Chaco exportó más de 8,6 toneladas de pacú a Estados Unidos

La carga salió de Puerto Las Palmas y se embarcó en Chile. El procesamiento y los controles sanitarios sostienen el acceso al mercado.

El SENASA certificó un envío de 8.644,16 kilos de carne de pacú chaqueño a Estados Unidos. La mercadería fue elaborada en el establecimiento oficial 4969 de Puerto Las Palmas, según informó el organismo el 14 de octubre. La inspección veterinaria estuvo a cargo del Centro Regional Chaco-Formosa.

El recorrido combinó transporte terrestre y marítimo. La carga salió de Chaco, cruzó la cordillera por Mendoza y fue embarcada en un puerto chileno. La comunicación oficial identifica la especie como Piaractus mesopotamicus y confirma la supervisión de las exigencias sanitarias del mercado estadounidense.

La planta tiene habilitación para tránsito federal y autorización para exportar a Estados Unidos, Chile, Paraguay y Uruguay. El envío se inscribe en una actividad que ya tenía operaciones comerciales con el comprador norteamericano. El antecedente permite ubicar la noticia dentro de una continuidad exportadora, sin atribuirle una apertura de mercado.

Un antecedente con filetes deshuesados

En septiembre de 2025, el SENASA había informado otra exportación desde Puerto Las Palmas. Fueron 8.200 kilos de filetes de pacú deshuesados destinados a Los Ángeles. El organismo la describió entonces como la segunda operación comercial del producto hacia Estados Unidos desde 2024. Ese detalle corresponde al embarque de 2025; la comunicación de octubre de 2026 habla de carne de pacú sin precisar el corte.

En aquel informe, el servicio sanitario explicó las tareas de fiscalización del frigorífico. Incluyen el control de la faena y de las Buenas Prácticas de Manufactura, junto con los procedimientos de saneamiento y el manejo de plagas. También comprenden el Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, conocido por la sigla HACCP.

La intervención abarca la documentación obligatoria y la emisión de certificados sanitarios. El SENASA señaló además su asistencia durante la construcción y ampliación de la planta y el diseño de planos conforme a las condiciones higiénicas exigidas. El antecedente muestra que la preparación industrial para exportar incluye instalaciones, procedimientos y registros de elaboración.

La escala del pacú en la acuicultura

El informe Producción Acuícola Argentina 2025, de la Dirección Nacional de Acuicultura, ubica al pacú como la segunda especie cultivada del país. Su participación fue del 10,3% sobre una producción nacional de 15.540 toneladas. El cultivo se desarrolló principalmente en Misiones y Chaco, con presencia de productores pequeños y medianos que abastecen mercados regionales.

La principal especie fue la trucha arcoíris, con 13.576,7 toneladas y el 87,4% del volumen total. El pacú ocupó el primer lugar entre las especies nativas cultivadas. Ambas referencias permiten distinguir el peso del pescado chaqueño dentro de la acuicultura y el predominio de la trucha en el agregado nacional.

El volumen acuícola total creció 27,6% frente a 2024 y acumuló una expansión de 320,8% en diez años, según el relevamiento oficial. Son cifras de producción de 2025 para el conjunto de especies. Su alcance difiere del peso comercial de una partida procesada y exportada en 2026: no constituyen una serie de ventas externas de pacú.

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Arroz y peces en una misma secuencia productiva

La integración con el arroz es uno de los antecedentes productivos de Puerto Las Palmas. El documento Economías regionales en Argentina: sistemas integrados de producción acuícola-vegetal y cultivos arroceros, publicado en julio de 2022, estudió esa experiencia. El trabajo describe una rotación que alterna ambas producciones y examina sus requerimientos de infraestructura y provisión de insumos.

El estudio también registra ensayos del INTA Corrientes durante las campañas 2013–2016. Después de un cultivo convencional de arroz se sembraron pacú y sábalo durante 13 meses, antes de volver al arroz pregerminado. La experiencia comprendió seis hectáreas. Sus resultados económicos fueron considerados orientativos y el documento planteó la necesidad de pruebas de mayor escala.

Entre las restricciones identificadas entonces aparecen la inversión inicial, el abastecimiento de alimento balanceado y los servicios de transporte de peces y alevines. La construcción de estanques también integra esa cadena de proveedores. Estos antecedentes describen condiciones del desarrollo acuícola; sus costos y rendimientos históricos requieren actualización para evaluar una inversión actual.

Del despinado a una conserva

El procesamiento agrega otras presentaciones a la venta de pescado entero. Una ficha del INTI, incluida en su boletín de febrero de 2024, documentó el trabajo con Puerto Las Palmas SA. La empresa ofrecía pacú congelado entero, filetes y lonjas de lomo sin espinas. El mismo material presentó un desarrollo industrial para aprovechar el subproducto generado durante el despinado del lomo.

Marisa Villian, del área de Tecnología de Procesos y Servicios Pampeana del INTI, explicó que la abundancia de espinas limitaba el consumo directo de esa pieza. El equipo aplicó un tratamiento térmico en autoclave para volverlas imperceptibles y conservar el sabor y la textura del pescado. El desarrollo fue transferido en tres variantes: aceite, caldo de pacú y salmuera.

Las conservas se presentaron en latas de 120 gramos. Según el instituto, el producto obtenido puede almacenarse sin refrigeración, con una vida útil mayor y facilidades para el transporte. Se trata de una alternativa tecnológica documentada en 2024. La fuente del envío actual no informa que esas conservas integren la partida certificada en octubre.

Qué controlan las autoridades del destino

El esquema estadounidense de inocuidad para pescados y productos pesqueros incorpora controles sobre el proceso y sobre la importación. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, FDA, combina distintas herramientas de vigilancia. Su programa incluye inspecciones de establecimientos extranjeros, muestreos de productos e inspecciones a importadores. También utiliza información de autoridades sanitarias y evaluaciones de programas nacionales.

La base del sistema HACCP es identificar y controlar peligros biológicos, químicos y físicos. La FDA describe un alcance que comienza en la producción y manipulación de la materia prima y continúa en la elaboración, distribución y consumo del producto terminado. Ese enfoque relaciona el control del pescado con las condiciones de cada etapa de la cadena.

Para los alimentos de acuicultura, la agencia evalúa además los controles sobre medicamentos veterinarios y sus residuos. Esas evaluaciones orientan la vigilancia y las inspecciones. La descripción corresponde al programa general estadounidense; la comunicación del SENASA sobre el pacú chaqueño no detalla un resultado analítico individual ni una inspección de la FDA a esta partida.

El papel del elaborador y del importador

La guía de preguntas y respuestas de la FDA diferencia las obligaciones de quien procesa el pescado y de quien lo importa. El elaborador debe disponer de un plan HACCP escrito e implementarlo cuando su análisis identifica peligros de inocuidad razonablemente probables. La exigencia alcanza a los establecimientos estadounidenses y a los extranjeros que abastecen ese mercado.

El importador, por su parte, debe implementar procedimientos de verificación del cumplimiento del proveedor extranjero. Si también realiza procesamiento, asume las obligaciones correspondientes a esa actividad. La guía distingue esta responsabilidad sanitaria de la función aduanera del importador registrado y de la tarea de los intermediarios logísticos.

La documentación de verificación puede incluir especificaciones de inocuidad del producto y medidas previstas por el régimen para comprobar al proveedor. Según la guía, una certificación ISO 9000 no sustituye el análisis de peligros ni el plan HACCP. Esta separación de responsabilidades explica por qué la preparación de una operación involucra tanto la planta elaboradora como al operador que recibe el alimento en Estados Unidos.

La revisión al ingresar al mercado

La FDA también define responsabilidades generales para los importadores de alimentos. Deben asegurar productos inocuos, elaborados en condiciones sanitarias y rotulados según las exigencias estadounidenses. Los alimentos importados están sujetos a los mismos requisitos legales que los de producción local y pueden ser inspeccionados cuando se ofrecen para ingresar por los puertos del país.

La agencia distingue el registro de instalaciones y el aviso previo del embarque de una aprobación individual del alimento. Explica que no aprueba ni certifica de manera anticipada cada producto, etiqueta o partida. Si detecta incumplimientos en una mercadería presentada para importar, puede disponer su detención.

Ese marco delimita el alcance de la certificación argentina y de la revisión en destino. La noticia del SENASA acredita su intervención sanitaria en el establecimiento chaqueño y documenta la salida de la carga por un puerto de Chile. El dato comercial confirmado para esta operación es un envío de 8.644,16 kilos de carne de pacú con destino a Estados Unidos.