La paritaria de Alimentación llega a junio sin acuerdo
La negociación del CCT 244/94 acumula tres audiencias fallidas. Hoy se retoman las conversaciones entre la FTIA y la FIPAA con el reclamo de fondo intacto: actualizar escalas salariales para 80.000 trabajadores en un sector donde la inflación en alimentos supera sistemáticamente al índice general.
Tres reuniones, ningún resultado
La paritaria 2026-2027 del Convenio Colectivo de Trabajo 244/94, que rige las condiciones salariales de los trabajadores de la industria alimentaria en todo el país, llega a su cuarta audiencia con un historial adverso. Las reuniones del 20 de mayo, el 27 de mayo y el 3 de junio concluyeron sin acuerdo. El Consejo Directivo de la Federación Trabajadores de Industrias de la Alimentación (FTIA) calificó en el comunicado del 3 de junio de «mezquina» la actitud del sector empresarial y convocó a la FIPAA a cambiar su postura «a los fines de preservar la paz social en el marco de los justos reclamos» de los trabajadores y las trabajadoras del sector. El miércoles 10 de junio, las partes vuelven a la mesa.
El ciclo anterior: un piso insuficiente
El nuevo ciclo de negociaciones abre con un antecedente reciente que marca el punto de partida. En marzo de 2026, la FTIA y la FIPAA alcanzaron un pre-acuerdo que cubrió el tramo enero-abril del ciclo 2025-2026: un incremento del 9,67% sobre la escala salarial y una suma fija no remunerativa de $100.000 para la categoría inicial, con apertura por categorías y liquidación antes del 24 de marzo. El acuerdo incorporó también una cláusula de revisión, un mecanismo que la federación venía exigiendo para no quedar atada a porcentajes fijos ante variaciones inflacionarias. Para el gremio, esa cláusula era el piso de la nueva negociación, no su techo.
El tope oficial como obstáculo de fondo
Detrás del bloqueo empresarial hay una presión que viene del Estado. A partir de marzo de 2026, el Gobierno nacional impuso un tope del 2% mensual para los acuerdos paritarios a través de la Secretaría de Trabajo. La medida, impulsada desde el Ministerio de Economía conducido por Luis Caputo, apunta a anclar las expectativas inflacionarias, pero colisiona con la realidad: el IPC de febrero de 2026 se ubicó en 2,9%, por encima del techo oficial. La política salarial del Gobierno convierte la homologación de los convenios en un instrumento de control: los acuerdos que superen la pauta oficial no acceden al sello del Ministerio de Trabajo, lo que transforma el tope en una pauta de cumplimiento obligatorio para las cámaras empresariales.

La consecuencia para los trabajadores es directa y verificable. Según el informe «Panorama del empleo asalariado formal y de las remuneraciones» del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA, el poder adquisitivo del salario mínimo, vital y móvil cayó un 39% entre noviembre de 2023 y marzo de 2026. En términos interanuales, los salarios acumularon una suba del 35,8% frente a una inflación del 36,25% en el mismo período.
Por qué la inflación en alimentos agrava el problema
La FTIA lleva a cada audiencia un argumento que los números respaldan: la inflación en alimentos es estructuralmente superior al índice general de precios. Los trabajadores de la industria alimentaria producen los bienes que integran la canasta básica y son, al mismo tiempo, los primeros afectados por su encarecimiento. Esa asimetría convierte la pérdida de poder adquisitivo en una doble presión: los salarios crecen por debajo de la inflación general y por debajo de la inflación específica del sector de alimentos.

En su comunicado, la FTIA sintetiza el argumento: la federación «reiteró la necesidad de actualizar las escalas salariales teniendo en cuenta los sucesivos aumentos de precios, en especial los productos de la canasta familiar, servicios, transporte y gastos escolares, que perjudican el poder adquisitivo de las y los trabajadores/as del sector».
El CCT 244/94 cubre a 80.000 trabajadores
El alcance de la negociación no es menor. El CCT 244/94 es el convenio marco que regula las condiciones salariales de unos 80.000 trabajadores y trabajadoras de la industria alimentaria en todo el país. Lo que se defina en esa mesa determina los salarios de quienes producen los alimentos que consume la población argentina: desde frigoríficos hasta panaderías industriales, desde plantas de lácteos hasta embotelladoras. La FTIA negocia en representación de esos trabajadores, con la presión adicional de un ciclo de cierres de plantas, suspensiones y conflictos laborales que no cede.

La reunión del miércoles es la cuarta instancia del ciclo 2026-2027 sin resultado positivo. El patrón que se repite —convocatoria, audiencia, levantamiento sin acuerdo, nueva fecha— tiene un límite. El ciclo 2025-2026 terminó en plan de lucha, con convocatoria a movilizaciones y paros antes de que una conciliación obligatoria frenara las medidas de fuerza. La FTIA avisó entonces que la paciencia de los trabajadores tiene un límite: si los próximos encuentros no producen una propuesta que permita recomponer el poder adquisitivo, las medidas de fuerza se retomarán con mayor contundencia. La audiencia de hoy define si la negociación avanza o si el conflicto escala.
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