Industria: 24.000 empresas cerradas y el sector alimentario golpeado

Industria: 24.000 empresas cerradas y el sector alimentario golpeado

La destrucción del tejido productivo bajo la gestión Milei alcanza niveles comparables a la pandemia. La industria alimentaria acumula frigoríficos cerrados, suspensiones masivas y pérdida de puestos de trabajo, mientras el Gobierno prioriza importaciones y ancla salarios.

 

El peor resultado desde 2003

Desde que Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, Argentina perdió 24.180 unidades productivas La industria cruje y el fenómeno se acentúa al ritmo de las importaciones y la contracción del consumo. El dato surge del Monitor Mensual de Empresas elaborado por Fundar a partir de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), y marca el período de mayor caída neta del tejido empresarial en la historia comparada de los primeros dos años de un gobierno nacional.

El punto de partida era de 512.357 empresas registradas. El punto de llegada, a diciembre de 2025, es de 488.177. En términos porcentuales, la contracción alcanza el 4,7% del total de unidades productivas del país, una magnitud que la propia organización Fundar compara con el colapso registrado durante la pandemia de 2020.

Solo en 2025, el cierre neto sumó 10.392 empresas, lo que implica 22 meses consecutivos de caídas interanuales y 15 meses de caídas mensuales sin interrupción. El dato de diciembre de 2025 —670 empresas menos respecto al mes anterior— consolidó el decimoquinto retroceso mensual consecutivo. Con este panorama, el actual gobierno acumula la peor performance en los primeros 25 meses de gestión desde 2003.

 

La industria fabrica desempleo

La destrucción de empresas no es un fenómeno administrativo: es destrucción de empleo. Según datos de la Secretaría de Trabajo basados en el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron cerca de 300.000 puestos asalariados registrados. Solo durante 2025, la caída fue de 106.200 empleos bajo relación de dependencia, compensada estadísticamente por el crecimiento del monotributo —104.800 nuevos inscriptos— que no equivale a trabajo formal ni garantiza protección sindical.

 

La industria manufacturera concentró una parte decisiva de ese deterioro. Según el informe sectorial de la consultora Audemus, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 se perdieron 72.955 puestos industriales registrados, equivalentes al 6% de la plantilla manufacturera total. La industria expulsó trabajadores en 16 de los 24 meses del período analizado, y la contratación no reaccionó ni en los momentos de leve recuperación técnica de la actividad: el sector privado industrial entró en modo supervivencia, es decir, reducir costos laborales para evitar el cierre definitivo.

En el análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sobre el mismo período, la industria manufacturera figura entre los cinco sectores más afectados: perdió 2.436 empleadores, equivalentes a casi 30 empresas menos por día a lo largo de todo el período, considerando el total de sectores.

El sector alimentario: cierres con nombre y apellido

El rubro alimentario no fue ajeno a esta dinámica. En la provincia de Buenos Aires, uno de los territorios con mayor concentración industrial del país, el registro de cierres y conflictos es extenso: el Frigorífico San Roque cerró definitivamente su planta en Morón con 140 despidos; el Frigorífico General Pico desvinculó a casi 200 operarios; la planta de Lamb Weston en Munro echó a 100 trabajadores. Alimentos Refrigerados (ARSA) entró en quiebra con despidos en plantas de Buenos Aires y Córdoba, afectando a cerca de 400 empleados.

Lamb Weston cerró su planta de Munro y despidió a 100 personas.

 

Las suspensiones alcanzaron incluso a empresas de primer nivel. Georgalos —creadora del Mantecol, con 600 operarios en su planta de Victoria, San Fernando— implementó suspensiones rotativas desde el último trimestre de 2025, bajo el argumento de un «drástico derrumbe en las ventas». Las nuevas rondas de 2026 llegaron a alcanzar a delegados sindicales y trabajadores con más de 30 años de antigüedad. Cervecería Quilmes redujo su plantilla en la planta de Zárate de 260 a 80 trabajadores: una caída del 69% en una instalación inaugurada en 2020. Lácteos Verónica puso en riesgo 700 puestos de trabajo directos por deudas y paralización de plantas. Granja Tres Arroyos acumuló retrasos salariales para más de 1.000 trabajadores en Buenos Aires.

El sector en el que se produjeron despidos o suspensiones en la provincia de Buenos Aires incluye, entre otros, a PepsiCo, La Serenísima, Molinos Río de la Plata, Royal Canin, Sancor, CCU y Harinas Bajo Hondo, con municipios afectados que van desde Morón hasta Tres Arroyos.

 

Dos causas, un resultado

Los datos de la propia industria confirman cuáles son los factores que explican el colapso. Según un relevamiento del portal, el 46,1% de las empresas del sector identifica la caída de la demanda interna como su principal problema. Y la presión de las importaciones escaló del cero al 19,4% de los problemas declarados por las empresas entre octubre de 2024 y enero de 2026.

Ambos fenómenos tienen una causa común en las decisiones de política económica del Gobierno: el ancla salarial que deteriora el poder de compra de los trabajadores —y, con él, el consumo de alimentos procesados— y la apertura de importaciones que sustituye producción nacional por bienes terminados del exterior. La combinación configura un modelo que el STIA Buenos Aires denominó, en reiteradas ocasiones, «industricidio».

 

La excepción que confirma la regla

El único distrito que mostró comportamiento positivo en la cantidad de empleadores durante el período fue Neuquén, impulsado por la actividad extractiva vinculada a Vaca Muerta. En el extremo opuesto, La Rioja perdió el 16,06% de sus empresas, seguida por Catamarca (-7,83%), Chaco (-10,93%), Tierra del Fuego (-10,48%) y Corrientes (-10,26%). La concentración de cierres en las grandes provincias industriales y en los centros urbanos densamente poblados refuerza el carácter sistémico del fenómeno: no se trata de ajustes locales o sectoriales, sino de una contracción estructural del entramado productivo.

 

El empleo alimentario, en el centro

El sector alimentario genera más de 416.000 puestos de trabajo formales y explica el 39% de las exportaciones nacionales. Según el informe de Ceta Capital Humano sobre el mercado laboral del segundo semestre de 2025, la producción alimenticia fue el tercer sector en demanda de empleo, con el 13% de las búsquedas laborales. Ese peso productivo convierte cada cierre de planta en algo más que un número, es un impacto sobre economías regionales concretas, cadenas de valor que se interrumpen y trabajadores que pierden el acceso al empleo registrado.

Para el sector gremial de Alimentación no hay recuperación macroeconómica genuina que no pase por recuperar el consumo de los trabajadores, reactivar el mercado interno y proteger la producción nacional. Mientras el Gobierno celebra estabilidad cambiaria y baja de la inflación, las persianas del sector alimentario siguen bajando.

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