Granja Tres Arroyos: trabajar menos y cobrar menos para no perder el empleo
La mayor avícola del país, Granja Tres Arroyos, formalizó un esquema de cuatro días semanales con el 65% del salario del día no trabajado. La crisis de la empresa expone el costo del modelo productivo de Milei.
El esquema tiene una lógica descarnada: trabajar menos y cobrar menos para no perder el trabajo. Eso es lo que acordaron los trabajadores de Granja Tres Arroyos en Concepción del Uruguay, la mayor empresa avícola del país, luego de meses de salarios pagados en cuotas, paros por falta de pago y una producción que se desplomó a menos de un tercio de su nivel histórico. La empresa formalizó esta semana un plan de reestructuración que recorta la faena a cuatro días semanales y reduce los ingresos de cerca de mil operarios. El acuerdo fue aceptado en asamblea no porque sea bueno, sino porque la alternativa eran los despidos masivos. La crisis de Tres Arroyos no es un accidente: es el resultado verificable de un modelo económico que abarató las importaciones, destruyó exportaciones y licuó el salario real de los consumidores que sostenían la cadena.
El acuerdo y lo que esconde
Granja Tres Arroyos avanzó con un modelo de ajuste que combina reducción de días de faena y recorte salarial como alternativa a los despidos. El caso más visible se dio en la planta de Concepción del Uruguay, donde trabajan cerca de mil empleados. A partir del 13 de abril no habrá actividad los días lunes. El dirigente del Sindicato de la Carne, Sergio Vereda, explicó que los días no trabajados se abonarán en un promedio cercano al 65% del salario. «Va a perder un poco de plata la gente, pero por suerte pudimos lograr que se abone el 65% del sueldo», dijo Vereda, quien remarcó que «no había muchas opciones, era aceptar esto o despidos».
El acuerdo tiene además una trampa técnica que agrava el impacto sobre los ingresos futuros. Ese 65% se pagaría bajo la modalidad de suma no remunerativa, un concepto que queda excluido del cálculo del salario básico, el aguinaldo, las vacaciones y los aportes previsionales, lo que implica un deterioro indirecto pero significativo de los ingresos futuros y de la protección social de los trabajadores.
La situación no se limita a una planta. En la planta de La Lonja, en el partido de Pilar, la empresa dispuso la suspensión de alrededor de 200 trabajadores en una medida que se extenderá por 180 días. El esquema allí implicó reducir la actividad a tres días semanales, con las jornadas no trabajadas abonadas al 50% del salario. La dificultad financiera alcanzó además a las cuentas de la empresa con el fisco local: el Municipio de Concepción del Uruguay embargó las cuentas de la firma por una deuda cercana a 1.000 millones de pesos correspondiente al no pago de tasas durante los últimos dos años, lo que generó preocupación entre los trabajadores justo cuando se debía abonar la quincena.
El derrumbe productivo
La crisis actual es el punto de llegada de un proceso de deterioro sostenido. La faena diaria habría caído de unos 700.000 pollos a aproximadamente 200.000, una contracción que muestra hasta qué punto la empresa opera hoy por debajo de los niveles que le permitieron consolidar su liderazgo en el sector.

El derrumbe productivo tiene correlato financiero directo. Según registros del Banco Central, el grupo acumula casi 2.000 cheques rechazados entre sus tres principales sociedades —Granja Tres Arroyos, Wade y Avex— por un total que supera los $26.400 millones. En paralelo, la empresa habría pasado de contar con más de 1.500 empleados a unos 700 en la actualidad, mediante retiros voluntarios, jubilaciones, reducción de horas extras y desvinculaciones selectivas. Durante 2025 salieron de la empresa cerca de 400 trabajadores entre despidos, retiros y acuerdos.
Desde marzo de 2024, los trabajadores vienen cobrando sus sueldos en cuotas, llegando a recibir pagos en hasta cinco partes. Muchos enfrentaron dificultades para pagar alquileres y tuvieron cortadas sus tarjetas, lo que limitó su acceso a alimentos y otros bienes esenciales. La dirigencia gremial describió con precisión el estado de situación: «Se va tirando como se puede, es el día a día tratando de ver si sale adelante, la verdad no sabemos lo que va a pasar», afirmó Vereda.
Los factores estructurales: tipo de cambio, importaciones y gripe aviar
La crisis de Granja Tres Arroyos no nació en un vacío. Tres factores del contexto macroeconómico la precipitaron y la explican.
El primero es el atraso cambiario. Un especialista del sector señaló que el fenómeno obedece a varios factores, aunque destacó que el principal está relacionado con la administración del tipo de cambio: una empresa que utiliza pollo como materia prima encuentra conveniente importar desde Brasil, país que devaluó su moneda y se volvió más competitivo frente a Argentina. El resultado fue un salto de las importaciones de carne aviar sin precedentes en décadas: entre enero y julio de 2025, las importaciones de carne aviar treparon a 12.951 toneladas, un incremento del 295% respecto del mismo período de 2024. De mantenerse la tendencia, el año habría concluido con más de 22.000 toneladas importadas, un volumen que requería retroceder hasta 2001 para encontrar una serie de años comparables.

El segundo factor son los brotes de gripe aviar, que golpearon la posición exportadora de la empresa en sus mercados de mayor valor. En 2025 el volumen exportado de carne aviar cerró en torno a las 169.000 toneladas, una caída interanual del 10,4%. El cierre de las exportaciones a mercados como el europeo, que consume productos de alto valor, redujo drásticamente los niveles de rentabilidad del sector. En el caso específico de Tres Arroyos, la situación fue más grave: la empresa arrastraba los efectos de una hepatitis que provocó que en una crianza se muriera entre el 30% y el 60% de un lote, a lo que luego se sumó el brote de gripe aviar.
El tercer factor es el que más preocupa al sector de cara al futuro. La apertura que impulsa Javier Milei con Estados Unidos encendió alarmas en la industria avícola: Argentina habilitará importaciones de pollo estadounidense pero sin acceso recíproco a ese mercado. El director del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas, Carlos Sinesi, advirtió que «en diez meses, Estados Unidos va a poder exportar pollo a la Argentina y nosotros no podremos exportarles a ellos». Estados Unidos es el primer productor mundial de carne aviar. La rentabilidad del sector, ya descrita como al límite, enfrenta con este acuerdo una presión adicional sin ninguna contrapartida exportadora.
El costo sobre los trabajadores y el tejido productivo
La situación de Tres Arroyos no es un caso aislado. Es el caso más visible de un proceso de destrucción del tejido industrial alimentario que los datos oficiales y privados confirman en forma sistemática. Los procedimientos preventivos de crisis, instancia previa a despidos o suspensiones en la que las empresas negocian con los sindicatos, subieron de 42 casos en 2023 a 131 en 2024 y 158 en 2025. En lo que va de 2026 ya se contabilizan 21 expedientes abiertos, entre ellos los de Lumilagro y el propio Granja Tres Arroyos.

Entre 2024 y 2025 se perdieron 72.955 puestos de trabajo en la industria manufacturera, es decir el 6% del empleo industrial. Las empresas que no cerraron optaron por deshacerse de sueldos y reducir turnos para seguir subsistiendo. Un informe del Grupo Atenas estima que, al sumar la destrucción de empleo indirecto ligado a insumos, servicios y logística, la industria ya acumuló más de 100.000 puestos de trabajo perdidos.
El deterioro del salario real es el elemento que cierra el círculo. Entre 2017 y 2025, un trabajador formal del sector privado resignó el equivalente a 16 salarios mensuales de poder adquisitivo. La Secretaría de Trabajo confirmó que entre septiembre y diciembre de 2025 el salario promedio del sector privado registrado acumuló una caída real del 2,4%, con solo 6 de 27 convenios superando la inflación en diciembre.
Esa licuación salarial deprime el mismo mercado interno que necesitan los trabajadores de Tres Arroyos para que sus productos se vendan. En el corazón del sector alimenticio se vive una contradicción cada vez más evidente: algunas ramas logran mejorar sus niveles de producción, pero el consumo interno continúa cayendo, afectado por una combinación de inflación acumulada, salarios licuados y pérdida del poder adquisitivo. El resultado es un modelo de «crecimiento sin mercado», donde las fábricas producen por debajo de su capacidad, acumulan stock, y terminan optando por estrategias defensivas.
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Un modelo que elige ganadores y perdedores
La paradoja es elocuente: la macro mejora, pero el tejido productivo no termina de estabilizarse. Lo que distingue la situación actual es que este aumento de conflictos empresariales ocurre en paralelo con indicadores de crecimiento de la actividad económica.
Para los trabajadores de Concepción del Uruguay, esa paradoja no es un dato estadístico. Es el acuerdo que firmaron esta semana: cuatro días de trabajo, el lunes sin faena, y el cobro de ese día en un concepto no remunerativo que no cuenta para el aguinaldo ni para la jubilación. El sindicato lo aceptó porque la alternativa era peor. La empresa lo propuso porque no tiene pollo para faenar. Y no tiene pollo para faenar porque el modelo económico del gobierno de Milei abarató las importaciones, cerró mercados de exportación sin política sanitaria activa, firmó acuerdos comerciales sin reciprocidad y licuó el salario de los consumidores que debían sostener la demanda interna.
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