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  • Crisis: Granja Tres Arroyos cerró su planta La China

    Crisis: Granja Tres Arroyos cerró su planta La China

    Granja Tres Arroyos cerró su planta La China y culpó al gremio de su propia quiebra

    Granja Tres Arroyos cerró la planta La China en Concepción del Uruguay y dejó sin trabajo a casi mil familias. La empresa culpa al gremio. Los números del Banco Central cuentan otra historia.

    El miércoles 27 de mayo de 2026, los trabajadores del primer turno de la planta La China llegaron a las 3:30 de la madrugada y encontraron los portones encadenados, custodia privada y un cartel que decía «cerrado hasta nuevo aviso». Nadie de la empresa los había llamado. Nadie de la empresa les había enviado una comunicación formal. La mayor avícola del país ejecutó el cierre en silencio y de madrugada, y esperó que los operarios se enteraran solos, parados frente a los accesos vallados de una planta donde algunos llevan más de treinta años de trabajo.

    Granja Tres Arroyos (GTA) comunicó después, por escrito, que la decisión respondía a «constantes conflictos gremiales que paralizaron sus operaciones generando un quiebre en la cadena de producción avícola de la región». La empresa describió paros, trabajo a desgano, ausentismo elevado y presuntos bloqueos violentos de delegados sindicales contra quienes querían trabajar. Es una narrativa que omite los datos más relevantes para entender la crisis.

     

    Lo que los números del Banco Central registran

    Antes de entrar al terreno de los motivos, conviene detenerse en los datos duros que la empresa no incluyó en su comunicado. Según registros del Banco Central de la República Argentina, Granja Tres Arroyos acumula $36.942 millones en cheques rechazados y una deuda bancaria de $51.763 millones, distribuidos en 1.813 documentos impagos. El ente recaudador intensificó los embargos sobre las cuentas bancarias de la compañía, a causa de millonarias deudas impositivas y previsionales, bloqueando la poca liquidez disponible.

    Granja Tres Arroyos atraviesa un panorama crítico por la importación descontrolada de pollos de Brasil.

     

    La empresa ya perdió más del 85% de sus productores integrados. Su faena cayó de 700.000 a apenas 200.000 pollos diarios. Las quincenas comenzaron a pagarse en dos cuotas, luego en cinco y finalmente en diez, con incumplimientos permanentes en los cronogramas acordados. La empresa debe el 70% de la segunda quincena de abril y la totalidad de la primera quincena de mayo a cerca de 900 empleados.

    «Nos pagan las quincenas en cuotas y cada vez peor. Empezaron en dos pagos, después tres, cinco y ahora ni siquiera cumplen.» — Trabajador de Granja Tres Arroyos con más de tres décadas de antigüedad en la empresa

    Quienes conocen la situación desde adentro señalan que el colapso de la compañía responde a un problema estructural de acumulación de pasivos que desborda cualquier explicación basada en el conflicto gremial. Un trabajador con 22 años de antigüedad fue más directo en sus declaraciones al canal C5N: «la compañía tiene el dinero para pagar, pero no quiere hacerlo».

     

    Un cierre que siguió a otro cierre

    El capítulo de La China tiene un antecedente directo que la empresa preferiría no recordar. En noviembre de 2025, la empresa cerró de manera definitiva la planta Becar, también ubicada en Concepción del Uruguay, y trasladó unos 270 trabajadores a La China, ubicada a pocos metros, bajo el argumento de concentrar producción y bajar costos. Ese mismo año, la empresa había cerrado la planta de Tristán Suárez y desvinculado a 200 de sus 270 empleados.

    La decisión de cerrar Becar, presentada en su momento como una reestructuración para preservar empleos, terminó desplazando todavía más presión sobre la planta que ahora quedó cerrada. La misma empresa que prometió preservar el empleo al cerrar Becar cerró La China seis meses después, con los mismos trabajadores adentro y con los salarios adeudados encima.

     

    La Secretaría de Trabajo de Entre Ríos citó a los directivos de Granja Tres Arroyos y a las federaciones del sector a una audiencia de carácter «urgente e indeclinable» en la ciudad de Paraná para restablecer los canales de diálogo, pero los empresarios se negaron a concurrir a la reunión del lunes. Aproximadamente 950 personas, la mayoría residentes de la ciudad y localidades cercanas, quedaron sin empleo y sin información clara sobre su futuro. El intendente José Lauritto calificó la situación como «dramática» y advirtió sobre las consecuencias económicas que podría tener el cierre para toda la ciudad.

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    La crisis se extiende a toda la estructura del grupo

    La planta La China concentra la atención mediática, pero la crisis de GTA abarca toda su estructura operativa. En la planta de La Lonja se aplicó un esquema de tres días de trabajo semanales y el pago del 50% del salario en las jornadas sin actividad. La planta avícola Wade S.A., ex Cresta Roja y actualmente propiedad del grupo, frenó su actividad en el mismo contexto de atrasos salariales y deuda financiera.

    cresta roja
    Joaquín De Grazia, férreo defensor del gobierno de Javier Milei, complicado por la importación de pollos de Brasil.

     

    Los datos de Wade confirman la dimensión sistémica del problema. La subsidiaria bajó su producción de 110.000 a 80.000 pollos diarios, una caída del 30% que la empresa respondió paralizando la planta completa los miércoles, jornada en la que los empleados cobran el 65% de su salario. Según el Banco Central, Wade acumula una deuda superior a los $6.000 millones, producto de 615 cheques rechazados por falta de fondos.

    Carlos Stasiuk, referente de los despedidos de ex Cresta Roja, había advertido hace tiempo: «Se está haciendo una pelota gigante que en cualquier momento va a tener serias consecuencias.»

     

    El historial de Cresta Roja como advertencia ignorada

    La planta Wade es la misma que durante más de una década fue el emblema de la inestabilidad estructural del sector avícola argentino. Cresta Roja, propiedad de los hermanos Milenko e Ivo Rasic, empezó a acumular problemas económicos a fines de 2013, cuando la deuda de la firma alcanzó los 1.200 millones de pesos. En 2014, Rasic Hermanos se presentó a convocatoria de acreedores, emitió cheques sin fondos por 43 millones de pesos y dispuso cerca de 1.300 despidos, lo que derivó en un duro conflicto gremial con el sindicato de la Alimentación.

    Para diciembre de 2015, la Justicia decretó la quiebra y, en abril del año siguiente, la firma fue adjudicada a Proteinsa por un total de USD 121 millones. Recién en 2018, tras dos años en los que Proteinsa nunca logró hacerse cargo plenamente de la operación, Granja Tres Arroyos asumió el control operativo de la planta, con el aval del gobierno nacional. En ese momento, el entonces presidente Mauricio Macri definió a Cresta Roja como «un ejemplo de fábrica».

    El contraste con el presente resulta ilustrativo. Cresta Roja llegó a tener 3.500 trabajadores cuando comenzó su crisis en 2015. Hoy, en toda la cadena productiva de Wade que incluye producción de huevos, incubación, granjas de cría, molinos y frigoríficos, los empleados no llegan a 800. Además, GTA cerró y desmanteló la Planta 1 de Ezeiza para concentrar toda la producción en Esteban Echeverría.

    La secuencia se repite con una regularidad que debería resultar inquietante: atraso de pagos, conflicto gremial, culpabilización de los trabajadores, cierre parcial, promesas de continuidad que no se cumplen. Uno de los temores que circula entre los operarios es que la empresa busque quedarse con el monopolio del mercado avícola y aplique planes de «reestructuración y vaciamiento» sobre cada planta que absorbe.

     

    El empresario que aplaudió el modelo que lo hundió

    Joaquín de Grazia, dueño de Granja Tres Arroyos, salió públicamente a defender la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei. La apertura de importaciones que integra ese mismo modelo instaló en las góndolas argentinas pollo brasileño a precios que la producción local resulta incapaz de igualar. En 2025, las importaciones de pollo de Brasil se acercaron a las 20.000 toneladas, con un crecimiento superior al 300% respecto al año anterior.

    A eso se sumó el cierre del mercado europeo para la carne avícola argentina, por restricciones sanitarias vinculadas a un rebrote de gripe aviar, y el desplome del mercado chino: la participación de ese destino en el volumen exportado por GTA cayó del 33% al 25%, obligando a redirigir al mercado local mercadería producida para exportación. En el sector reconocen que la combinación de costos internos dolarizados, tarifas energéticas elevadas y un tipo de cambio que no acompaña la competitividad terminó de hacer inviable la ecuación.

    «La crisis industrial empezó a revelar su costado más estructural y ya no distingue entre críticos y entusiastas del proyecto libertario.» — La Política Online, febrero de 2026

    El mismo empresario que respaldó la apertura de importaciones hoy ve cómo el pollo brasileño desplaza su producción en las góndolas. El mismo que defendió la reforma laboral acusa a los trabajadores de destruir la empresa con sus reclamos salariales.

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    El modelo como causa, los trabajadores como consecuencia

    El cierre de La China en Concepción del Uruguay es el capítulo más reciente de una crisis estructural con causas identificables que atraviesa a toda la industria avícola argentina. La combinación de apertura de importaciones, pérdida de mercados de exportación, deuda acumulada y decisiones de gestión de la familia de Grazia produjo un colapso que la empresa atribuye al gremio y que los números del Banco Central atribuyen a otra cosa.

    Desde 2022, el 34% de la compañía es propiedad del gigante estadounidense Tyson Foods, y en medio del conflicto circularon versiones sobre una posible compra total del paquete accionario por parte de la firma americana. La incorporación de un actor de esa magnitud al esquema accionario no resolvió los problemas operativos, y abre interrogantes sobre el destino de la empresa y sus trabajadores en un escenario de mayor concentración del mercado.

    La estructura de costos del pollo, uno de los principales sustitutos de la carne vacuna en la canasta familiar, depende de que esas plantas continúen operando. Para las casi mil familias de Concepción del Uruguay, ese debate económico ya tomó forma concreta: portones encadenados, custodia privada y ningún representante de la empresa dispuesto a dar la cara.

  • Granja Tres Arroyos: trabajar menos para no perder el empleo

    Granja Tres Arroyos: trabajar menos para no perder el empleo

    Granja Tres Arroyos: trabajar menos y cobrar menos para no perder el empleo

    La mayor avícola del país, Granja Tres Arroyos, formalizó un esquema de cuatro días semanales con el 65% del salario del día no trabajado. La crisis de la empresa expone el costo del modelo productivo de Milei.

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  • Granja Tres Arroyos: deuda, fuga de granjas y producción en caída

    Granja Tres Arroyos: deuda, fuga de granjas y producción en caída

    Granja Tres Arroyos: deuda, fuga de granjas y producción en caída

     

    Granja Tres Arroyos, la mayor empresa avícola del país, perdió el 60% de sus productores integrados, cayó de 700.000 a 200.000 pollos diarios y acumula $26.400 millones en cheques sin fondos.

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  • Masiva marcha en Concepción del Uruguay contra el cierre de Granja Tres Arroyos

    Masiva marcha en Concepción del Uruguay contra el cierre de Granja Tres Arroyos

    Masiva marcha en Concepción del Uruguay contra el cierre de Granja Tres Arroyos

    La empresa Granja Tres Arroyos podría cerrar sus puertas, y casi mil trabajadoras y trabajadores de Alimentación, pertenecientes a la rama avícola, quedarían sin empleo de forma inminente.

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  • Granja Tres Arroyos: ¿Crisis genuina o estrategia empresarial oportunista?

    Granja Tres Arroyos: ¿Crisis genuina o estrategia empresarial oportunista?

    Granja Tres Arroyos: ¿Crisis genuina o estrategia empresarial oportunista?

    La Avícola Granja Tres Arroyos se declaró en crisis pero hace 15 días veían un «futuro próspero». Otro hito de la gestión Milei que provoca cada días más pérdidas de empleos.

     

    La reciente solicitud de Granja Tres Arroyos para acogerse al Proceso Preventivo de Crisis (PPC) ante la Secretaría de Trabajo, en un contexto de recesión y caída del consumo vinculada a las políticas del gobierno de Javier Milei, pone de manifiesto un profundo desencuentro entre la postura pública de la empresa y las realidades del mercado avícola. El hecho, que implica la posibilidad de despedir a 700 trabajadores o, en su defecto, aplicar un descuento del 21% en el salario de los empleados, ha generado tanto desconcierto como malestar, especialmente considerando las palabras de apoyo a la gestión de Milei que su dueño, Joaquín de Grazia, pronunció hace tan solo unas semanas.

    Granja Tres Arroyos, el mayor productor de pollos del país, ha presentado su solicitud como respuesta a una serie de factores económicos que, según la empresa, han puesto en peligro su sostenibilidad. Entre estos factores se mencionan la caída del consumo interno, la presión impositiva, el encarecimiento de los costos por un tipo de cambio desfavorable y la pérdida de mercados claves, como China. No obstante, las cifras del sector avícola, que a pesar de la crisis económica han experimentado un crecimiento en exportaciones de más del 20% en volumen y 26% en valor en lo que va del año, invitan a la reflexión sobre si la crisis declarada por Granja Tres Arroyos es realmente un fenómeno estructural o si responde a una estrategia corporativa para reducir costos y flexibilizar condiciones laborales.

     

    El apoyo a Milei: contradicciones evidentes

     

    En una entrevista reciente, Joaquín de Grazia, dueño de la empresa, no escatimó elogios hacia el gobierno de Javier Milei. El empresario expresó una visión optimista sobre el futuro económico del país, afirmando que «veo un horizonte extraordinario» y subrayó la importancia de «tener paciencia» mientras se ajustan las variables económicas. Sin embargo, menos de un mes después, la misma empresa que abogaba por un futuro brillante bajo la gestión de Milei ahora alega que la situación económica es tan insostenible que necesita despedir empleados o recortar sus sueldos.

    Granja Tres Arroyos
    Granja Tres Arroyos en crisis. 700 empleos en peligro.

     

    La contradicción es evidente: ¿Cómo es posible que la misma empresa que confía en el gobierno actual para superar los problemas económicos sea también la que pide amparo bajo un mecanismo legal diseñado para situaciones de «fuerza mayor»? La respuesta parece radicar en una cuestión de conveniencia para la empresa. Mientras las exportaciones del sector avícola siguen creciendo, y el consumo interno comienza a estabilizarse, Granja Tres Arroyos opta por presionar a sus empleados y a los sindicatos con el fantasma de la crisis para obtener una reducción de costos, en lugar de asumir las posibles responsabilidades propias de una gestión empresarial que no ha logrado adaptarse a las fluctuaciones del mercado.

     

    Un sector que sigue creciendo

     

    No cabe duda de que la crisis económica es real, pero ¿realmente afecta de manera tan drástica a la avicultura? El sector avícola argentino ha mostrado signos de fortaleza a pesar de la recesión. Según datos oficiales, las exportaciones de carne aviar crecieron un 20% en volumen y 26% en valor durante los primeros diez meses del año. ¿Cómo conciliar estos números con el anuncio de crisis de Granja Tres Arroyos?

    Es importante resaltar que, a diferencia de otros sectores que enfrentan una contracción en sus mercados, el rubro avícola ha sido uno de los pocos que ha logrado expandirse, especialmente en el ámbito exportador. Este crecimiento podría indicar que, más allá de las dificultades económicas generales, las empresas del sector han sabido adaptarse a nuevas demandas internacionales, al tiempo que preservan sus márgenes de rentabilidad. Sin embargo, en lugar de reconocer estos avances, Granja Tres Arroyos prefiere presentar una narrativa de «crisis» para justificar recortes laborales.

     

    ¿Crisis estructural o crisis de adaptación?

     

    La realidad es que Granja Tres Arroyos atraviesa una crisis interna de adaptación. La pérdida del mercado chino, los aumentos en los costos internos y la competencia de otros países productores de carne aviar son factores que, sin duda, afectan la rentabilidad. Pero también es cierto que la empresa ha enfrentado problemas de gestión en sus propias plantas, como el cierre de la planta de Ezeiza, que resultó en la desafectación de cientos de empleados, y ahora se presenta como una nueva excusa para justificar el ajuste.

    CEO GTA
    El CEO de Granja Tres Arroyos, Joaquín de Grazia, pretende hacer pagar otro ajuste a las trabajadoras y trabajadores.

     

    Más allá de las justificaciones presentadas por la compañía, la pregunta que queda en el aire es por qué Granja Tres Arroyos, una de las empresas más grandes del país, no ha sido capaz de adaptarse a las nuevas realidades del mercado sin recurrir al despido masivo o a los ajustes salariales. ¿Es la empresa víctima de una crisis económica global o simplemente ha llegado el momento de repensar su modelo de negocios y sus estrategias de gestión?

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    La hipocresía del “futuro extraordinario”

     

    Si bien la crisis económica que atraviesa el país, en gran medida exacerbada por las políticas de Milei, ha afectado a muchos sectores, el caso de Granja Tres Arroyos pone de manifiesto una hipocresía evidente en su discurso empresarial. El optimismo vertido por De Grazia en su entrevista con La Fábrica Podcast parece desmentir la realidad que su empresa ahora pretende transmitir. Si el futuro realmente es tan «extraordinario», como aseguraba el empresario, ¿por qué recurrir al recorte de personal y a la presión salarial como respuesta ante los desafíos económicos?

    La postura de Granja Tres Arroyos, que se presenta como víctima de un contexto adverso, es un claro ejemplo de cómo algunas grandes empresas intentan trasladar el costo de su propia ineficiencia a los trabajadores, mientras se benefician de las políticas gubernamentales que favorecen a los grandes conglomerados. La crisis declarada, más que una necesidad, parece una oportunidad para ajustar a los más vulnerables, mientras que los dueños de la empresa siguen manteniendo una postura que, aunque optimista, resulta profundamente desconectada de la realidad laboral.

    En definitiva, la crisis de Granja Tres Arroyos no es más que una muestra de cómo, en tiempos de incertidumbre, algunas empresas prefieren proteger sus márgenes a costa de los derechos de sus trabajadores. La pregunta es: ¿hasta qué punto se puede seguir hablando de “futuro extraordinario” cuando las decisiones que se toman hoy comprometen el bienestar de miles de personas que dependen directamente de esa misma empresa?

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    Los empleados del sector alimenticio se mostraron expectantes por la apertura de nuevos puestos luego que la alimenticia Granja Tres Arroyos anunciara la reactivación de su planta de incubación.

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    Los trabajadores de Cresta Roja le reclaman a Granja Tres Arroyos la reincorporación acordada entre la patronal y el gobierno de Mauricio Macri.

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    El Sindicato de Trabajadores de Industrias Alimenticias (STIA) marcó su alerta por denuncias de empleados del frigorífico Beccar, de Granja Tres Arroyos.

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    El CEO de Granja Tres Arroyos (GTA), Joaquín De Grazia, autodefinió a la empresa como «esencial» por su rol durante la pandemia, pero eludió reconocer de la misma manera a los trabajadores para abonar el «bono sanitario».

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