Milei destruye empleo a un ritmo sin precedentes
Del boom kirchnerista al desplome libertario en la industria. Un análisis por gestión presidencial muestra que la industria creció solo con los Kirchner. Con Macri y Milei, la manufactura perdió más de 220.000 puestos registrados.
La variación neta de empleos registrados en la industria manufacturera desde la primera presidencia de Carlos Menem hasta la gestión de Javier Milei describe una curva que no admite lecturas ambiguas. Dos gobiernos kirchneristas concentran casi toda la creación de empleo fabril de las últimas tres décadas. Dos gestiones no peronistas —Mauricio Macri y Javier Milei— explican la mayor parte de la destrucción acumulada. Los datos provienen del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE), elaborado a partir del SIPA, el sistema integrado que registra el empleo formal en Argentina.
El SIPA mide puestos registrados: trabajadores en blanco, con aportes previsionales, en empresas del sector privado. No incluye empleo informal ni autónomo. Es la métrica más rigurosa para evaluar la fortaleza del mercado laboral formal.
El gráfico abarca desde los dos mandatos de Menem (1989-1999) hasta la gestión de Milei. Para cada presidente mide la diferencia entre la cantidad de empleos industriales registrados al inicio y al final de su mandato. El resultado: tres períodos con saldo positivo, cinco con saldo negativo o casi nulo, y una asimetría histórica entre los gobiernos kirchneristas y el resto.
La convertibilidad sostuvo el empleo fabril a un costo oculto
Durante los dos mandatos de Carlos Menem (1989-1999), la variación neta de empleos industriales registrados fue apenas de +1.911. El número parece estable, pero oculta una transformación estructural devastadora: la apertura de importaciones, las privatizaciones y la sobrevaluación cambiaria destruyeron miles de establecimientos y empujaron a millones de trabajadores a la informalidad.

El modelo de la convertibilidad sostuvo artificialmente ciertos indicadores de empleo formal mientras desmontaba la base productiva. Los empleos que sobrevivieron eran más precarios, los salarios reales se comprimían y la informalidad crecía. El saldo neto neutro del gráfico refleja el equilibrio entre creación de empleo en los primeros años de estabilización y destrucción en los últimos de recesión.
La gestión de Fernando De la Rúa (1999-2001) registró -5.888 empleos industriales. Su brevedad y el inicio de la crisis que culminaría en diciembre de 2001 explican la magnitud moderada del número negativo, aunque el deterioro social ya era severo.
El dato más dramático del período pre-kirchnerista corresponde a Eduardo Duhalde: -100.365 empleos industriales en apenas dos años (2002-2003). Esta cifra no mide una política fallida sino el piso de la peor crisis económica de la historia argentina reciente.
En 2002, con el sistema bancario congelado, el PBI en caída libre, y la cadena de pagos rota, la industria expulsó trabajadores a un ritmo sin precedentes. Duhalde heredó el epicentro del colapso de la convertibilidad, y los datos del OEDE reflejan ese piso: el punto más bajo desde el cual Néstor Kirchner iniciaría la recuperación.
Néstor Kirchner registró el mayor salto de empleo industrial en democracia
Entre 2003 y 2007, el empleo registrado en la industria manufacturera creció en 388.719 puestos. Es el mayor incremento absoluto de cualquier gestión presidencial en el conjunto del gráfico, y supera ampliamente a todos los demás períodos de crecimiento.
El contexto de partida fue excepcional: Kirchner tomó el gobierno desde el piso de la peor crisis desde 1930. La devaluación post-convertibilidad había restaurado competitividad para la industria local. El tipo de cambio alto, el impulso del consumo interno y una política activa de reindustrialización generaron condiciones para la formalización masiva de empleo.
El crecimiento no fue solo recuperación de lo perdido. La cantidad de puestos industriales registrados superó ampliamente los niveles pre-crisis de 2001 y alcanzó valores que no se habían visto desde la última fase expansiva de la industria argentina en los años setenta.
Los datos del OEDE reflejan no solo más trabajadores, sino más empresas registrando trabajadores: la dinámica fue a la vez cuantitativa y cualitativa.
Para quienes estudian el mercado de trabajo argentino, el período 2003-2007 representa el único ejemplo reciente de una expansión industrial sostenida durante un mandato completo. Ningún gobierno posterior logró replicarlo.
Cristina Kirchner sumó empleo en un contexto internacional más adverso
Los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) registraron una variación neta de +109.161 empleos industriales según el OEDE. El número suma un total de aproximadamente 498.000 puestos creados en doce años de kirchnerismo.
La comparación con el período kirchnerista previo resulta inevitable, y el contraste requiere contexto: Cristina gobernó durante la crisis financiera global de 2008-2009, la sequía de 2012, las restricciones cambiarias y la creciente presión sobre las cuentas externas. Mantener un saldo positivo en ese marco fue un resultado que los datos validan.
La aceleración del segundo mandato de CFK mostró límites estructurales. La brecha cambiaria, la caída de reservas y la desaceleración del crecimiento erosionaban la base productiva. En 2013 la industria alcanzó su pico de empleo registrado, y desde entonces la tendencia se tornó lateral o levemente negativa. El balance final del mandato seguía siendo positivo, pero la inercia ya era otra.
El contraste con la gestión siguiente sería profundo. El modelo que combinaba tipo de cambio administrado, mercado interno activo y política industrial activa tenía tensiones, pero sus resultados en empleo fabril formal superaban con claridad a los que vinieron después.
Macri destruyó 148.000 empleos industriales entre 2015 y 2019
La gestión de Mauricio Macri registró una pérdida neta de 147.658 puestos de trabajo industriales registrados entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019, según el OEDE-SIPA. El dato es consistente con las mediciones de la Unión Industrial Argentina (UIA), que calculó una pérdida acumulada de 144.675 empleos industriales al cierre del mandato.
Los primeros dos años fueron relativamente estables. La apertura de importaciones y la apreciación cambiaria ya deterioraban la actividad, pero la destrucción masiva llegó con la crisis de 2018. La devaluación brusca, el acuerdo con el FMI y el colapso del consumo interno transformaron un estancamiento en una caída libre.
Desde mediados de 2018 hasta el fin del mandato, la industria perdió empleo durante dieciséis meses consecutivos, según la misma UIA. Para diciembre de 2019, el nivel de empleo registrado en la manufactura era el más bajo de los últimos doce años.
La pérdida no se distribuyó de manera uniforme. Los sectores más golpeados fueron la metalmecánica, el textil y las industrias vinculadas al mercado interno: exactamente las ramas que más trabajo generan por unidad de producción.
Macrismo cerró con una paradoja: el gobierno que llegó prometiendo crear 500.000 empleos por año terminó con el peor registro de empleo industrial en más de una década. El dato no requiere interpretación: está en los registros del SIPA.
Alberto Fernández terminó con saldo positivo después de la pandemia
La gestión de Alberto Fernández (2019-2023) cerró con una variación neta positiva de +123.225 empleos industriales registrados. Es el tercer resultado positivo del período analizado, después de los dos mandatos kirchneristas.
La lectura requiere atención a la secuencia temporal: en 2020, el COVID-19 derrumbó el empleo formal en todos los sectores. La industria perdió decenas de miles de puestos en los primeros meses de la pandemia. La recuperación sostenida desde 2021 no solo compensó esa caída, sino que superó el nivel heredado de la gestión Macri.
El saldo positivo no implica que el modelo económico de Alberto Fernández haya sido exitoso en términos generales: la inflación superó el 200% en su último año, la pobreza se mantuvo alta y las reservas del Banco Central quedaron en niveles críticos. Pero en la variable específica de empleo industrial registrado, la gestión terminó mejor de como la recibió.
La recuperación fue parcial en términos históricos. El empleo industrial de 2023 seguía por debajo del pico alcanzado en 2013. La gestión de Alberto reconstruyó lo que Macri había destruido sin alcanzar los niveles de los años de mayor expansión kirchnerista.
Milei profundiza la destrucción industrial a un ritmo sin precedentes recientes
El gráfico muestra una variación de -47.187 empleos industriales bajo la gestión de Javier Milei, con una fecha de corte que el informe no especifica. La advertencia editorial es relevante: los datos más recientes indican que la destrucción continuó y se profundizó después de esa medición.
La consultora Audemus, en su Informe Sectorial 41 publicado en marzo de 2026, calculó una pérdida de 72.955 puestos industriales registrados entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025. El Observatorio IPA (Industriales Pymes Argentinos) estimó 79.672 empleos destruidos desde diciembre de 2023 hasta principios de 2026.
El informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, elaborado por los centros CEHEAL y AESIAL, va más lejos: calcula cerca de 100.000 puestos perdidos cuando se suman empleos formales e informales, a un ritmo de 160 por día o 5.000 por mes.
La destrucción no se concentró en una rama específica. La industria textil, la metalmecánica y el caucho y el plástico registraron sus peores niveles históricos fuera del año de confinamiento pandémico. La Utilización de la Capacidad Instalada Industrial (UCII) promedió 57,9% en 2025, el valor más bajo de la última década excluido 2020.
El ritmo de cierre de empresas agrava el panorama: desde diciembre de 2023 cerraron más de 24.000 empresas con empleados registrados, una caída acumulada de 4,8% del total, la peor en los primeros veintisiete meses de mandato desde que existen registros comparables, según el informe de la fundación FUNDAR.
El modelo económico del gobierno explica la lógica del deterioro: la apreciación del tipo de cambio real, la baja de aranceles para importaciones industriales y la contracción del consumo interno eliminan la rentabilidad de sectores que dependen del mercado doméstico y de barreras arancelarias para competir.
Los datos miden empleo registrado, no el trabajo en su totalidad
El OEDE contabiliza puestos asalariados registrados en empresas privadas del sector industrial. No mide informalidad, monotributo, autoempleo ni condiciones laborales. Esta aclaración importa para la lectura comparada.
Durante el período Menem, el empleo formal se mantuvo relativamente estable, pero la informalidad laboral creció hasta alcanzar el 37% de la población activa al final del mandato. El número neutral del gráfico oculta un deterioro real en las condiciones del mercado de trabajo.
Durante la gestión de Milei, el índice oficial de desempleo bajó en 2025, en parte porque trabajadores expulsados del empleo registrado migraron al pluriempleo, al trabajo informal o al autoempleo de baja productividad. Los datos del SIPA no capturan esa migración: registran solo su salida del empleo formal.
Con esa advertencia en mente, el empleo registrado sigue siendo el indicador más robusto disponible para comparar calidad del mercado laboral entre gestiones: un puesto con aportes, obra social y protección sindical tiene un valor distinto de un rebusque en la informalidad.
Una curva que traza el mapa de la política industrial argentina
La serie completa —desde Menem hasta Milei— dibuja un mapa que coincide con los ciclos de política industrial. Los gobiernos que sostuvieron un tipo de cambio competitivo, protegieron el mercado interno y promovieron la formalización generaron empleo fabril registrado. Los que abrieron la economía, apreciaron el peso y contrajeron el consumo lo destruyeron.
La suma de los dos períodos kirchneristas representa una creación neta de aproximadamente 498.000 empleos industriales registrados en doce años. La suma de los cuatro años de Macri más los primeros veintisiete meses de Milei ya supera los 220.000 empleos destruidos, con la gestión actual todavía en curso.
Esos números no son el resultado de un ciclo económico azaroso. Son la expresión de decisiones de política económica con consecuencias medibles en el empleo, en las fábricas y en las vidas de los trabajadores de la industria argentina.
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