Informe laboral del CEPA

Un informe del CEPA con datos de la SRT contabiliza 28.262 empleadores menos entre noviembre de 2023 y abril de 2026. La industria es el sector más golpeado.

 

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) publicó un informe que cuantifica el deterioro del mercado laboral durante la gestión de Javier Milei. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 28.262 empleadores y se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, según los datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. La industria manufacturera encabeza la destrucción de empleo y la alimentación siente el impacto en toda su cadena.

Treinta empresas cierran por día desde noviembre de 2023

El estudio, elaborado sobre la base del sistema de Seguridad Social que releva la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), compara la situación al momento del ballotage de noviembre de 2023 con los últimos datos disponibles, correspondientes a abril de 2026.

La cantidad de empleadores pasó de 512.357 a 484.095 en 29 meses. La contracción de 28.262 empresas equivale a 30 cierres por día y confirma una tendencia negativa sostenida en el tejido empresarial argentino.

El sector de Comercio fue el más afectado en términos absolutos, con 7.567 empleadores menos. Le siguen Transporte y almacenamiento (-6.523), Servicios inmobiliarios (-3.985) y la Industria manufacturera, que perdió 3.617 empresas en el período.

En términos relativos, Transporte y almacenamiento retrocedió un 16,5%, un dato crítico para la industria alimenticia porque encarece la logística de distribución de productos frescos y procesados. La construcción se contrajo un 9,1% y la industria manufacturera, un 7,3%.

La industria manufacturera encabeza la pérdida de puestos

La cantidad de trabajadores registrados en unidades productivas se redujo un 3,46% en el período, al pasar de 9.857.173 a 9.515.777. La pérdida de 341.396 puestos equivale a 385 trabajadores menos por día desde la asunción del actual gobierno.

La industria manufacturera es el sector más castigado en términos absolutos: perdió 82.173 trabajadores registrados entre noviembre de 2023 y abril de 2026, según el informe del CEPA.

 

Detrás de la industria se ubican la Administración pública (-76.862 puestos), la Construcción (-75.426) y el Transporte y almacenamiento (-65.827). En términos relativos, la construcción lidera la caída con un retroceso del 15,8% de su plantilla registrada.

El CEPA atribuye la caída a una combinación de factores: la eliminación de subsidios, la flexibilización laboral, la menor inversión en sectores tradicionales y un posible traslado de trabajadores al empleo informal, con el consecuente deterioro de salarios y estabilidad.

Las grandes empresas concentran la expulsión de trabajadores

El informe desagrega la dinámica por tamaño de empresa y encuentra dos fenómenos distintos. Los cierres se concentran en las pymes: el 99,77% de los empleadores que desaparecieron tenía hasta 500 trabajadores, con 28.196 empresas menos en el período.

La expulsión de trabajadores, en cambio, se concentró en las firmas de gran porte. El 68,65% de la caída total del empleo registrado, equivalente a 234.354 puestos, se produjo en empresas de más de 500 trabajadores, que redujeron su personal un 4,90%.

La capacidad industrial instalada se encuentra paralizada en los últimos años.

 

Las empresas de hasta 500 empleados recortaron 107.042 puestos, el 31,35% del total, con una baja del 2,11% de su dotación. El dato desarma el argumento oficial de que el ajuste recae solo sobre estructuras chicas: las grandes compañías achicaron sus plantillas a un ritmo más que duplicado.

Ese patrón coincide con el relevamiento industrial de la UIA de enero de 2026, que registró un impacto negativo en el empleo mayor en medianas y grandes empresas que en las micro y pequeñas, por el menor margen de ajuste por otras vías en las firmas de mayor tamaño.

El empleo en casas particulares funciona como termómetro social

El trabajo en casas particulares perdió 28.267 puestos registrados, al pasar de 629.660 a 601.393 empleos entre noviembre de 2023 y abril de 2026. La caída equivale a poco más de 35 puestos por día.

El CEPA subraya el valor de ese indicador: al carecer de la protección de grandes empresas y convenios colectivos fuertes, el empleo doméstico reacciona rápido ante cualquier crisis. Su caída revela que los hogares ajustan gastos y que el trabajo precario avanza.

Al sumar unidades productivas y casas particulares, el empleo privado registrado pasó de 10.486.833 a 10.117.170 personas. La destrucción de 369.663 puestos en poco más de dos años equivale a 420 empleos registrados que desaparecen por día.

La industria de alimentos produce más con menos trabajadores

La alimentación exhibe una paradoja que atraviesa todo el período. Alimentos y bebidas integra el reducido grupo de ramas industriales que operan por encima de noviembre de 2023, con un crecimiento acumulado del 5%, junto a la refinación de petróleo y los productos químicos.

El sector también lidera el uso de capacidad instalada dentro de la industria: 63,6% en diciembre de 2025, contra un promedio general del 53,8%, según el INDEC. En el Monitor de Desempeño Industrial de la UIA de enero, Alimentos, Bebidas y Tabaco figuró entre los rubros de mejor desempeño relativo, aunque en zona de contracción.

La producción sostenida convive con cierres y ajustes que golpean al empleo. Un informe de Fundar registró la vigésimo segunda caída interanual consecutiva en la cantidad de empresas del país, con casos emblemáticos en la alimentación: el frigorífico San Roque cerró en Morón con 140 despidos.

Georgalos aplicó suspensiones de personal por la merma de ventas y la cervecería Quilmes redujo de 260 a 80 los trabajadores de una planta inaugurada en 2020. La crisis de Granja Tres Arroyos, con plantas paralizadas y salarios en cuotas, completa el cuadro de una cadena de valor bajo presión.

La industria de alimentos y bebidas explica el 30% del PBI industrial, concentra el 33% del empleo industrial registrado con más de 416.000 puestos formales directos y genera el 39% de las exportaciones nacionales. Cada punto de empleo que pierde impacta en las economías regionales de todo el país.

El agro y la minería crecen sin compensar la caída general

El informe identifica tres sectores que ganaron empleo en el período, con el agro a la cabeza. Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca sumó 28.059 trabajadores registrados, un crecimiento del 8,3% que lo convierte en el rubro de mejor desempeño relativo.

Salud humana y servicios sociales incorporó 15.934 puestos (+4,3%) y la explotación de minas y canteras agregó 3.549 empleos (+3,7%). Los tres sectores combinados suman 47.542 puestos nuevos, una cifra que cubre apenas el 14% de los 341.396 empleos perdidos en el total de unidades productivas.

El dato revela el perfil del modelo económico en curso: crecen las actividades extractivas y primarias, de menor densidad de empleo por unidad de producto, mientras retroceden la industria, la construcción y el transporte, los sectores que históricamente traccionaron el trabajo registrado de calidad.

Para la cadena alimenticia, la expansión del empleo agropecuario ofrece una lectura ambivalente. La producción primaria gana dinamismo exportador, pero el valor agregado industrial, donde se concentran los convenios colectivos y los mejores salarios de la cadena, sigue expulsando trabajadores.

La caída del consumo interno explica el ajuste de las empresas

El deterioro del empleo registrado se retroalimenta con la debilidad del mercado interno. Un informe del Banco Provincia registró una fuerte retracción acumulada de las compras en supermercados y alimentos, mientras crecen los gastos destinados a impuestos y servicios.

La facturación de los supermercados corre por detrás de la inflación: en abril las ventas cayeron 3,7% interanual, la segunda peor marca del año detrás de marzo. Las tarjetas de crédito lideran las formas de pago, un indicador del estrés financiero de los hogares.

La encuesta de tendencia de negocios del INDEC completa el diagnóstico. El 53,5% de las empresas manufactureras identificó la insuficiencia de demanda interna como el principal límite para producir más, muy por encima del costo laboral o la presión impositiva.

El círculo se cierra sobre el empleo: hogares con menos ingresos consumen menos alimentos elaborados, las empresas ajustan producción y plantillas, y cada puesto perdido reduce a su vez la masa salarial que sostiene el consumo. Los datos de la SRT cuantifican el resultado de esa espiral.

La UIA confirma la sangría del empleo industrial

Los datos del CEPA convergen con los de la propia central fabril. La directora ejecutiva de la UIA, María Laura Bermúdez, afirmó ante la comisión de Industria de Diputados que desde agosto de 2023 se perdieron 75.000 puestos de trabajo industriales directos.

Las proyecciones agravan el panorama. La consultora Industria y Desarrollo, dirigida por el ex director ejecutivo de la UIA Diego Coatz, estima que durante 2026 se perderán 105.000 empleos vinculados a la industria, entre 60.000 directos y 45.000 indirectos.

El diagnóstico empresario coincide en el origen del problema. El 46,1% de las firmas relevadas por la UIA identifica la caída de la demanda interna como su principal desafío, y la dificultad para competir con importados escaló del 0% al 19,4% de las menciones desde octubre de 2024.

La informalidad avanza sobre el empleo protegido

El informe advierte que la pérdida de puestos registrados implica un deterioro que excede la cantidad de empleos. El posible traslado de trabajadores al circuito informal afecta salarios, aportes jubilatorios, cobertura de salud y la estabilidad laboral de amplios sectores de la población.

La dinámica del empleo doméstico ilustra el mecanismo: muchas trabajadoras de casas particulares pasan a desempeñarse en negro para conservar el ingreso cuando los hogares recortan gastos. El mismo desplazamiento opera en el resto de la economía cuando las empresas cierran o achican sus plantillas formales.

El fenómeno tiene consecuencias directas para el mundo sindical. Cada trabajador que sale del empleo registrado queda fuera del alcance de los convenios colectivos, de las paritarias y de la representación gremial, en un contexto donde la reforma laboral avanza sobre las instituciones del trabajo protegido.

La discusión llega además en un momento de deterioro salarial acumulado. Con la caída del poder adquisitivo como telón de fondo, la pérdida de 341.396 puestos registrados en unidades productivas debilita la posición negociadora de los trabajadores que conservan su empleo.

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