El INTA-PROAPI recomendó anticipar el manejo de los apiarios expuestos a anegamientos: revisar los accesos, elevar las colmenas y asegurar reservas antes de que las lluvias dificulten el trabajo. La comunicación del 22 de octubre reúne pautas para proteger las colonias y recuperar el material afectado. El ingreso de agua y los períodos sin pecoreo requieren intervenciones diferentes, según el estado de cada colmena.
Natalia Bulacio Cagnolo, investigadora del INTA Rafaela, propone comenzar por la ubicación. Los terrenos bajos pueden requerir un traslado preventivo; donde las colmenas permanecen, los caballetes ayudan a separarlas del suelo húmedo. Esa preparación debe acompañarse con una revisión sanitaria y alimentaria, porque las lluvias prolongadas interrumpen la recolección de néctar y polen.
La recomendación adquiere otra dimensión cuando el agua corta los caminos: disponer de alimentos y componentes secos permite organizar la atención mientras todavía se puede llegar con vehículos. El informe técnico del INTA Reconquista para la campaña 2026-2027 aconseja adelantar esas tareas durante las ventanas de acceso y elegir sitios con drenaje. La planificación incluye revisar los soportes para evitar hundimientos, inclinaciones y vuelcos.
El diagnóstico define cómo intervenir
Si el apiario queda anegado, el primer paso es distinguir las colonias que sobrevivieron del material sin abejas. El protocolo del INTA Famaillá y PROAPI agrega una segunda condición: establecer si puede ingresarse con vehículos o solamente a pie. Ambas evaluaciones determinan qué puede retirarse y qué debe protegerse en el lugar, sin sumar manipulaciones innecesarias a las colonias debilitadas.
El documento, firmado por Mario Miguel Maldonado y Gerardo Gennari y difundido el 28 de abril, pide registrar el estado del apiario antes de intervenir. Las fotografías, los videos y las planillas deben permitir reconocer pérdidas, caída de caballetes y dificultades de acceso. Esos datos se cotejan con los registros de campo anteriores y con RENAPA para sustentar informes técnicos verificables.
Cuando existe acceso vehicular, la guía prioriza retirar el material de las colonias muertas y evaluar el traslado de las sobrevivientes a sectores más altos. Si solo se puede entrar caminando, el salvataje se concentra en el propio apiario. Los materiales se agrupan en el terreno más elevado disponible y las colmenas vivas se aíslan del agua con soportes firmes.
La recuperación requiere separar lo que puede acondicionarse de lo que constituye un riesgo sanitario. El protocolo indica eliminar la cera de cuadros que tuvieron cría para reducir la dispersión de enfermedades por pillaje. Para el material que no puede retirarse, describe un apilado que permita secado y ventilación, con protección frente a nuevas lluvias y una barrera física contra el ingreso de abejas.
Conservar la colonia sin añadir humedad
Las colonias que continúan activas necesitan una revisión distinta. Bulacio Cagnolo recomienda reemplazar pisos, alzas y entretapas húmedas por componentes limpios y secos. Cuando la población ocupa pocos cuadros, reducir el espacio ayuda a que las abejas atiendan el nido de cría. La decisión se ajusta a la fuerza de cada colonia, en lugar de aplicar una misma intervención a todo el apiario.
El protocolo de Famaillá identifica como débiles a las colonias con menos de cinco cuadros cubiertos por abejas. Para ellas plantea reducir el espacio con separadores o recurrir a nucleros. También recomienda limitar las aperturas a las operaciones indispensables de alimentación y sanidad, para evitar estrés adicional durante la recuperación.

La suplementación depende de las reservas y de los recursos disponibles cerca del apiario. El INTA menciona jarabe concentrado o alimento sólido como alternativas energéticas. En las situaciones de acceso difícil, el sólido evita transportar grandes volúmenes de líquido y añade menos humedad. Los suplementos proteicos se consideran cuando las reservas de polen y su ingreso resultan insuficientes.
Estas pautas acompañan el control sanitario. La comunicación de Rafaela advierte que no debe postergarse el tratamiento contra Varroosis cuando corresponda al plan de manejo. Después del anegamiento, también pide vigilar Nosemosis y revisar las necesidades nutricionales. El protocolo de Famaillá vincula ese seguimiento con el debilitamiento de las colonias y recomienda monitoreos diagnósticos frecuentes una vez estabilizadas.
La lluvia también condiciona la cosecha
El informe de Reconquista, elaborado por Hernán Pietronave y Hernán Fain, relaciona el exceso de precipitaciones con menos horas de vuelo, caída de flores y dilución del néctar. Si el ingreso de recursos disminuye mientras las abejas consumen sus reservas, la continuidad alimentaria pasa a ser una tarea de seguimiento durante toda la temporada.
La humedad influye además en la maduración de la miel. Incluso cuando entra néctar, las abejas deben destinar energía a evaporar el agua. Por eso, el documento recomienda cosechar cuadros completamente operculados o verificar que la humedad sea adecuada. El control busca prevenir fermentaciones y pérdidas de calidad que pueden afectar la comercialización.
El análisis utiliza rendimientos históricos de la zona de Reconquista entre 1992 y 2025, con información de referentes de la actividad y datos agrometeorológicos. Es una referencia regional para planificar el manejo. Sus resultados no constituyen un balance nacional de pérdidas ni permiten asignar un rendimiento a cada apiario de la campaña actual.
La distinción también importa al interpretar El Niño: el estudio observa que la fase climática y la cantidad de lluvia deben analizarse juntas. En su serie, los escenarios cálidos con primaveras secas tuvieron resultados diferentes de los acompañados por excesos hídricos. La evolución de las precipitaciones locales es, por lo tanto, parte del monitoreo que propone el informe.
Preparar materiales y registrar la recuperación
La preparación del apiario abarca tanto las colmenas como los recursos para atenderlas. Reconquista aconseja mantener alimentadores disponibles, reparar techos y pisos y controlar la estabilidad de los caballetes. En cercanías de ríos o canales, el protocolo de Famaillá pide considerar la posibilidad de desbordes al elegir dónde elevar o reubicar las colonias.
El seguimiento permite revisar esas decisiones después de cada intervención. La supervivencia de las colonias, el material retirado y los cambios en las reservas deben quedar documentados con el mismo criterio usado en el diagnóstico inicial. El registro conecta la atención inmediata con la evaluación posterior de daños y necesidades de reposición.
Las recomendaciones difundidas en octubre se apoyan en materiales técnicos publicados durante el año. Son pautas preventivas y de recuperación; no informan una emergencia nacional ni reemplazan los avisos meteorológicos locales. Para actuar después de un anegamiento, el INTA sitúa la primera evaluación en el momento en que las condiciones permitan volver a ingresar al apiario.