Alimentos y bebidas cayó 0,5% en julio. La expansión de la molienda de oleaginosas compensó parte de las bajas en otras cadenas.
La producción alimentaria cerró julio casi sin variación en el promedio, pero con diferencias profundas dentro de las fábricas. La elaboración de galletitas, panificados y pastas cayó 6,2% interanual y fue el principal freno de la actividad sectorial. Las carnes también retrocedieron, mientras la molienda de oleaginosas creció 10,7% y evitó una caída mayor del conjunto.
El INDEC registró una baja de 0,5% en alimentos y bebidas, frente a un descenso de 4,9% de toda la industria manufacturera. Dentro de las trece ramas alimentarias relevadas, ocho redujeron producción y cinco la aumentaron. El resultado no describe una recuperación extendida: combina expansiones importantes con actividades que siguen perdiendo volumen.
La diferencia se aprecia en el aporte de cada rama. Panificados, galletitas y pastas restó 1,1 puntos porcentuales a la variación sectorial; la molienda de oleaginosas sumó 1,4 puntos. Es decir, una parte considerable del sostén del promedio provino del procesamiento de granos, mientras retrocedía una actividad estrechamente vinculada con el consumo cotidiano.
Menos harina y un retroceso más fuerte en el vino
El análisis sectorial del INDEC identificó menor consumo interno de harina de trigo para elaborar productos de panadería, pastas y galletitas. La producción de harina cayó 5,9% interanual, según los datos de Agricultura citados por el organismo. Esa conexión permite seguir el efecto a lo largo de la cadena, desde la molienda hasta los alimentos terminados.
La carne aviar bajó 8,7% y la vacuna, 7,7%. La mayor caída entre las ramas alimentarias fue la del vino, con un 13,6%. En este último caso, los despachos al mercado interno disminuyeron 1,4% y los envíos al exterior, medidos en hectolitros, retrocedieron 28,7%, según los registros del Instituto Nacional de Vitivinicultura incluidos en el informe.

El procesamiento de granos sostuvo el promedio
La expansión de las oleaginosas tuvo un respaldo concreto en el abastecimiento: el ingreso de soja a molienda aumentó 9,3% interanual. El INDEC también registró mayores volúmenes de aceites y subproductos de soja y girasol. Los lácteos crecieron 2,4%, en línea con el mejor desempeño que muestra esa cadena en el seguimiento de la industria láctea.
Para proveedores y trabajadores, la distancia entre ramas resulta decisiva. La demanda de envases, transporte y mantenimiento está ligada a lo que ocurre en cada cadena: el crecimiento de una aceitera no repone automáticamente los turnos o los pedidos que pierde una planta de otra actividad. El promedio nacional puede estabilizarse sin que la mejora llegue a todos los establecimientos.
Los datos posteriores de consumo mantienen una señal de cautela. En agosto, las ventas reales de alimentos y bebidas en comercios pyme cayeron 2,5%, según CAME. Aunque corresponden a otro mes y a un universo diferente, refuerzan la necesidad de mirar por separado la demanda interna y las cadenas con salida exportadora. Julio dejó una industria alimentaria sostenida por algunas ramas, con dificultades persistentes en varias de las que abastecen la mesa cotidiana.