Cierre tras cierre: el costo productivo del experimento libertario

Cierre tras cierre: el costo productivo del experimento libertario

Más de 21.900 empresas formales cerradas y cerca de 300.000 empleos registrados perdidos desde diciembre de 2023, en medio de una política de apertura importadora y baja protección productiva.

 

Durante los primeros dos años de la presidencia de Javier Milei, Argentina atravesó una fuerte contracción de su tejido productivo. El sector industrial, junto con pymes y plantas históricas, experimentó cierres, quiebras y paralizaciones que impactaron en miles de familias. Desde la fábrica de neumáticos FATE hasta Lácteos Verónica y ARSA, la foto productiva revela el efecto de una política económica marcadamente orientada hacia la liberalización y la especulación financiera, con escasa activación de mecanismos de sostén productivo.

Un tejido productivo que se deshilacha

Según cifras oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 el número de empleadores con trabajadores registrados en Argentina cayó de 512.357 a 490.419, lo que implica una desaparición de 21.938 empresas en dos años, con un promedio de casi 30 cierres por día. En el mismo período, el total de puestos de trabajo registrado se redujo en 290.600 empleos.

Fate anunció el cierre de su planta tras 80 años de actividad como fabricante de neumáticos.

 

La retracción productiva afectó especialmente a empresas de menor tamaño: más de 99 % de los cierres correspondieron a compañías con menos de 500 empleados. Aunque también hubo impactos en firmas de mayor escala, lo que subraya un deterioro amplio del sector empresarial formal.

Este entorno de cierre de fábricas ha cruzado múltiples sectores, desde manufactura y textil hasta alimentación e industria pesada, configurando una radiografía que muestra a la producción en retroceso frente a un modelo económico con fuerte apertura de importaciones, altas tasas de interés y bajo sostén a la actividad industrial.

Casos emblemáticos: de FATE a Lácteos Verónica

Uno de los casos que marcó la agenda fue la paralización de la producción en la histórica planta de neumáticos FATE en San Fernando, provincia de Buenos Aires. La fábrica —activa por más de 80 años y con capacidad para producir millones de neumáticos al año— cerró sus puertas y dejó al menos 920 empleos directos sin continuidad, con efectos multiplicadores sobre más de 2.000 empleos indirectos.

En el sector lácteo, la crisis es profunda. Lácteos Verónica, con tres plantas productivas paralizadas en Santa Fe, acumula más de $13.600 millones en cheques rechazados, mantiene a casi 700 trabajadores sin salario desde finales de 2025, y arrastra deudas millonarias con tamberos y proveedores que alimentan la incertidumbre sobre su futuro operativo.

El cierre de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), empresa responsable de productos icónicos como Sancorito y Shimmy, también reflejó la quiebra definitiva de la planta y la pérdida de unos 400 empleos directos en un rubro ya golpeado.

En Catamarca, la fábrica de electrodomésticos NEBA, dedicada a la producción de heladeras y freezers, comunicó el cierre definitivo con 56 despidos en la planta de El Pantanillo, evidenciando que el fenómeno de cierres no se limita a grandes centros urbanos.

Pymes y grandes grupos: una caída transversal

La crisis productiva no es exclusiva de grandes empresas. Denuncias sectoriales indicaron que más de 12.000 pymes cerraron sus puertas entre enero de 2024 y enero de 2025, principalmente por la caída del consumo interno, presión de importaciones y costos operativos elevados.

Lácteos Verónica se suma a la crisis de las empresas de alimentos y peligran 700 puestos de trabajo directos.

 

En el área cervecera, por ejemplo, Cervecería y Maltería Quilmes abrió un plan de retiro voluntario que podría impactar a unos 60 empleos en su planta donde produce la cerveza Corona, atribuyendo el ajuste empresarial a la caída del consumo y a la competencia de productos importados.

Este patrón de cierre y ajuste se combina con denuncias de despidos masivos, suspensiones y conflictividad laboral sostenida: el sector industrial concentró más del 60 % de los conflictos laborales entre 2024 y 2026 en el país, con los rubros textil, alimentos y metalurgia-siderurgia entre los más afectados.

Indicadores estructurales: empleo y competitividad

El impacto de los cierres se refleja en indicadores globales del empleo formal. Según datos del SRT y análisis de entidades económicas, la industria manufacturera y otros sectores productivos sufrieron reducciones importantes en empleadores registrados, lo que se traduce en una menor actividad económica local y en una pérdida de resiliencia de las economías regionales.

La apertura de importaciones y la caída del consumo ponen en jaque a empresas y comercios.

 

La tasa de desempleo también exhibió tensiones estructurales: informes de organismos oficiales y análisis independientes señalaron un aumento en las tasas de desempleo de marzo 2025, junto con una contracción general del empleo formal en ciertos subsectores de la industria.

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Un modelo especulativo con pocos anclajes productivos

La convergencia de cifras y cierres sugiere que la estrategia económica impulsada por el Gobierno —centrada en la liberalización comercial, la reducción de la intervención estatal y la promoción de flujos financieros— se ha traducido en una mayor exposición de las empresas locales a la competencia importada y a condiciones crediticias restringidas para sostener la producción interna.

Políticas como la apertura de importaciones sin barreras equivalentes de protección productiva, combinadas con un mercado interno con menor demanda, potenciaron un escenario donde muchas industrias no encontraron márgenes para mantener su actividad, especialmente las pymes y medianas empresas que son tradicionalmente la columna vertebral del empleo formal.

Este giro hacia un modelo más especulativo, con menor foco en sustentabilidad productiva y con un peso creciente de sectores financieros y extractivos, explica en parte por qué el cierre de fábricas y empresas se volvió un fenómeno sostenido en los primeros años de la gestión presidencial.

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