La industria cayó 8,7%: el peor febrero desde 2009

La industria cayó 8,7%: el peor febrero desde 2009

El INDEC confirmó la octava caída consecutiva del sector manufacturero: 14 de 16 rubros en rojo, con alimentos y bebidas entre los más golpeados y más de 100.000 empleos destruidos en el ciclo.

 

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) del INDEC cayó 8,7% interanual en febrero y un 4% respecto de enero, encadenando la octava baja consecutiva. No es un tropiezo estadístico ni una anomalía de temporada: es la foto de una industria que no encuentra el piso. En el primer bimestre de 2026, el retroceso acumulado llega al 12% respecto al mismo período de 2025. En ese marco, el sector de alimentos y bebidas —el de mayor peso relativo dentro de la manufactura argentina— también cayó, arrastrando a toda la cadena que pone comida en la mesa de los argentinos.

 

La magnitud de la crisis: un mapa en rojo

El dato que publicó el INDEC esta semana no admite eufemismos. El deterioro fue generalizado: 14 de las 16 divisiones industriales mostraron caídas en febrero, lo que confirma que la crisis ya no es sectorial sino que atraviesa casi todo el entramado productivo.

El economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, lo expresó con claridad: la industria tuvo su peor febrero desde 2009, retrocediendo al nivel de actividad de junio de 2024. Un resultado poco optimista para proyectar los indicadores de empleo del primer trimestre del año.

Los números sectoriales son contundentes. Productos textiles cayó 33,2%; maquinaria y equipo, 29,4%; vehículos automotores, carrocerías y autopartes, 24,6%; otros equipos, aparatos e instrumentos, 24,6%; otro equipo de transporte, 19,8%, y prendas de vestir, cuero y calzado, 18,2%. Dentro de la industria automotriz, las ventas a concesionarios de vehículos nacionales se desplomaron 45,9% interanual, mientras que las exportaciones de unidades cayeron 37,2%, explicadas en parte por menor demanda desde Brasil.

En el rubro de aparatos domésticos, la producción de heladeras y lavarropas sufrió una caída interanual del 38%, ante la caída del consumo y la creciente competencia de productos importados. En maquinaria agropecuaria, la baja llegó al 37,7%, ante una menor producción y venta de tractores, cosechadoras, pulverizadoras autopropulsadas y sembradoras. Solo dos divisiones escaparon al rojo: refinación de petróleo y sustancias y productos químicos.

 

Alimentos y bebidas: cuando cae el sector que alimenta al país

El rubro de alimentos y bebidas es la columna vertebral de la industria manufacturera argentina. Su desplome en febrero es una señal de alarma que va más allá de las estadísticas. La división cayó 6,9% interanual, siendo la de mayor peso relativo en el IPI manufacturero.

Dentro del sector, el cuadro es desparejo pero mayoritariamente negativo. La molienda de oleaginosas retrocedió 21,9%, los productos cárnicos vacunos cayeron 8,2% y los productos avícolas 7,4%. Como única nota positiva dentro del rubro, los productos lácteos crecieron 8,1% interanual.

Esta contracción no ocurre en el vacío. El consumo masivo registró una caída interanual del 3,4% en febrero y del 2,1% en el primer bimestre, según datos de la consultora Scentia, considerando compras en supermercados, autoservicios, farmacias, e-commerce, mayoristas y kioscos. En supermercados, todos los rubros dieron negativo: alimentación cayó 1,1%, bebidas con alcohol 3,1%, bebidas sin alcohol 11,9% y desayuno y merienda 4,6%.

La industria se desplomó 8,7% en febrero

 

La causa no es un misterio. Los salarios registrados, privados y públicos, acumularon una pérdida del 7,3% real del poder adquisitivo entre septiembre de 2025 y enero de 2026. El consumo per cápita de productos masivos se ubicó en 2025 en apenas 78 puntos con base 100 en 2017: los argentinos consumen un 22% menos que hace ocho años en términos de bienes básicos.

Para el sector alimenticio, el panorama es crítico por la combinación de caída del consumo interno y cambios en las reglas del comercio exterior. El rubro protagoniza cierres y ajustes que impactan directamente en el empleo regional. Un caso emblemático ocurrió en Morón, donde el Frigorífico San Roque cerró definitivamente sus puertas, dejando 140 trabajadores en la calle ante la caída del consumo y el avance de las importaciones.

 

La cadena productiva bajo presión

La caída de la producción industrial no impacta solo en las fábricas. Cada eslabón de la cadena —proveedores, transportistas, distribuidores, comercios de proximidad— absorbe el golpe. Cuando una fábrica cierra, no cierra sola: arrastra al proveedor, al transportista, al comercio del barrio, advierten los economistas Martín Pollera y Mariano Macchioli del Grupo Atenas.

En los últimos dos años se perdieron más de 290.000 puestos de trabajo formales en Argentina. De ese total, la industria explica una parte central: 73.000 empleos industriales directos desaparecieron, a los que se suman otros 31.000 puestos indirectos vinculados a las cadenas productivas, superando los 104.000 empleos destruidos directa o indirectamente.

Mientras las principales potencias mundiales regresaron a esquemas de subsidios y protección de sectores estratégicos, el modelo argentino apuesta por una desregulación que está acelerando el desmantelamiento de líneas de producción.

La dimensión territorial del problema es igualmente alarmante. El peso del sector manufacturero en el PBI pasó de 16,5% en 2023 a 13,7% en 2025, y la provincia de Buenos Aires concentra el mayor impacto, con el conurbano bonaerense como epicentro de la destrucción del empleo industrial.

El tejido empresarial también se deshilacha. En apenas 24 meses, 2.436 empresas manufactureras dejaron de realizar aportes al sistema de seguridad social, representando la desaparición del 5% del total de las firmas del sector. El ritmo de cierres es tan severo que la cantidad de unidades productivas activas se encamina a perforar los mínimos históricos registrados durante la pandemia de COVID-19 en 2020.

El director del CEPA, Hernán Letcher, advirtió que el nivel de actividad industrial se mantiene casi 10 puntos por debajo del promedio de enero a noviembre de 2023, previo a la asunción de Milei, y que desde el último pico de mayo de 2025, la producción industrial se ubica 5,8 puntos por debajo.

 

El contexto político y económico: apertura, ajuste y tensión

La crisis industrial no es un fenómeno meteorológico: tiene causas y tiene responsables. Este resultado se conoce en un contexto delicado, en el que la apertura económica dispuesta por el Gobierno, con el consecuente ingreso de un gran volumen de productos importados que compiten con los nacionales, golpea a buena parte de las empresas locales.

La caída de la demanda interna se mantiene como el principal problema del sector, identificada por el 46,1% de las empresas encuestadas por la UIA. La preocupación por la competencia de productos importados pasó de no registrar menciones en octubre de 2024 a representar el 19,4% de las respuestas en enero de 2026, en un contexto de mayor apertura comercial y apreciación cambiaria.

El modelo económico libertario sigue haciendo estragos en la industria nacional.

 

La tensión entre el Gobierno y la industria es abierta. El presidente Milei cuestionó duramente a industriales como Paolo Rocca —a quien tildó de «Don chatarrín»— y a Javier Madanes Quintanilla —»Don Gomita Alumínica»—, apuntando a los precios que cobra la industria local en comparación con los productos importados. Desde la UIA, su presidente Martín Rappallini respondió con un pedido de respeto: reclamó recuperar el diálogo con el Gobierno y subrayó que el debate sobre precios no puede desconectarse de los costos estructurales, la demanda interna y las condiciones de financiamiento.

Mientras las principales potencias mundiales regresaron a esquemas de subsidios y protección de sectores estratégicos, el modelo argentino apuesta por una desregulación que está acelerando el desmantelamiento de líneas de producción. La pérdida de capital humano calificado —operarios que difícilmente regresen al sector una vez que se vuelcan a la informalidad— sugiere que la reconstrucción del entramado fabril demandará años de estabilidad.

 

Una herida que ya no es coyuntural

La magnitud de lo que ocurre con la industria argentina en 2026 obliga a mirar el pasado para dimensionar la gravedad del presente. Entre 1976 y 2001, bajo modelos liberales de distinto signo, la industria sufrió una contracción del 10,3% en términos de valor agregado. Pero entre 2011 y 2024, la segunda oleada de desindustrialización identificada por el investigador Pablo Manzanelli para FLACSO y CIFRA fue aún más pronunciada: una caída del 19% en cifras absolutas.

Argentina registró en el bienio 2024-2025 la segunda peor caída industrial del mundo, en contraste con vecinos como Brasil, que creció 3,5%, y Chile, que creció 5,2%. El coeficiente de industrialización —la participación de la industria en el PBI—, que había trepado al 25,8% en 1974, cayó al 17,3% en 2002 y descendió nuevamente hasta el 15,3% en 2024. La tendencia se profundiza.

Cuando una fábrica cierra, el daño rara vez es transitorio. Con el tiempo, las instalaciones quedan obsoletas, el capital humano técnico se deteriora y las cadenas productivas se desarman. Reconstruir la capacidad industrial perdida puede resultar mucho más difícil que mantenerla. Los economistas del Grupo Atenas le pusieron un nombre a este proceso: una «glaciación productiva». Un enfriamiento lento pero persistente que, en el sector de alimentos y bebidas, se traduce en menos trabajo, góndolas que se vacían de productos nacionales y familias que recortan lo que comen.

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