El mapa lácteo cambió de dueño y la cadena productiva paga la cuenta

El nuevo Ranking de Industrias Lácteas del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) ordena a las 40 empresas que más leche reciben en el país. Detrás de las posiciones aparece un dato de fondo: en tres décadas la lechería argentina cambió de manos. Hoy más del 60% de la leche que procesan las principales firmas está bajo control de multinacionales, mientras el sistema cooperativo quedó reducido a una fracción marginal. La foto sirve para medir un proceso que ya expulsó miles de puestos de trabajo.

El período relevado abarca de julio de 2025 a junio de 2026. Las 40 compañías incluidas recibieron 21,98 millones de litros diarios, el 67,5% de toda la leche producida en el país. La producción nacional promedió 32,55 millones de litros por día, casi un 7% más que en el ciclo anterior.

La escala manda y las chicas transfieren leche

La producción nacional creció 6,9% en el período, pero las empresas del ranking aumentaron su recepción 9,8%. La brecha revela un movimiento silencioso: la materia prima se traslada desde las industrias pequeñas hacia las compañías de mayor tamaño.

Ese traslado no fue parejo. Algunas firmas incrementaron su recepción más del 30% y otras la redujeron más del 20% en un mismo año. La concentración avanza por absorción de volumen, no solo por compra de plantas.

Las primeras diez industrias reunieron el 47,5% del total. El OCLA advierte, de todos modos, que la concentración argentina sigue siendo baja para los estándares mundiales: el Top 5 local llega apenas al 36%, cuando en los principales países lecheros las cinco mayores superan el 80% del procesamiento.

Los cambios de manos en la cima

Saputo encabezó otra vez el ranking, con 3,86 millones de litros diarios y el 11,9% de la producción nacional. La canadiense aumentó su recepción 9,2% y amplió la diferencia con el segundo. En paralelo, resolvió desprenderse de casi todo su negocio local: en febrero acordó vender el 80% de su operación argentina al grupo peruano Gloria Foods por US$630 millones y conservó apenas el 20%.

El acuerdo incluyó dos plantas y las marcas La Paulina, Ricrem y Molfino. Gloria ya operaba en el país a través de Corlasa, que quedó séptima con 754.850 litros diarios. Sumadas ambas operaciones, el grupo peruano maneja 4,6 millones de litros por día, poco más del 14% de la producción nacional. Desde el próximo ciclo, Saputo probablemente deje el ranking y su lugar lo ocupe Gloria.

Mastellone Hermanos-La Serenísima conservó el segundo puesto, con 3,5 millones de litros diarios y el 10,8% del total. En marzo, Arcor y Danone compraron a través de Bagley Latinoamérica el 51% que todavía pertenecía a la familia Mastellone y al fondo Dallpoint, y pasaron a controlar el 100% de la compañía. Los dos emblemas de la lechería nacional quedaron así en manos extranjeras o de capitales que responden a otra lógica de negocio.

El tercer lugar también se armó comprando

Savencia Argentina ocupó el tercer escalón, con 1,79 millones de litros diarios y una suba del 17,2%. El grupo francés controlaba Milkaut y en 2023 adquirió Sucesores de Alfredo Williner, dueña de Ilolay. En el ranking 2019/20, Williner aparecía tercera y Milkaut octava como firmas separadas. Hoy ambas operan reunidas bajo el paraguas francés.

Detrás se ubicaron Punta del Agua (1,35 millones), Adecoagro (1,13 millones, con una suba del 20,9%), Noal, García Hermanos-Tregar y Corlasa. Más abajo aparecen Sobrero y Cagnolo, Manfrey, Nestlé, Cremigal, Danone, La Sibila y La Ramada, que completa los primeros quince lugares.

El derrumbe cooperativo tiene nombres propios

El retroceso del cooperativismo es la contracara del avance multinacional. El sistema cooperativo recibe hoy alrededor del 3% de la leche del país. En 1994 industrializaba un tercio de la producción nacional, una participación equivalente al promedio mundial actual.

SanCor concentra ese derrumbe. Fue sinónimo de la lechería argentina durante décadas y en 2019/20 todavía figuraba en el puesto 12. La Justicia la declaró en quiebra en abril y ordenó la venta de seis plantas, sus marcas y otros activos con una base de US$52,1 millones. En su caída dejó más de 2.200 trabajadores en riesgo y arrastró a ARSA, su distribuidora.

Cada empresa que sale del ranking es una plantilla que desaparece

El OCLA ofrece la fotografía macro y el territorio ofrece la cuenta social. De un ranking de 20 industrias que la Junta Intercooperativa elaboró en 2019, seis empresas fueron vendidas, seis cerraron y una abandonó la actividad. Cada salida se tradujo en despidos, plantas paralizadas y economías regionales golpeadas.

Más del 60% de la leche que procesan las principales firmas está bajo control de multinacionales.

 

Verónica es el caso más reciente. En 2019/20 estaba sexta; este año ya no figura entre las 40 primeras. Paralizó sus tres plantas de Santa Fe en el último trimestre de 2025 y dejó a unos 700 trabajadores sin actividad ni salarios regulares. Recién en agosto, tras siete meses de parálisis, Copalac acordó reactivar la planta de Suardi mediante un contrato de fasón. Atilra calificó esa salida como «parcial y transitoria» y todavía no se informó cuánta leche procesará ni cuántos empleados volverán.

La lista de bajas se completa con Lácteos Conosur, que quebró en junio y dejó 140 desempleados en Suipacha; Cotar, cuya actividad quedó en manos de una cooperativa de trabajadores; La Lácteo, en concurso de acreedores, y Dreyfus, que probó el negocio y lo abandonó.

El mercado interno no absorbe y el ajuste llega a la heladera

La cadena arrastra un problema estructural que explica buena parte de la reconfiguración: el consumo interno no repunta. Las ventas al mercado doméstico cayeron 1,5% en volumen durante el primer cuatrimestre de 2026 y el retroceso llegó al 2,1% medido en litros de leche equivalente. El consumo de lácteos se mantiene entre los niveles más bajos de la serie histórica.

La caída golpeó con dureza a los productos básicos. La leche entera se desplomó cerca del 24% interanual y la leche fluida retrocedió 2,1%. Solo los quesos, que absorben la mitad de la leche producida, mostraron mejoras. El OCLA vinculó el deterioro con la pérdida de poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, y detectó el avance de sustitutos más baratos como rayados, bebidas con lácteos y margarinas.

La exportación como única salida y una advertencia para el empleo

Con el mercado interno deprimido y la producción en alza, la industria sostiene que cada litro adicional deberá exportarse. Las fuentes del sector reclaman consolidar empresas de mayor escala para ganar eficiencia y competir afuera. El acuerdo Mercosur-Unión Europea aparece como la prueba de fuego de esa estrategia.

El planteo tiene un costado que la cadena productiva conoce bien. La búsqueda de escala y eficiencia que celebran las cámaras es la misma que reduce plantillas, cierra plantas y traslada volumen hacia menos manos. La producción primaria marca récords y el mapa industrial se concentra, mientras los trabajadores de las firmas que quedan afuera del ranking pagan la factura del reordenamiento. El nuevo mapa lácteo dibuja una industria más grande y más extranjera, y la pregunta de fondo es cuántos puestos de trabajo sobrevivirán a la consolidación.