La industria de alimentos y bebidas utilizó el 66% de su capacidad instalada en julio de 2026 y mejoró 0,8 puntos porcentuales respecto del mismo mes del año pasado. El resultado la ubicó por encima del 58,2% del conjunto manufacturero, aunque el impulso no fue homogéneo: el INDEC atribuyó la mejora alimentaria principalmente a la mayor molienda de oleaginosas.
El informe publicado el 15 de septiembre muestra una distancia de 7,8 puntos entre el bloque y el promedio industrial. Un año antes, alimentos y bebidas había utilizado el 65,2% de su potencial, frente al 58,4% de la industria general. Mientras el sector alimentario avanzó en esa comparación, el indicador agregado retrocedió levemente.
El 66% implica que alrededor de un tercio de la capacidad productiva medida no se utilizó durante el mes. Es una referencia sobre el aprovechamiento del equipamiento y las instalaciones, no un recuento de fábricas cerradas ni de máquinas apagadas. La diferencia es relevante al discutir inversiones, turnos y perspectivas de empleo: el indicador permite describir el margen disponible, pero no establece por sí solo por qué cada empresa produce por debajo de su potencial.

La molienda empuja un promedio que reúne actividades distintas
La explicación sectorial del INDEC apunta al complejo aceitero. La molienda de oleaginosas creció 10,7% interanual según el índice de producción industrial manufacturero. A su vez, el organismo citó datos de Agricultura que muestran un aumento del 9,3% en el ingreso de soja a molienda y mayores volúmenes de aceites y subproductos de soja y girasol.
Ese dinamismo ayuda a entender la mejora del bloque, pero convive con caídas en carnes y panificados. La elaboración de alimentos combina procesos, destinos comerciales y calendarios de actividad diferentes. El nivel agregado puede subir por el desempeño de una actividad de gran escala aunque otras fábricas enfrenten pedidos insuficientes o trabajen con una combinación distinta de productos.
También hay una delimitación metodológica que debe acompañar la lectura: el cálculo de alimentos y bebidas excluye la capacidad instalada de la actividad vitivinícola y de los ingenios azucareros. Por eso, el 66% no representa a la totalidad de los establecimientos que, en sentido amplio, integran la cadena alimentaria.
Dentro de 2026, el bloque pasó del 60% en mayo al 64,4% en junio y al 66% en julio. La secuencia muestra un mayor aprovechamiento en los últimos meses, aunque se trata de datos originales: los movimientos mensuales también están atravesados por la estacionalidad. Comparar julio con julio permite reducir ese problema, sin eliminar las diferencias productivas entre ramas.
Más actividad sin variación de empleo
El contraste con el resto de la industria ofrece otra dimensión. Papel y cartón operó al 69,6%, mientras que caucho y plástico se ubicó en el 40,2%. Ambos bloques incluyen actividades proveedoras de envases, aunque sus índices abarcan muchos otros destinos. Sus resultados no deben interpretarse como una medición específica de la demanda de packaging alimentario.
Para una empresa, aumentar el volumen elaborado puede distribuir ciertos costos fijos entre más unidades. Convertir ese margen en una mejora sostenida depende, sin embargo, de poder vender, cobrar y reponer insumos. La existencia de capacidad disponible muestra una posibilidad de expansión; no garantiza que haya demanda o financiamiento para concretarla.
La misma cautela corresponde al empleo. La utilización de capacidad no mide contrataciones, suspensiones ni horas trabajadas. Un crecimiento de la producción puede resolverse con equipos y dotaciones existentes o requerir nuevos turnos, según la situación de cada planta. Para conocer su efecto laboral hacen falta indicadores adicionales y seguimiento de las empresas.
El dato de julio deja una mejora concreta para alimentos y bebidas y una advertencia sobre su alcance. La molienda sostuvo el avance, pero el desafío industrial sigue siendo extender la actividad a más ramas y transformar el mayor uso de las instalaciones en producción con continuidad. El próximo informe del INDEC, previsto para el 15 de octubre, permitirá observar el desempeño de agosto.