IA en la industria: tecnología que avanza y empleo en juego

IA en la industria: tecnología que avanza y empleo en juego

La inteligencia artificial (IA) cada vez opera en más eslabones de la cadena productiva, de comercio y consumo. Los datos son concretos, los casos están documentados y el impacto sobre el empleo es medible. Mientras las grandes empresas del sector evalúan y adoptan estas tecnologías, el sindicalismo mundial debate cómo negociar sus condiciones. En Argentina, la discusión todavía no empezó.

 

La inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa para convertirse en una herramienta concreta de transformación productiva. En la industria de alimentación, su avance alcanza cada eslabón de la cadena: desde las líneas de amasado y horneado hasta el envasado, la logística y la reposición en góndola. Un informe oficial del Ministerio de Trabajo argentino cuantificó la exposición del empleo formal a la automatización y los números son de atención para el sindicalismo. Los gremios de Europa y el mundo comenzaron a ensayar respuestas concretas y a delinear políticas concretas que permitan mitigar el impacto de la IA en la industria.

 

El avance ya es concreto

La inteligencia artificial transformó los procesos productivos en la industria alimentaria a un ritmo que pocos imaginaban hace apenas cinco años. No se trata de proyecciones: las aplicaciones existen, están en uso y generan impactos medibles sobre los puestos de trabajo. En las plantas más modernas del sector, sistemas dotados de sensores, cámaras y algoritmos de visión artificial monitorean en tiempo real la temperatura de cocción, la consistencia de las masas, la inocuidad de los productos y los defectos de envasado. Lo que antes requería la presencia constante de un operario calificado hoy puede ser ejecutado y supervisado por software que aprende, se ajusta y no descansa.

Desde el INTA, investigadores como la doctora Analía Colletti señalan que áreas clave como la agricultura de precisión, la automatización, la manufactura aditiva y la inteligencia artificial permiten hoy optimizar el manejo de cultivos, la producción ganadera y la elaboración de alimentos con requisitos nutricionales específicos. La tecnología ya está disponible, en algunos casos a costos decrecientes, y la presión competitiva sobre las empresas del sector para adoptarla es real y creciente.

Estimaciones de McKinsey & Company proyectan que la inteligencia artificial podría revalorizar el sector agroalimentario global en más de 127 mil millones de dólares para 2030. El mercado de IA en alimentos y bebidas, valorado hoy en casi 10 mil millones de dólares, se proyecta en casi 49 mil millones para 2029, aunque su aplicación en Argentina sigue siendo baja. Esa brecha entre la escala global del fenómeno y la adopción local no significa que el país esté a salvo de sus consecuencias. Significa que la transformación llegará de forma más comprimida y con menos tiempo para prepararse.

 

Amasado y hornos: los primeros puestos en riesgo

El proceso de amasado y formado de masas es uno de los más intensivos en mano de obra dentro de las plantas de elaboración de productos farináceos y es también uno de los primeros en ser alcanzados por la automatización. Los sistemas robotizados disponibles en el mercado pueden amasar y formar masas con gran precisión, garantizando uniformidad en el tamaño y la textura del producto final, y pueden trabajar sin descanso, aumentando la capacidad de producción. Las amasadoras inteligentes de última generación incorporan además sensores que monitorean la consistencia de la masa en tiempo real y ajustan velocidad, temperatura y tiempo de trabajo de manera autónoma.

La inteligencia artificial ya opera en cada eslabón de la cadena de producción de alimentos.

 

El impacto sobre la dotación es directo. Una panadería industrial que robotizó su etapa de formado y carga al horno registró una mejora de quince puntos en la tasa de calidad superior del producto y logró pasar de una referencia a otra en menos de diez minutos, frente a la hora que antes demandaba ese proceso. No se trata de un caso aislado: es la lógica que habilita la tecnología disponible hoy para cualquier empresa que pueda financiar la inversión inicial. La carrera por la tecnologización de los procesos no es pareja y el panorama no parece ser bueno para las PyMEs sin la intervención del Estado.

Los hornos industriales modernos están equipados con tecnologías que permiten un control automatizado de la temperatura y la humedad. Estos sistemas pueden ajustar los parámetros de cocción en función del tipo de producto, garantizando una cocción uniforme y optimizando el uso de energía. Los sensores dentro de los hornos permiten monitorización en tiempo real, mejorando la calidad y reduciendo el desperdicio. El perfil del hornero industrial, que históricamente requería experiencia acumulada y presencia constante, es exactamente el tipo de puesto que los modelos de automatización identifican como de alta sustituibilidad: sus tareas son regulares, predecibles y medibles.

Las fermentadoras no escapan a esta lógica. Las fermentadoras inteligentes permiten un control automatizado de la temperatura y la humedad, optimizando el proceso de fermentación y asegurando que los productos tengan la textura y el sabor deseados. Cada una de estas aplicaciones concretas representa un puesto de trabajo cuya función central puede ser ejecutada sin intervención humana directa.

 

Envasado: el sector más automatizado de la cadena

El envasado es hoy el segmento con mayor penetración de robótica en la industria alimentaria global. El mercado mundial de robótica alimentaria se valoró en 2.550 millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcanzará casi 20.000 millones para 2035, con una tasa de crecimiento anual compuesta superior al 22%. El segmento de alimentos congelados y envasados concentra más del 45% del uso de robots en la industria.

Los robots de recogida y colocación representan casi el 35% de los sistemas implementados. El uso de sistemas de visión robótica ha aumentado: el 40% de las instalaciones incorporan cámaras habilitadas con inteligencia artificial para clasificación precisa y detección de defectos.  Estos sistemas detectan errores de etiquetado, anomalías en el sellado y productos fuera de especificación a velocidades que ningún operario puede igualar en condiciones de producción continua.

Los casos documentados son elocuentes. Un productor de yogures automatizó su envasado secundario y paletización con cuatro robots que cubren la producción de ocho líneas de envasado primario. El retorno de la inversión se alcanzó en menos de tres años gracias a la eliminación de seis puestos y al aumento del treinta por ciento del volumen procesado. Un embotellador de jugos que integró sistemas de visión para controlar el nivel de llenado y presencia de tapón redujo las reclamaciones de clientes en un setenta por ciento. Estos números son los que los departamentos de finanzas de las grandes empresas alimentarias del país ya están evaluando.

 

El repositor y la góndola: el caso Coto

La automatización no se detiene en la puerta de la planta. Llega también al punto de venta. Coto evalúa implementar un plan de incorporación de robots en sus operaciones para automatizar parte de la logística interna y complementar las tareas de los repositores en las góndolas. En diciembre de 2024, la cadena incorporó en su sucursal más moderna, en Mar del Plata, el robot DINERBOT T10 de KEENON Robotics: un equipo autónomo con sensores 3D, cámaras de navegación y pantalla interactiva, capaz de transportar hasta 10 kg con una batería de hasta 8 horas de autonomía.

La empresa analiza especialmente el sistema de Alibaba, que emplea robots llamados Quicktron para mover estanterías completas con intervención humana mínima. Coto emplea actualmente a más de 23.000 personas en supermercados, frigoríficos y centros logísticos. El impacto potencial sobre esa dotación, si los planes de automatización avanzan, es un dato que la representación gremial del sector no puede ignorar.

A nivel global, el antecedente más contundente lo puso Amazon. Documentos internos revelados en 2025 indicaron que la compañía planea evitar la contratación de hasta 600.000 trabajadores en Estados Unidos antes de 2033 mediante robots autónomos e inteligencia artificial para clasificación, empaquetado y transporte. El ahorro operativo estimado es de 12.600 millones de dólares entre 2025 y 2027. El sitio Food Retail detalla que el repositor que hoy recorre góndolas compite, en la lógica de las grandes cadenas, con sistemas de visión artificial que escanean los estantes en tiempo real y generan órdenes de reposición automáticas.

 

Los números que el sindicalismo no puede ignorar

El impacto sobre el trabajo en Argentina no es especulativo. Un informe del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social elaborado con datos del SIPA y el Centro Interinstitucional en Ciencia de Datos de la UBA indica que el 54% del empleo formal privado en Argentina —equivalente a aproximadamente 3,01 millones de puestos de trabajo— se encuentra en ocupaciones donde al menos la mitad de sus tareas podrían ser ejecutadas por inteligencia artificial generativa.  Según infoNativa el sector de industrias manufactureras aparece como uno de los más expuestos, con marcada inclinación hacia la automatización.

La proporción de puestos que serían directamente sustituidos asciende al 22%, unos 676 mil empleos de oficina. Pero hay un dato que merece atención específica: la diferencia de exposición entre grandes empresas y pequeñas es de apenas cinco puntos porcentuales: el 56% del empleo en las grandes y el 51% en las pequeñas presentan alta exposición. Esto significa que el riesgo no se concentra en las multinacionales sino que alcanza también a las PyMEs alimentarias, que son las que dan trabajo a la mayor parte de las trabajadoras y trabajadores del país.

Según Randstad Argentina, los trabajadores con habilidades en inteligencia artificial ganan actualmente un 56% más que sus pares sin esa formación. Esa brecha no es un incentivo neutral: es el mapa de una desigualdad que ya está en curso. El mercado laboral de 2025 confirmó que la producción alimenticia representa el 13% de los puestos generados en Argentina, con perfiles predominantemente operativos: operarios de depósito, pickers, técnicos de mantenimiento.

 

Cómo responden los sindicatos en el mundo

El sindicalismo internacional no esperó a tener todas las respuestas para empezar a actuar. En octubre de 2025, IndustriALL —la federación sindical global que agrupa a trabajadores de la industria en más de 140 países— publicó un documento de política específico sobre inteligencia artificial. El texto identifica cinco áreas prioritarias de acción sindical: la gestión algorítmica y la privacidad de datos; el empleo de calidad y el desarrollo de competencias; la salud y seguridad en el trabajo; la redistribución de la riqueza y la productividad; y los derechos laborales y la negociación colectiva. La federación fue explícita: la IA ya no es una perspectiva lejana, está transformando los sectores industriales a través de la automatización, la robótica y los sistemas de gestión basados en datos.

En España, la UGT elaboró un manual específico para la negociación colectiva frente a la inteligencia artificial. El documento proporciona orientación y herramientas prácticas para los sindicatos en la negociación de convenios colectivos que aborden el impacto de la IA en las relaciones laborales, y reconoce el derecho de los trabajadores a no ser objeto de decisiones basadas únicamente en variables automatizadas, así como el derecho a la no discriminación en relación con los procesos algorítmicos. En Italia, trabajadores de una aplicación de delivery invocaron normativas de protección de datos para impugnar un algoritmo que los clasificaba y penalizaba por ausentismo sin considerar las causas. El caso sentó un antecedente jurídico relevante para el sindicalismo europeo.

La Confederación Sindical Internacional (CSI) fue más directa. El organismo reclama negociación colectiva obligatoria en la implantación de sistemas de inteligencia artificial, formación y reconversión justa para quienes vean transformadas sus tareas, y reparto equitativo de las ganancias de productividad derivadas de la automatización. No se trata de resistir la tecnología sino de negociar sus condiciones de adopción: quién decide qué se automatiza, en qué plazos, con qué garantías para los trabajadores desplazados y con qué participación de la representación gremial en ese proceso.

El Comité Económico y Social Europeo aprobó en 2025 el primer dictamen institucional europeo que aborda específicamente el impacto de la IA sobre el empleo y los derechos laborales. Entre sus propuestas se encuentran el establecimiento del control humano sobre las decisiones automatizadas, la realización de evaluaciones previas de impacto sobre los derechos fundamentales en sistemas de alto riesgo y el cierre de lagunas normativas en materia de protección laboral. Europa avanza hacia un marco regulatorio mientras que en Argentina, ese debate todavía no empezó.

 

El desafío que viene

La experiencia internacional muestra que el sindicalismo que llegó tarde al debate tecnológico pagó un costo alto. Las transformaciones avanzaron de todos modos, pero sin negociación, sin reconversión y sin protección para los trabajadores desplazados. El movimiento obrero argentino tiene hoy la oportunidad de no repetir ese error, pero esa oportunidad tiene fecha de vencimiento.

El Foro Económico Mundial estimó que aunque se esperaba la creación de 97 millones de nuevos empleos para 2025, 85 millones de puestos desaparecerían debido a la automatización. Esto implica una reorganización del trabajo entre humanos, máquinas y algoritmos que requiere una adaptación significativa. La industria alimentaria no es la más afectada en términos proporcionales, pero sí es la que más empleo operativo concentra y la que menos margen de reconversión espontánea tiene para sus trabajadores si el proceso ocurre sin planificación.

Incorporar en las negociaciones paritarias cláusulas sobre transparencia tecnológica —que las empresas informen qué procesos están siendo automatizados—, garantías contra despidos por incorporación de sistemas automatizados sin programas de transición, y fondos de capacitación digital para los trabajadores de línea deberían ser demandas posibles teniendo como referencia  experiencias del sindicalismo europeo. En  Argentina, la mayoría de los Convenios Colectivos de Trabajo fueron  creados en otro escenario tecnológico y para otro contexto productivo, sin embargo, la lucha por garantizar el bienestar de los trabajadores, defender los derechos laborales y los derechos adquiridos, sigue siendo la atribución natural de los gremios que deberán asumir un nuevo desafío en un escenario político hostil y poco proclive a escuchar las necesidades de los sectores asalariados.

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