Zafrán busca aumentar su producción y llegar a nuevos mercados sin alterar sus recetas ni su forma de trabajar. En su fábrica de San Martín, la calidad, la inclusión laboral y el cuidado de los recursos atraviesan la actividad cotidiana.
En el entramado urbano de Villa Lynch, un histórico enclave del partido bonaerense de General San Martín marcado por el auge fabril del siglo pasado y los galpones textiles, Zafrán decidió asentar sus cimientos. La empresa alimenticia recuperó y recicló a conciencia las instalaciones de una vieja fábrica textil con una perspectiva de desarrollo a largo plazo. La nave alberga hoy una concepción contemporánea de la manufactura de alimentos. Esta transformación arquitectónica no persiguió únicamente fines funcionales, sino que buscó plasmar desde el espacio físico los principios de las Empresas B certificadas, donde la rentabilidad económica y la búsqueda de escala no pueden escindirse de la responsabilidad social ni del impacto ecológico sobre la comunidad.
La disposición de los sectores en la planta traduce de manera tangible esa filosofía de trabajo transversal y desjerarquizada. A diferencia de las estructuras industriales convencionales, caracterizadas por tabiques ciegos y oficinas gerenciales aisladas de la operación, el establecimiento de Villa Lynch unifica en un solo ámbito físico la producción continua, los depósitos de materias primas y los escritorios de administración. La comunicación visual entre estas áreas se logra a través de amplios ventanales adaptados a las normativas sanitarias y bromatológicas vigentes. De esta manera, el personal abocado a las líneas de mezclado, formado y envasado comparte la visual cotidiana con los equipos de logística, compras y dirección. Esa transparencia espacial sintetiza la cultura interna de una empresa que hoy reúne a más de 50 trabajadores y trabajadoras en un marco de integración cotidiana y objetivos compartidos.
Procesos nobles a escala continua
Fundada en 2012 por Charlie Rivero Haedo y Nito Anello como un emprendimiento de pequeña escala, la empresa transitó una profunda evolución tecnológica hasta consolidar un esquema de manufactura industrial de flujo continuo. El diseño de sus instalaciones demuestra que la incorporación de maquinaria de última generación no implica necesariamente desnaturalizar el alimento. A lo largo de las tolvas, las cintas transportadoras y las mezcladoras, los granos, las semillas, las pastas naturales y los frutos secos se integran mediante procedimientos mecánicos simples y nobles. No intervienen en la mezcla colorantes, aglutinantes artificiales ni aditivos sintéticos que escapen a la mirada de quien elabora ni al control de quien consume.

La línea principal de producción opera de forma ininterrumpida. Comienza con la recepción y homogeneización de los ingredientes, avanza por rodillos calibradores que otorgan el espesor deseado a las masas y continúa hacia los túneles térmicos que garantizan el secado y la textura final del producto. Posteriormente, los sistemas de corte automático fraccionan las piezas que ingresan a las envasadoras flow-pack de alta velocidad, donde cada unidad queda sellada herméticamente. En el tramo final del empaque secundario opera un detector de metales calibrado según parámetros internacionales, el cual inspecciona el 100% de las barras antes de su encajonado. En paralelo, el sector de expedición maneja un ordenamiento estricto: los pallets se encuentran identificados con coordenadas específicas y cada lote posee una trazabilidad digital que permite rastrear el trayecto completo de los ingredientes, un requisito inexcusable para abastecer con regularidad tanto a pequeñas dietéticas de barrio como a las principales cadenas de hipermercados del país.
Una red de aprovisionamiento anclada en el territorio
El principio de elaborar con recetas simples y comprensibles traslada la mayor exigencia hacia el origen de la materia prima. Para Zafrán, la calidad de cada lote depende del vínculo técnico y comercial con productores de distintas regiones del país, evitando el uso de premezclas industriales. La firma abastece sus líneas con frutos secos del Alto Valle patagónico y azúcar mascabo de Misiones, de la cual mantiene un stock de resguardo para absorber las contingencias propias de una producción artesanal. A este esquema se suma la compra de harina de algarroba a través del programa Emprendedores por Naturaleza, elaborada por familias recolectoras en zonas aledañas al Parque Nacional El Impenetrable. Esta alianza aporta un ingrediente de alto valor nutricional, genera ingresos locales y contribuye a la conservación del monte nativo chaqueño.
Sostener esta red demanda controles de humedad, auditorías y certificaciones de inocuidad en cada recepción. Frente al aumento de la escala comercial, el área de compras planifica los acuerdos con meses de antelación para asegurar volumen, estabilidad de precios y entregas regulares que garanticen la continuidad operativa de la planta.
El margen productivo y la inyección estratégica de Capibara
En la actualidad, la planta de Villa Lynch opera en torno al 60% de su capacidad instalada. Esta cifra cobra especial relevancia en el contexto de la economía manufacturera argentina, ya que revela que Zafrán cuenta con una holgura operativa considerable para incrementar sus volúmenes sin necesidad de asumir costosas ampliaciones civiles en el corto plazo. El dato dialoga de forma directa con el panorama macroeconómico que sigue el Tablero Sectorial de la industria: según los últimos registros oficiales del INDEC, el uso de la capacidad instalada en el rubro de alimentos y bebidas promedia el 66%, ubicándose por encima del 58,2% que registra la media fabril argentina.
Con el objetivo de capitalizar ese margen productivo y dar un salto cualitativo hacia una nueva escala de negocios, la compañía concretó el ingreso del fondo Capibara como socio minoritario. Esta asociación estratégica no solo aporta respaldo financiero directo para apalancar el plan de inversiones, sino que integra equipos de gestión abocados a optimizar el funcionamiento interno y diseñar la estrategia de expansión comercial. Las transformaciones inmediatas derivadas de este acuerdo ya se perciben en la dinámica de la planta: se avanza en una reconfiguración integral del depósito de materias primas para mejorar los flujos internos de carga, la incorporación de equipamiento de envasado automático para la línea de granolas y la instalación de una línea continua destinada a barras prensadas, lo que permitirá diversificar el catálogo hacia formulaciones con mayor densidad proteica y nuevas texturas funcionales.
La sincronización logística frente a formulaciones sin conservantes
La aspiración de profundizar la presencia en grandes superficies comerciales y concretar envíos regulares a mercados vecinos como Chile y Uruguay sitúa a la compañía frente a un riguroso ejercicio de sincronización operativa. Dado que los productos de Zafrán prescinden deliberadamente de conservantes artificiales, agentes estabilizantes y procesos térmicos ultraprocesados, sus formulaciones poseen una vida útil natural cercana a los nueve meses.

Si bien este plazo garantiza frescura y un estándar nutricional elevado para el consumidor, introduce un desafío logístico significativo en los canales de distribución masiva y en las ventas transfronterizas. Las cadenas de hipermercados exigen ingresar mercadería con un margen de vigencia temporal prolongado para evitar devoluciones en las góndolas, mientras que el comercio exterior añade plazos aduaneros, trámites consulares, controles fitosanitarios de frontera y tránsitos terrestres o marítimos. Cualquier demora innecesaria en la etapa de almacenamiento previo o en los trámites de nacionalización de los cargamentos reduce el período disponible para su comercialización efectiva en los puntos de venta. Por tal motivo, el proceso de expansión regional no se limita a un acuerdo comercial entre partes, sino que exige una sincronización quirúrgica entre las órdenes de producción en Villa Lynch, el aprovisionamiento de insumos y los cronogramas de despacho para que el alimento llegue a destino en condiciones inmejorables.
Inclusión laboral como metodología de trabajo permanente
En concordancia con los estándares de gobernanza que audita B Lab para las Empresas B, el modelo de recursos humanos de Zafrán concibe la inclusión no como un postulado de marketing institucional, sino como un mecanismo formal incorporado a las operaciones cotidianas. En la actualidad, más del 50% de las trabajadoras y los trabajadores de la empresa son personas que atravesaron barreras estructurales para acceder a un empleo registrado, abarcando a personas con discapacidad, jóvenes en busca de su primera oportunidad formal, adultos mayores postergados por el mercado laboral y personas con altas cargas familiares de cuidado.
Zafrán demuestra que el verdadero mérito de su crecimiento no radica solo en conquistar nuevas góndolas, sino en haber construido una ingeniería fabril capaz de sostener la integridad del alimento en cada salto de escala.
Esta cultura productiva tiene su raíz en los vínculos iniciados en 2014 junto a la Asociación Civil Andar, una entidad enfocada en la inserción sociolaboral de personas con discapacidad con la que Zafrán compartió tareas de envasado y elaboración a lo largo de más de una década. Con la puesta en marcha de la fábrica propia en San Martín, esas dinámicas se adaptaron para integrarse a una línea mecánica exigente. La empresa desarrolló manuales de bienvenida específicos, esquemas de capacitación técnica adaptada y protocolos activos para prevenir situaciones de violencia de género. El desafío diario consiste en demostrar que la contención social y el respeto por los ritmos individuales resultan plenamente compatibles con los estándares de productividad, seguridad e higiene que exige la industria moderna.
El balance ambiental en la nave industrial
La concepción integral del proyecto abarca asimismo el desempeño ambiental del establecimiento. En el techo de la planta reciclada de Villa Lynch se instaló un sistema fotovoltaico que genera cerca del 60% de la energía eléctrica consumida por los motores, las cintas y las luminarias del predio. De manera complementaria, la infraestructura cuenta con un sistema de captación y almacenamiento de agua de lluvia especialmente diseñado para abastecer el circuito de aguas grises de los sanitarios en el sector de vestuarios y para tareas de limpieza en áreas exteriores secundarias.

A estas medidas de eficiencia en el uso de los recursos se suma la membresía activa de Zafrán en la organización global 1% for the Planet, mediante la cual la empresa dona el 1% de su facturación total a proyectos orientados a la educación ambiental y el fomento de la agricultura regenerativa. Estas iniciativas buscan cerrar un ciclo donde el alimento procesado no genere un impacto destructivo sobre el territorio del cual extrae sus nutrientes esenciales.
La identidad en la góndola: escuchar a la sociedad sin alterar la receta
A lo largo de su catálogo, la variedad de productos conserva un criterio innegociable: recetas elaboradas con ingredientes reconocibles, sin conservantes ni saborizantes artificiales. La escala industrial no llegó para uniformar o abaratar las fórmulas, sino para dotarlas de repetibilidad técnica, sostener la regularidad estricta entre lotes y organizar entregas previsibles para el comercio masivo.
Esa arquitectura de formulaciones limpias convive con una permanente escucha de las demandas sociales y los hábitos de consumo emergentes. En esa búsqueda, la marca entendió que la alimentación consciente no pertenece al nicho de las dietéticas, sino que busca integrarse en la vida cotidiana: desde la practicidad de la barra proteica pensada para la pausa de una jornada de alta exigencia física o laboral, hasta aquellos formatos nobles y simples que encuentran su lugar en el recreo escolar, deslizándose en la mochila de los chicos como una alternativa real y saludable al snack ultraprocesado.
Sin embargo, acompasar los cambios de mercado con recetas puras conlleva costos técnicos y un esfuerzo riguroso en la línea. En la elaboración de la barra proteica, por ejemplo, el índice de descarte resulta todavía elevado. Al prescindir de emulsionantes o aglutinantes químicos que aseguran una maleabilidad perfecta de la pasta, el comportamiento del producto en cinta es mucho más sensible. Los controles de calidad son estrictos: cualquier desvío en el gramaje estándar o una barra que sufra una fisura superficial durante el corte es automáticamente rechazada por los sensores de la línea. Ese desperdicio operativo evidencia la tensión cotidiana entre las leyes del mercado y la fidelidad a una receta honesta. En Villa Lynch, Zafrán demuestra que el verdadero mérito de su crecimiento no radica solo en conquistar nuevas góndolas, sino en haber construido una ingeniería fabril capaz de sostener la integridad del alimento en cada salto de escala.