Salarios y jubilaciones caen y tensionan el relato oficial
Un informe privado reveló que el salario real volvió a caer en enero mientras la jubilación mínima perdió poder adquisitivo en los últimos meses. Los datos contrastan con el discurso optimista del gobierno nacional sobre la economía y reavivan el debate sobre las inconsistencias del modelo económico actual.
Mientras el gobierno nacional insiste en mostrar indicadores macroeconómicos positivos y una economía en proceso de estabilización, distintos informes comienzan a señalar un deterioro persistente en los ingresos de trabajadores y jubilados. El salario real volvió a caer en enero y el haber mínimo perdió poder adquisitivo en los últimos meses, en un contexto de empleo frágil y consumo debilitado que abre interrogantes sobre la consistencia social del modelo económico.
Algo que se puede advertir sin demasiado esfuerzo, planteado en términos económicos sencillos, es que cuando los salarios caen mientras la macro se estabiliza, suele significar que el ajuste se está haciendo vía ingreso de los trabajadores. Es un patrón que aparece en muchas estabilizaciones ortodoxas en América Latina desde los años 90. La pregunta que queda flotando es siempre la misma: cuánto tiempo puede sostenerse políticamente ese equilibrio y hasta qué punto los trabajadores y jubilados vana a dejar que les quiten dinero de sus bolsillos para enriquecer a una pequeña minoría.
El salario real volvió a retroceder
Un informe de la consultora C-P indicó que el salario real del sector privado registró una caída del 1,3% durante enero, en medio de paritarias que mostraron una desaceleración en los aumentos nominales. La evolución de los acuerdos salariales quedó condicionada por negociaciones importantes, como la paritaria de comercio, que otorgó incrementos previos pero estableció 0% de aumento para el primer trimestre de 2026, lo que afectó el promedio de ingresos.
La dinámica vuelve a mostrar un fenómeno recurrente en la economía argentina: la dificultad de los salarios para acompañar el ritmo de los precios.
En términos históricos, la caída del poder adquisitivo no es un fenómeno reciente. Distintos estudios señalan que el salario real acumula años de deterioro y que incluso el salario mínimo se encuentra hoy por debajo de su nivel previo a la crisis de 2001 en términos reales.
Jubilaciones que pierden capacidad de compra
El deterioro no se limita a los trabajadores activos. Los jubilados también enfrentan una pérdida de ingresos en términos reales.
Según estimaciones recientes, el haber mínimo acumuló una pérdida cercana al 5% en los últimos siete meses, en un contexto en el que el bono compensatorio permanece congelado mientras los precios continúan avanzando.

Actualmente, la jubilación mínima ronda los $419 mil con bono incluido, una cifra que para muchos beneficiarios apenas alcanza para cubrir gastos básicos como alimentos, medicamentos y servicios.
Diversos estudios advierten que el sistema previsional atraviesa una etapa de fuerte fragilidad estructural, con haberes que han perdido capacidad de compra durante años.
La incoherencia con el relato oficial
Estos datos contrastan con el discurso presentado por el presidente Javier Milei durante la apertura de sesiones del Congreso, donde el gobierno defendió su política económica y destacó la reducción de la inflación y el equilibrio fiscal como logros centrales.
Es cierto que algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización. Por ejemplo, la inflación anual de 2025 se redujo al 31,5%, el nivel más bajo en ocho años, según cifras oficiales.
Sin embargo, la caída del salario real y la pérdida de ingresos previsionales introducen un matiz clave en la evaluación del modelo económico.
La estabilización macro puede convivir con una distribución regresiva del ajuste, donde el equilibrio fiscal se alcanza a costa de la reducción del ingreso disponible de amplios sectores sociales.
Empleo y estructura productiva
El deterioro del ingreso ocurre además en un contexto de tensiones en el mercado laboral.
Distintos informes señalan que el empleo formal ha mostrado retrocesos y que el crecimiento de la informalidad se convirtió en uno de los rasgos más visibles del nuevo ciclo económico.
La combinación de salarios debilitados, jubilaciones en retroceso y un mercado laboral más precario plantea un interrogante central: si la estabilización macroeconómica puede sostenerse sin un proceso de recomposición del ingreso de trabajadores y jubilados.
Un modelo con tensiones internas
La economía argentina atraviesa hoy una paradoja que atraviesa buena parte del debate público.
Por un lado, el gobierno reivindica el ordenamiento fiscal, la reducción de la inflación y la liberalización de mercados como pilares de su estrategia. Por otro, los indicadores sociales muestran señales de deterioro en el poder adquisitivo y en la estructura del empleo.
La distancia entre esos dos planos —el macroeconómico y el social— es lo que explica que, más allá de los números agregados, el debate sobre el rumbo económico continúe abierto.
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