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  • Desarman el INTI y los amigos de Caputo quieren el negocio

    Desarman el INTI y los amigos de Caputo quieren el negocio

    Desarman el INTI y los amigos de Caputo quieren el negocio

    El gobierno libertario desguaza el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y busca entregar el negocio del control de los surtidores a una empresa ligada al ministro Caputo.

     

    La Resolución 42/2026 del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) eliminó casi un millar de servicios técnicos que el organismo brindaba al sector productivo. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, festejó la medida en sus redes sociales con el argumento de que los servicios «no tenían demanda» y subsidiaban a las empresas. Detrás del discurso desregulatorio se esconde un negocio millonario: el Grupo Lenor, empresa ligada al entorno del ministro de Economía Luis Caputo, ya opera como el principal beneficiario del desmantelamiento del área de Metrología Legal del INTI, la que hasta 2025 controlaba la exactitud de los surtidores de combustible en todo el país.

    Sturzenegger, el cínico

    Sturzenegger eligió la ironía para justificar el mayor recorte en la historia del INTI. En su cuenta de X celebró la Resolución 42/2026 como un acto de liberación industrial y describió los servicios dados de baja como simples «insumos industriales» que el Estado no tenía razón de ofrecer. Llegó a sostener que los servicios «no revestían el carácter de servicios públicos, ni tenían ninguna especificidad particular», como ejemplo mencionó «testear la durabilidad de una alfombra», y agregó que el INTI los ofrecía «a un precio muy bajo», lo cual implicaba que era el contribuyente quien los financiaba.  «Por eso algunos lo llaman irónicamente el Instituto Nacional de Trabas Industriales», remató.

    Sturzenegger argumenta que desarticular el INTI permitirá bajar costos para los consumidores al eliminar «costitos» estatales innecesarios.

     

    La respuesta de los trabajadores fue inmediata y demoledora. Desde la Multisectorial de Trabajadores del INTI desmintieron varias afirmaciones de Sturzenegger: señalaron que el ministro confundió las 12 camionetas de verificación de surtidores con el 12% del plantel, cuando en realidad se trataba de apenas 24 de los 2.300 trabajadores del organismo. Un error de proporciones difícil de explicar en quien diseña política de Estado.

    La diputada y economista Julia Strada fue más directa. Le enrostró al ministro que hay «un problema de base que es desconocer el rol que cumplen estas herramientas en cualquier estrategia de desarrollo productivo» y que no se trata de servicios de mercado en sentido estricto, sino de infraestructura tecnológica que permite que el entramado productivo —y en particular las pymes— acceda a capacidades técnicas a costos razonables.

    Cuando el mercado no existe: el caso del litio

    Uno de los argumentos más repetidos por el oficialismo es que el sector privado puede reemplazar lo que hacía el Estado. La realidad técnica desmiente esa afirmación en casos concretos y de alta sensibilidad. Entre los servicios eliminados figura un ensayo dentro de una batería de pruebas para el control de bolsones utilizados en el transporte de sustancias peligrosas como el litio. Ese ensayo fue dado de baja siendo el INTI el único laboratorio del país con capacidad técnica para realizarlo, y era requerido por Prefectura y Gendarmería para habilitar el traslado de litio como sustancia peligrosa.

    El INTI sufre despidos masivos que desarticularían el organismo de control.

     

    Entre las prestaciones eliminadas también figuran ensayos microbiológicos fundamentales para la seguridad alimentaria, como la detección de Salmonella y E. coli. No existen, en el corto plazo, laboratorios privados en Argentina capaces de absorber esa demanda. Los propios subgerentes del INTI advirtieron que no hay oferta suficiente en el ámbito privado para reemplazar los controles, que algunos afectan exportaciones y estándares internacionales, y que otros tienen que ver con el desarrollo de nuevas tecnologías.

    La Unión Industrial Argentina, lejos de celebrar el «alivio de trabas» prometido por Sturzenegger, salió a defender al organismo. La UIA afirmó que el INTI «juega un papel estratégico para asumir nuevos desafíos productivos y de inserción internacional». La respuesta del ministro fue una ironía: «Le ofrecimos que se lo queden, si tanto les gusta, pero no aceptaron».

    El negocio detrás de la desregulación: Lenor y Caputo

    El desguace del INTI no responde únicamente a una doctrina de achicamiento del Estado. Hay un beneficiario concreto, identificado e identificable, que opera detrás de cada resolución. La empresa que realizará en primer lugar la verificación de surtidores de combustible es Lenor, del empresario Julio Made, cercano al ministro de Economía Luis Caputo.

    El mecanismo fue construido en etapas. Hasta diciembre de 2025, el INTI realizaba el control de los surtidores con un arancel de 25.000 pesos por unidad, un servicio de bajo costo que le generaba al organismo ingresos anuales de entre 3.600 y 4.000 millones de pesos. Los privados como Lenor cobraban 75.000 pesos por la misma prestación. Cuando las estaciones de servicio siguieron eligiendo al INTI por precio y calidad, el gobierno subió el arancel público a 100.000 pesos para desalentar esa demanda. Pero ni así alcanzó. Fue entonces que el gobierno decidió el cierre definitivo del área de metrología del INTI, a fines del año pasado, por orden de Caputo y la presión de los allegados de Lenor en el Ministerio de Economía.

    La Resolución 213/2025 del INTI estableció el cese progresivo de actividades en materia de control metrológico, con un cronograma que comenzó en enero de 2026 en el Área Metropolitana y culminará el 30 de junio de 2026 en el resto del país. A partir de esa fecha, los 45.000 surtidores del país quedarán exclusivamente en manos privadas. El área de Metrología Legal representaba aproximadamente el 50% de la facturación por aranceles del INTI. Fuentes cercanas al sector estiman que el negocio habilitado por el gobierno podría alcanzar los 12.000 millones de pesos anuales.

    Capital humano que no se recupera

    El vaciamiento del INTI no es solo contable. Es también la destrucción de décadas de formación técnica especializada que el Estado argentino invirtió en construir. El INTI cuenta actualmente con aproximadamente 2.300 empleados, frente a los 3.100 trabajadores que tenía en 2023. Y el ajuste no terminó.

    El plan oficial incluye un ajuste de planta de más de 700 empleos. Son técnicos, especialistas, investigadores y profesionales. El objetivo, según se supo, implicaría achicar la estructura con hasta 1.500 despidos, apenas una semana después de que se eliminaran más de 900 prestaciones del organismo.

    Fuentes del organismo advirtieron que «se apunta directamente a desarmar los Centros de Investigación y Desarrollo, la columna vertebral del INTI, ya que laboratorios enteros se quedarían sin funciones». El propio presidente del organismo, Miguel Ángel Romero, reconoció la gravedad de la situación y advirtió que si los despidos se concretan, no serán bajo su gestión, porque «el acuerdo era bajar servicios, pero no despedir».

    Un técnico de metrología legal no se forma en seis meses. Un laboratorio de calibración acreditado internacionalmente no se reconstruye en un año. El capital humano estatal que se destruye bajo el eufemismo de la «desregulación» es, en realidad, la infraestructura invisible sobre la que descansa la soberanía tecnológica de cualquier nación industrial.

    Un organismo que nació para cuidar a los que compran

    El INTI no nació para trabar industrias. Nació para proteger a los trabajadores, a las pymes y a los consumidores de las asimetrías del mercado. El Programa de Metrología Legal que sostenía el INTI ejecutaba el mandato del artículo 9° de la Ley 19.511, que establece la obligatoriedad de la verificación periódica de todo instrumento de medición utilizado en transacciones comerciales, explotaciones industriales y actividades que puedan afectar a la población. Esa ley no cambió. Lo que cambió fue la voluntad política de cumplirla.

    Desde 2005, 24 técnicos del INTI recorrían aproximadamente 4.000 estaciones de servicio por año, verificando el correcto funcionamiento de unos 60.000 surtidores. En casos de fraude o falla, los verificadores inhabilitaban el despacho de combustibles y derivaban las actuaciones a la Dirección de Comercio Interior. Esa función de control —independiente, estatal, de bajo costo— es la que el gobierno acaba de entregar a una empresa privada con vínculos directos en el Ministerio de Economía.

    La fiebre desregulatoria del gobierno de Milei no libera al mercado. Lo captura en beneficio de quienes tienen acceso al poder. Y mientras Sturzenegger celebra en redes sociales, los consumidores argentinos quedan expuestos y pierden en términos de seguridad para favorecer negocios privados de los amigos del gobierno.

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  • Soberanía y derechos en tiempos de presiones externas

    Soberanía y derechos en tiempos de presiones externas

    Soberanía y derechos en tiempos de presiones externas

    Las próximas elecciones legislativas definen si el país profundiza un rumbo dependiente de intereses externos o reafirma servicios públicos, soberanía, trabajo, salud, educación y ciencia.

     

    Las elecciones del domingo ponen en juego la soberanía Argentina. No se trata solo de bancas. Se plebiscita si la Argentina sigue subordinando su política económica a actores extranjeros o si reconstruye un proyecto propio, con empleo decente, salarios que alcancen y servicios públicos robustos. Votar es decidir si la moneda, el presupuesto y las reglas laborales se orientan al bienestar de las mayorías o a la rentabilidad de unos pocos. En ese marco, resulta elocuente que, a dos días de los comicios, el Presidente tenga previsto reunirse en Buenos Aires con Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, cuya “International Council” sesiona en la ciudad mientras se negocian líneas de apoyo financiero. La simultaneidad no es casual, es un mensaje de prioridades.

    Denuncias por injerencia y manejo del dólar, soberanía en juego

    La discusión sobre soberanía monetaria dejó de ser teórica cuando se anunció un esquema de “estabilización cambiaria” bajo paraguas de Estados Unidos y se multiplicaron gestiones con bancos globales en pleno calendario electoral. El problema no es dialogar con el mundo; el problema es que los compromisos se asuman sin mandato popular y con condicionalidades opacas.

    La lógica es sencilla: si la política cambiaria depende de señales de Washington y de reuniones con el mayor banco de inversión de EE. UU., la democracia pierde márgenes y la ciudadanía vota en un tablero inclinado. De nuevo: integración sí, tutela no.

    Barry Bennett, el enviado de Donald Trump en Argentina, junto a Santiago Caputo.

     

    En las últimas semanas se presentaron denuncias que cuestionan el modo en que el Gobierno condujo la política cambiaria, señalando presunta delegación de decisiones sensibles en una potencia extranjera y operaciones que habrían dañado al Estado. Más allá del derrotero judicial, el dato es político: si se terceriza la conducción del mercado de cambios o se interviene con “acuerdos informales” mientras se negocia apoyo externo, la discusión democrática queda relegada. La ciudadanía merece transparencia, información completa y control parlamentario sobre cada dólar que entra o sale. Eso también se vota.

    El mapa JP Morgan: funcionarios, visitas y apetitos sectoriales

    No es un secreto que parte del elenco económico proviene de la banca global. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, trabajó 11 años en JPMorgan y 9 en Deutsche Bank; el ministro Luis Caputo fue jefe de trading para América Latina en JPMorgan y luego en Deutsche; el secretario —y hoy figura con proyección— Pablo Quirno, fue director para América Latina del mismo banco en Nueva York. El dato no descalifica a nadie por origen privado; exige, sí, reglas de integridad, prevención de conflictos de interés y trazabilidad de decisiones.

    Para celebrar la presencia en la Argentina de Jamie Dimon, su CEO global, el JP Morgan recibió en un exclusivo cóctel celebrado en un salón del Teatro Colón a empresarios, dirigentes políticos y otras personalidades de la Argentina y del exterior.

     

    El hecho político del fin de semana es la llegada de Dimon y el cónclave del “International Council” en Buenos Aires, con el banco mostrando interés en energía, infraestructura y finanzas locales. ¿Qué se negocia? ¿Bajo qué términos? ¿Con qué resguardos públicos? Preguntas que el voto debería obligar a responder.

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    Trabajo, salud, educación, ciencia y tecnología: el corazón del contrato social

    Un país no se estabiliza solo con anclas cambiarias; se estabiliza con salarios dignos, convenios que eviten la carrera hacia abajo y un Estado que invierte en salud, educación y ciencia. Los sistemas de investigación y las universidades públicas sostienen sectores exportadores, crean tecnología para el agro, la energía y la industria, y forman trabajadores calificados.

    Los trabajadores del Hospital Garrahan reclaman la rápida promulgación e implementación de la ley de emergencia en salud pediátrica que fue aprobada por el Congreso.

     

    Sin presupuestos previsibles y sin reglas laborales que protejan a la persona que trabaja, la promesa de “modernización” se vuelve sinónimo de precariedad. Votar “soberanía” hoy significa respaldar estas prioridades presupuestarias frente a cualquier hoja de ruta dictada por mesas donde la ciudadanía no se sienta.

    Salud y educación públicas no son gasto “superfluo”: son seguros anticrisis y palancas de movilidad social. Cortar becas, cerrar programas de investigación o desfinanciar hospitales para “calmar” al mercado equivale a serruchar la rama sobre la que se quiere crecer. La ciencia y la tecnología —de biotecnología a software— son las únicas herramientas capaces de elevar productividad sin bajar salarios.

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    Reforma laboral: modernizar sin precarizar

    En paralelo, el Ejecutivo insiste con reformas laborales que, entre otros puntos, abren la puerta a “salarios dinámicos” atados a desempeño individual, amplían períodos de prueba y habilitan más convenios por empresa. Eso, en una estructura productiva con pymes y plantas de ritmo continuo, suele traducirse en mayor fragmentación, debilitamiento de la negociación colectiva y pérdida de poder real del salario. La productividad se mejora con inversión, organización del trabajo y capacitación, no deteriorando derechos. Votar en clave de trabajo es decir sí a la innovación y al diálogo social, y no a la intemperie del “cada uno negocia como pueda”.

    Un voto afirmativo, no defensivo

    Soberanía nacional no es un grito ni una nostalgia: es una arquitectura de decisiones públicas sujetas a control democrático. Derechos laborales no son privilegios: son reglas para que la competencia no se construya sobre el desgaste humano. Salud, educación, ciencia y tecnología no son eslóganes: son la única manera de producir más y mejor, con trabajo argentino calificado. Frente a injerencias explícitas, reuniones de élite en vísperas electorales y denuncias por opacidad en el manejo del dólar, el voto tiene una potencia simple: restituir el sujeto de la política. Que la cadena de mando no empiece en un banco ni termine en un Excel, sino en la ciudadanía.

    Las elecciones del domingo definen el futuro del país.

     

    El día después de la elección, cualquiera sea el resultado, habrá que discutir en serio: términos de cualquier acuerdo financiero externo, reglas de integridad para funcionarios con pasado en banca, cronograma de fortalecimiento salarial y un plan plurianual de inversión en salud, educación y ciencia. Ese es el “paquete país” que vale más que cualquier swap: capacidad de decidir en casa, con horizonte productivo propio y un trabajo que merezca llamarse proyecto de vida. Que el voto convoque a ese mandato.

  • Milei pide ayuda a USA e hipoteca gravemente a la Argentina

    Milei pide ayuda a USA e hipoteca gravemente a la Argentina

    Milei pide ayuda desesperada a Estados Unidos e hipoteca gravemente a la Argentina

    El nuevo endeudamiento de Milei: una cronología que hipoteca el futuro de las próximas generaciones. El modelo económico se agota y se profundizan los recortes y la deuda externa.

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  • Despidos en el INTA: Caputo profundiza la insensibilidad del gobierno tras el rechazo legislativo a sus vetos

    Despidos en el INTA: Caputo profundiza la insensibilidad del gobierno tras el rechazo legislativo a sus vetos

    Despidos en el INTA: Caputo profundiza la insensibilidad del gobierno tras el rechazo legislativo a sus vetos

    El gobierno nacional avanzó con despidos en el INTA luego de que el Congreso rechazara los vetos de Caputo. La medida golpea a trabajadores con familias a cargo y amenaza a un organismo clave para el desarrollo de la producción agropecuaria en la Argentina.

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  • La Suipachense, símbolo en crisis y espejo de los 90

    La Suipachense, símbolo en crisis y espejo de los 90


    La Suipachense, símbolo en crisis y espejo de los 90

    Producción en mínimos, sueldos impagos y autogestión obrera marcan el ocaso de la histórica láctea La Suipachense. El escenario recuerda al colapso neoliberal.

     

    La histórica láctea La Suipachense, con más de siete décadas de actividad y ubicada en el corazón de la provincia de Buenos Aires, atraviesa una crisis que amenaza con su cierre definitivo. La producción cayó a niveles mínimos, los salarios están atrasados y los trabajadores, organizados en torno a ATILRA, asumieron el control de la planta para evitar el apagón total. El conflicto no solo refleja la debacle de una empresa, sino que desnuda un panorama económico más amplio que recuerda a los años 90: desindustrialización, ajuste permanente, especulación financiera y desinterés oficial por los sectores populares.


    Producción mínima y salarios en rojo

    La planta de La Suipachense llegó a procesar 250.000 litros diarios en sus mejores momentos, pero hoy apenas supera los 40.000. De los 180 tambos que abastecían a la firma, solo 40 continúan entregando leche, la mayoría con pagos retrasados.

    La Suipachense emplea a 140 personas y 70 años e historia

     

    El atraso salarial se suma a un rojo financiero que ya acumula 300 cheques rechazados por más de $2.765 millones. El panorama es de colapso: la empresa necesita $3.000 millones al mes para funcionar, pero solo factura $500 millones.

    Ante la inacción empresaria y la amenaza de cortes de luz y gas, los 140 trabajadores decidieron sostener la producción bajo un esquema de autogestión. La medida busca garantizar salarios y preservar la fuente laboral, aunque la conducción empresaria —ligada al grupo venezolano Maralac— denunció una “toma forzada”. Mientras tanto, en Suipacha crece la alarma por el impacto económico que significaría la pérdida del principal motor productivo local.

    El eco de los años 90

    La situación de La Suipachense remite inevitablemente a la crisis del modelo neoliberal de los 90, caracterizado por privatizaciones, apertura indiscriminada de importaciones y endeudamiento externo. Aquel esquema produjo cierres masivos de industrias, pérdida de empleo, empobrecimiento social y culminó en el estallido de 2001. El presente muestra similitudes inquietantes: empresas históricas al borde del colapso, caída del consumo, concentración económica y políticas que privilegian la especulación financiera sobre la producción.

    La crisis de la Suipachense pone al descubierto el impacto de las políticas económicas del Gobierno.

     

    Al drama productivo se suma un contexto político cargado de denuncias de corrupción y desvío de recursos públicos, que agrava el malestar social. La proliferación de operaciones financieras a corto plazo y la falta de políticas de estímulo a la industria generan un escenario en el que las comunidades quedan libradas a su suerte. La Suipachense, símbolo de arraigo territorial y esfuerzo productivo, hoy enfrenta el abandono estatal y la indiferencia empresaria, mientras se privilegia la renta financiera y se profundizan los desequilibrios sociales.

    Milei, Caputo y el retorno del viejo modelo

    La crisis de La Suipachense no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa del modelo económico impulsado por Javier Milei y su gabinete, encabezado por el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo. Las recetas aplicadas —ajuste fiscal extremo, liberalización indiscriminada, desregulación financiera y recorte de subsidios— no solo profundizan la recesión, sino que golpean de lleno a la industria alimenticia y a las pymes del interior. La reedición de los lineamientos neoliberales de los 90 conduce a un mismo desenlace: caída de la producción, pérdida de empleo y concentración económica en pocas manos.

    El Gobierno repite el libreto que ya fracasó, priorizando la especulación financiera sobre el trabajo y el desarrollo productivo. Si no se produce un cambio de rumbo, el desenlace puede ser similar al de aquel ciclo que terminó en el colapso de 2001. La responsabilidad política es clara: las decisiones de Milei y Caputo están dejando a comunidades enteras, como la de Suipacha, al borde del abismo.

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  • Milei vuelve al FMI y crece la deuda externa argentina

    Milei vuelve al FMI y crece la deuda externa argentina

    Milei vuelve al FMI y Argentina se convierte en el país más endeudado del Mundo con el organismo financiero

    Mientras el gobierno nacional festeja sus «conquistas» en materia económica, crece el interrogante de por qué volvemos a pedir dinero al Fondo Monetario Internacional. El modelo económico de Milei y Caputo comienza a hacer agua y sólo puede sostenerse con endeudamiento público.

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  • El consumo masivo cayó 10,6% en enero y el modelo de Milei se agota

    El consumo masivo cayó 10,6% en enero y el modelo de Milei se agota

    El consumo masivo cayó 10,6% en enero y el modelo de Milei se agota

    Las ventas en supermercados volvieron a bajar en el inicio de 2025 pese a comparar ya contra el primer mes completo de Javier Milei, que había sido de fuerte retroceso. El desplome de las ventas fue aún mayor en autoservicios y pequeños comercios.

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