alimentos y bebidas operaron con un 66,4% de su capacidad instalada, de acuerdo con el último informe técnico difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Esta cifra refleja una leve contracción de 0,2 puntos porcentuales respecto a igual mes de 2025. Sin embargo, en la comparación mensual desestacionalizada frente a julio de 2026, la industria experimentó un avance de 0,4 puntos porcentuales. Este repunte marginal evidencia cierta estabilización en las líneas de producción, aunque persisten tensiones estructurales en rubros clave.

Un colchón defensivo

A pesar del leve freno interanual, el bloque de alimentos y bebidas ratificó su carácter defensivo dentro de la estructura fabril nacional. El conjunto de la industria manufacturera registró un nivel general de utilización de la capacidad instalada de apenas 58,5% en agosto, frente al 59,6% anotado en el mismo período del ciclo anterior.

En consecuencia, la brecha operativa entre la producción de alimentos y el promedio fabril alcanzó los 7,9 puntos porcentuales, según el relevamiento elaborado por la redacción técnica sobre los datos oficiales.

Históricamente, el procesamiento de alimentos amortigua las caídas bruscas de la actividad económica general debido a la rigidez de la demanda básica. No obstante, la distancia entre ambos indicadores suele estrecharse cuando el poder adquisitivo se deteriora de manera prolongada y afecta los hábitos de compra cotidianos.

La carne vacuna: el factor detrás de la desaceleración

Al detallar las razones que explicaron el retroceso interanual del bloque, el organismo estadístico señaló directamente a la cadena de carne bovina. La faena y el procesamiento frigorífico registraron una caída productiva del 8,1% interanual en el octavo mes del año.

La retracción respondió principalmente a la debilidad del frente doméstico. El informe consignó una merma del 13,2% en el volumen de carne bovina destinado al mercado interno, medido a través del indicador de consumo aparente.

Esta contracción en góndolas y carnicerías locales derivó de diversos factores convergentes:

– Pérdida de poder adquisitivo: los presupuestos familiares continúan priorizando cortes más económicos o proteínas sustitutas como el pollo y el cerdo.

– Costos de reposición y forraje: el encarecimiento de la alimentación a corral ajustó los márgenes operativos de los establecimientos de engorde.

– Estrategia exportadora: aunque los envíos al exterior mantuvieron volúmenes estables hacia plazas estratégicas, no lograron compensar el menor dinamismo del consumo doméstico.