Alimentación marcha el 30 por trabajo, salario y dignidad

Alimentación marcha el 30 abril por trabajo, salario y dignidad

El STIA Buenos Aires, liderado por Sergio Escalante, convoca a sus trabajadores a movilizarse junto a la CGT en rechazo a la reforma laboral de Milei y la caída del poder adquisitivo.

 

El movimiento obrero argentino llega al 30 de abril en un estado de tensión que no se veía en años. La Confederación General del Trabajo convocó a una marcha masiva a Plaza de Mayo en la víspera del Día del Trabajador. El sector de la alimentación adhirió al llamado de la central obrera y llamó a las trabajadoras y trabajadores a sumarse a la columna del movimiento obrero organizado. La consigna que enarbola el gremio es clara, el trabajo es con derechos o es esclavitud.

 

Una marcha que viene desde lejos

La convocatoria no surgió de un día para el otro. El triunvirato de la CGT —integrado por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Oscar Argüello— anunció la movilización tras un análisis exhaustivo de la situación laboral y económica del país.

Sola fue directo: la marcha reclama la caída del poder adquisitivo, la pérdida del salario y el endeudamiento familiar. El representante del sector de seguros no escondió nada. Dijo que el Gobierno impone un techo por debajo de la inflación a las paritarias. Eso, para el movimiento sindical, es control de salarios.

La movilización partirá en columnas desde distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. La concentración está prevista para las 17 horas en Plaza de Mayo. Ese mismo escenario histórico recibirá también un homenaje al papa Francisco, fallecido el 21 de abril de 2025. La CGT reconoce su defensa constante del mundo del trabajo.

El lema elegido por la central obrera resume la postura: «Defender el empleo de calidad es proteger el futuro del pueblo argentino.»

La reforma laboral: el centro del conflicto

El detonante más inmediato de la marcha tiene nombre: Ley de Modernización Laboral, la reforma impulsada por el gobierno de Javier Milei. El Senado la aprobó el 27 de febrero con 42 votos a favor y 28 en contra. El Congreso la convirtió en ley el 20 de ese mismo mes.

La norma tiene 218 artículos y modifica de raíz la estructura del derecho laboral argentino. Los sindicatos la califican de regresiva y contraria a la Constitución Nacional.

Entre los cambios más cuestionados por el movimiento obrero se encuentra la eliminación de la ultraactividad. Hasta ahora, los convenios colectivos mantenían su vigencia hasta que se firmara uno nuevo. Con la reforma, eso desaparece. Los convenios vencen y no hay garantía de continuidad.

La reforma también prioriza los acuerdos por empresa por sobre los convenios sectoriales. Para los sindicatos, eso pulveriza la negociación colectiva centralizada. Las indemnizaciones por despido también cambian: se crean mecanismos alternativos que pueden reemplazar la indemnización tradicional. La CGT sostiene que eso reduce la protección del trabajador ante un despido injustificado.

Hay más. Se eliminó el principio jurídico del «in dubio pro operario», que mandaba fallar a favor del trabajador en caso de duda interpretativa. Se restringen las huelgas. Se imponen límites a las asambleas dentro y fuera de los lugares de trabajo. Se deroga la ley de teletrabajo. Los trabajadores de plataformas digitales quedan definidos como independientes.

El cosecretario general de la CGT, Cristian Jerónimo, no tuvo medias tintas. Calificó la reforma de «maliciosa» y contraria a la carta magna. Jorge Sola fue todavía más claro: el Gobierno viola el principio de progresividad que marcan la Constitución y los tratados internacionales. Un derecho social ganado, dijo, no puede retroceder.

La pelea judicial: un fallo aberrante

El conflicto entre la CGT y el Gobierno no quedó en las calles. Llegó a la Justicia. El juez Raúl Ojeda suspendió de manera provisoria 82 artículos de la ley. Fue un fallo que el movimiento sindical celebró como una victoria parcial.

Pero el triunfo duró poco. La Cámara Nacional del Trabajo dejó sin efecto esa cautelar. El fallo habilitó la aplicación de la reforma. Y al día siguiente, en el Boletín Oficial, apareció publicada la extensión del mandato de uno de los jueces que firmó esa resolución.

Jerónimo llamó a eso «aberrante». Fue más allá: habló de «obscenidad institucional». Dijo que el hecho pone un grado de gravedad institucional que genera dudas sobre los procesos democráticos del país.

La CGT respondió en los tribunales. El secretario adjunto Andrés Rodríguez confirmó que la central apelará el fallo. El equipo jurídico evalúa además la recusación del magistrado cuestionado. La pelea legal no terminó.

Un juzgado de primera instancia laboral aportó otro dato de peso: el Juzgado Nacional del Trabajo N° 63 decidió mantener la causa en el fuero laboral, rechazando el intento del Gobierno de llevarla al fuero Contencioso Administrativo Federal. El magistrado declaró que el expediente debate instituciones exclusivamente laborales: plataformas, laboralidad, contratos a plazo, indemnizaciones, vacaciones, huelga, negociación colectiva.

Fue, en palabras de Escalante, una señal que el movimiento obrero organizado debe sostener y ampliar.

Los reclamos sobre la mesa

La reforma laboral es el eje, pero no el único reclamo, el movimiento sindical acumula una lista de agravios concretos.

El primero es la pérdida del poder adquisitivo. Jorge Sola lo describió como un ajuste brutal que comenzó el día que Milei asumió. La caída no discrimina: afecta a trabajadores formales, informales y monotributistas. El endeudamiento familiar creció. Los salarios perdieron terreno frente a los precios mes a mes.

Los gremios marcharán a Plaza de Mayo en la tarde de este jueves para reclamar por la situación económica del país y en contra de la reforma laboral.

 

El segundo reclamo apunta a las paritarias. La CGT denuncia que el Gobierno impone techos por debajo de la inflación. Para los sindicatos, eso equivale a convalidar una reducción salarial encubierta. El mecanismo de homologación de acuerdos se convierte, denuncian, en un instrumento de control.

El tercer punto es la política económica en general. La CGT critica los cambios en el sistema aduanero impulsados por el ministro Federico Sturzenegger. También cuestiona la apertura importadora, que golpea directamente a la industria nacional y amenaza puestos de trabajo.

Jerónimo resumió el malestar en una frase: «El clima social va a cambiar. La gente está muy enojada. No le alcanza para llegar a fin de mes.»

La central sindical fue un paso más allá. Anunció que publicará su propio índice de inflación para contrastar con los datos del INDEC. La decisión deja en claro que la CGT no reconoce como válidas las cifras oficiales de pobreza e inflación.

El sector se une: gremios y federaciones detrás de la CGT

La marcha del 30 de abril no es solo de la CGT. Es del movimiento obrero en sentido amplio. Gremios de distintos sectores ratificaron su adhesión a la convocatoria.

La UPCN, la UOCRA, los trabajadores de Sanidad, Camioneros y el gremio de Judiciales confirmaron su participación. La Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) también se sumó. Desde los barrios populares, la organización social acompañó los reclamos con relevamientos propios sobre la caída del poder adquisitivo.

El Movimiento Evita, Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa se preparan para extender la protesta durante todo mayo con actividades en distintas provincias.

El conlficto social se agrava mientras el gobierno de Milei se hunde en escándalos de corrupción.

 

El frente sindical que enfrenta al Gobierno incluye también a sectores que históricamente mantuvieron una relación más moderada con el poder. El punto de quiebre fue la reforma laboral. Incluso gremios que negociaron con el oficialismo durante los primeros meses de gestión cerraron filas contra la ley.

La Federación Trabajadores de la Industria de la Alimentación (FTIA) también se posicionó. El sector cerró un preacuerdo paritario en marzo que incluyó un aumento del 9,67% sobre los salarios de diciembre y un bono de 100.000 pesos para la categoría inicial. La cláusula de revisión para mayo es señal de que la discusión salarial no está cerrada.

Alimentación en la calle: la proclama del STIA Buenos Aires

El STIA Buenos Aires, con Sergio Escalante al frente, convoca a sus trabajadores con un mensaje que alude a la necesidad de luchar de forma colectiva y en unidad. La fecha es el jueves 30 de abril ye punto de encuentro es la sede del sindicato, a las 11 de la mañana.

«Este 30 de abril salimos a la calle con todo el movimiento obrero», dice la proclama del sindicato. «Estamos en un momento bisagra: la sociedad comenzó a darse cuenta a qué vino este Gobierno.»

El STIA Buenos Aires es uno de los sindicatos con mayor peso en la estructura de la CGT. Escalante ocupa además el cargo de secretario de Interior de la central obrera. Esa posición le da a la filial un rol político que va más allá de la representación sectorial.

El STIA Buenos Aires convoca a marchar en defensa de los derechos adquiridos.

 

La proclama es directa y sin rodeos. El ajuste que prometía caer sobre «la casta» lo están pagando los trabajadores. El sindicato llama a no mirar para otro lado. Defiende el trabajo, el salario y la dignidad como banderas irrenunciables. La industria nacional y cada familia trabajadora están en el centro de la disputa.

El llamado termina con una consigna que resume la postura del gremio: «La patria no se vende, se defiende.»

El STIA Buenos Aires, con Sergio Escalante al frente, convoca a sus trabajadores con un mensaje que alude a la necesidad de luchar de forma colectiva y en unidad. La fecha es el jueves 30 de abril ye punto de encuentro es la sede del sindicato, a las 11 de la mañana.

Las palabras de Escalante completan el cuadro. En distintas declaraciones públicas, el secretario general del STIA definió la reforma laboral como «inconstitucional» y advirtió que el Gobierno quiere una Argentina «pre peronista», sin las leyes favorables a los trabajadores incorporadas desde 1945. Dijo que la reforma aumentará los juicios laborales y que la Justicia será la herramienta que el trabajador usará para defenderse.

Para Escalante, el STIA no reaccionará con medidas aisladas. La estrategia combina movilización política y negociación técnica. El acuerdo histórico firmado con Mondelez —que garantizó la estabilidad de más de 2.300 trabajadores durante doce meses y obligó a la empresa a producir en el país mercadería que antes se importaba— es la prueba de que esa combinación da resultados.

«Este acuerdo es un ejemplo de cómo el sindicato, con sus propias fuerzas, pone el bienestar de las familias trabajadoras por encima de todo», declaró Escalante hace algunas semanas tras firmar el convenio en la planta de Pacheco.

Otras filiales de Alimentación se suman a la columna

La convocatoria del STIA Buenos Aires no es una voz aislada dentro del sector. Otras filiales de la Federación Trabajadores de la Industria de la Alimentación (FTIA) se suman a la movilización del 30 de abril.

El STIA de la Provincia de Buenos Aires, el STIA Santa Fe, el STIA Córdoba y el STIA San Rafael, Mendoza, son parte de una estructura nacional que cubre a decenas de miles de trabajadores del sector en todo el país. El Convenio Colectivo de Trabajo 244/94, marco que regula a unos 80.000 trabajadores de la alimentación, es uno de los que la reforma laboral amenaza con afectar directamente.

El gremio de Alimentación vuelve a marchar para resistir la reforma laboral.

 

La industria alimenticia es uno de los pocos sectores que resistió la contracción general. Mientras la industria acumuló ocho meses consecutivos de retroceso, el rubro de alimentos y bebidas registró un crecimiento interanual del 0,9% en el primer bimestre de 2026. Pero esa relativa estabilidad no alcanza para frenar el deterioro salarial ni para blindar los puestos de trabajo frente a una política económica que desalienta la producción nacional.

Las filiales provinciales entienden que la marcha del 30 de abril no es solo un acto sindical. Es una demostración de fuerza organizada en un momento que el propio STIA Buenos Aires calificó de «bisagra». La reforma laboral está en vigencia, aunque con artículos suspendidos. La batalla judicial continúa. Y la calle, este jueves, vuelve a ser el campo de disputa del movimiento obrero argentino.

La CGT no descarta ir más lejos

La marcha del 30 de abril es una advertencia para la gestión libertaria, no el punto final. Jerónimo fue explícito: si la situación se agrava, un paro general vuelve a la agenda. En febrero de 2026 la CGT ya ejecutó una medida de fuerza de ese tipo. La posibilidad de repetirla está sobre la mesa.

El dirigente también apuntó contra los gobernadores que no alzaron la voz frente al proceso. Criticó al Ejecutivo por usar temas como la soberanía de las Islas Malvinas para desviar la atención de los problemas internos. «Están jugando con la vida de los trabajadores», dijo. La central obrera se prepara además para el terreno político. Jerónimo anunció que la CGT trabaja en la construcción de una alternativa amplia que trascienda al peronismo tradicional.

El movimiento obrero argentino llega al 30 de abril unido y con agenda propia. La reforma laboral condensa mucho más que el ataque a los derechos adquiridos, el reclamo también es por deterioro del salario real, la pérdida de puestos de trabajo formales, la caída abrupta de la capacidad industrial instalada y el abandono del sistema de salud y educación. La marcha de este jueves unifica reclamos que el movimiento sindical lleva a Plaza de Mayo bajo la bandera de la lucha contra la reforma y el pedido de cambios inmediatos ante el colapso económico y social.

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