Murió Taty Almeida, símbolo de la lucha por la memoria
El STIA se sumó al dolor colectivo por la muerte de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, que falleció a los 95 años tras una vida de militancia incansable.
Taty Almeida murió el domingo 14 de junio a las 19:20, en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde permanecía internada desde hacía tres semanas. Tenía 95 años. Con su muerte, la Argentina despide a una de las figuras más emblemáticas de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, y al movimiento de derechos humanos le llega uno de los golpes más duros de su historia reciente.
El Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) expresó sus condolencias y rindió homenaje a la histórica militante. Rodolfo Daer, histórico dirigente de Alimentación, se mostró profundamente consternado al enterarse de la noticia. Daer había compartido con Taty Almeida distintos actos en defensa de los derechos humanos y de las conquistas de los trabajadores, y su pérdida lo afectó de manera personal. Para el movimiento sindical argentino, Taty Almeida fue siempre mucho más que una referente de organismos de derechos humanos: fue una voz que unió la memoria con la lucha por la dignidad de los que trabajan.
Una vida que cambió el 17 de junio de 1975
Lidia Stella Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano. Provenía de una familia con fuertes raíces militares y conservadoras: su padre fue oficial de Caballería, su hermano alcanzó el grado de coronel, y la mayoría de sus familiares compartían una visión antiperonista del mundo. Estudió magisterio en la Escuela Normal Superior N° 7 del barrio de Almagro y ejerció la docencia durante algunos años. En 1953 se casó con Jorge Almeida, también maestro, con quien tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana.
Durante gran parte de su vida estuvo alejada de la militancia política. Ese rumbo cambió para siempre el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro, de 20 años, estudiante de Medicina en la UBA, trabajador de la agencia Télam y del Instituto Geográfico Militar, salió de su casa al anochecer con una frase que quedó grabada en la memoria familiar: «Esperame, ya vengo». Nunca regresó.
Alejandro fue secuestrado y desaparecido por la organización parapolicial Triple A, meses antes del golpe militar de 1976. Taty desconocía entonces la militancia de su hijo en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP): lo descubrió tiempo después, al encontrar una agenda personal con detalles de su actividad política y 24 poemas que él había escrito en secreto. Ese hallazgo no solo le reveló quién era realmente su hijo; también la impulsó de manera definitiva hacia la militancia.
El camino hacia las Madres
En 1979, cuatro años después de la desaparición de Alejandro, Taty tomó contacto con las Madres de Plaza de Mayo y decidió sumarse a la ronda. Lo que comenzó como la búsqueda desesperada de una madre se fue transformando en una causa colectiva, orgánica y profundamente transformadora.
Cuando en 1986 se produjo la división interna del movimiento, Almeida se integró a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el espacio desde el que desarrolló la mayor parte de su militancia durante las décadas siguientes. Participó de juicios por crímenes de lesa humanidad, dio testimonio ante la CONADEP, se convirtió en una figura presente en cada acto vinculado a la memoria y mantuvo hasta el final su exigencia de saber qué había pasado con Alejandro.
Nunca pudo recuperar sus restos. Hasta el día de su muerte, siguió viviendo en el mismo departamento de Palermo desde el que lo vio partir por última vez.
En 2008 publicó el libro «Alejandro, por siempre amor», que reúne recuerdos, testimonios y los 24 poemas encontrados en la agenda de su hijo. Dos años después, esos textos fueron recitados por personalidades de la cultura argentina e internacional, entre ellos Alfredo Alcón, Joan Manuel Serrat e Ismael Serrano, en un CD homenaje que amplió el alcance de esa historia.
Reconocimientos y presencia hasta el final
En 2011, la Legislatura porteña la declaró Personalidad Destacada de los Derechos Humanos. A lo largo de su vida recibió doctorados honoris causa de varias universidades nacionales: la Universidad Nacional de Córdoba, la Universidad Nacional de las Artes, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y la Universidad de Buenos Aires. En 2015, su retrato fue incorporado a la exposición permanente del Museo de la Casa Rosada.

En abril de 2026, durante la conmemoración de los 50 años del último golpe militar, la UBA le otorgó el título de Doctora Honoris Causa. En ese acto, que fue una de sus últimas apariciones públicas, afirmó: «Militancia es compromiso. Compromiso que han tomado tantos jóvenes, que son nuestra esperanza. Ustedes son los que van a continuar luchando por la Memoria, la Verdad y la Justicia».
También en marzo de 2026, el 24 de ese mes, estuvo presente en la movilización y dejó una de sus últimas consignas públicas: «Le vamos a demostrar a Milei y compañía que no van a poder borrar la memoria».
Desde 2024 presidía Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Tras la muerte de Norita Cortiñas, era la referente más reconocida del movimiento. No faltó a ningún acto importante.
La despedida que ella eligió
Taty Almeida dejó indicaciones precisas para su velatorio: quería que fuera en un espacio sindical, a cajón cerrado, y que en lugar de flores los concurrentes donaran a la causa de las Madres de Plaza de Mayo. Su familia respetó esa decisión.

El velatorio se realizó en la sede de la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), un edificio art decó en el barrio de Balvanera que ella frecuentaba habitualmente. Junto al féretro, una fotografía de Taty sonriente y el pañuelo blanco que la acompañó durante décadas en cada ronda y cada marcha.
Miles de personas hicieron fila durante horas para despedirla. El velatorio estuvo abierto el lunes 15 de junio desde las 14 hasta la medianoche, y el martes 16 desde las 8 hasta las 12. La convocatoria reunió a integrantes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, militantes de organismos de derechos humanos, funcionarios, legisladores, sindicalistas y dirigentes de distintos espacios políticos.
Las voces del dolor
Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, fue una de las primeras en pronunciarse. La calificó como «una compañera de lucha» y confirmó que asistiría al velatorio. «Quedamos dos abuelas nada más con vida», dijo en C5N con la voz quebrada. También desde Abuelas de Plaza de Mayo llegó un comunicado que subrayó que «las activistas siguen de pie y son millones».
Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, también habló en C5N: «Taty partió, pero no se fue», afirmó, y destacó la búsqueda incansable que ella mantuvo por su hijo Alejandro.
La expresidenta Cristina Fernández de Kirchner la despidió en la red social X con una frase que sintetizó el sentir colectivo: «Luchadora incansable que honraste la vida. Hasta siempre querida Taty». El gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, expresó «con enorme dolor» su adiós a «una compañera imprescindible en la historia de nuestro país». La diputada del FIT Myriam Bregman recordó haber estado junto a ella en marzo de 2025 cuando se colocó una baldosa en homenaje a Alejandro: «Escuché a Taty decir: «no nos han vencido». ¡Hasta siempre, Taty!». La diputada Victoria Tolosa Paz la describió como «una mujer inmensa que transformó el dolor más desgarrador en una lucha incansable».
También enviaron sus condolencias el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y el expresidente de Paraguay, Fernando Lugo, entre otros referentes internacionales.
Verónica Castelli, de 52 años, hija de desaparecidos, resumió lo que muchos sintieron al acercarse a FOETRA: «Es como haber vuelto a ser huérfana otra vez. Las Madres son las que nos protegieron, son las que nos marcaron el camino a seguir hasta el final».
El legado que permanece
«La única lucha que se pierde es la que se abandona.» Esa frase, que Taty Almeida repitió durante décadas en actos, tribunas y entrevistas, resume una vida entera dedicada a no ceder. Transformó el dolor más profundo —el de una madre que no pudo despedir a su hijo ni tocar sus restos— en una causa que trascendió lo individual para convertirse en referencia colectiva de varias generaciones.
Para el movimiento sindical, y en particular para los trabajadores de la industria de la alimentación que la conocieron y la acompañaron, Taty Almeida fue también un ejemplo de que la lucha por los derechos de los que trabajan y la lucha por la memoria y la justicia son parte de una misma historia. Su vínculo con el mundo sindical no fue accidental: eligió despedirse en un sindicato, en el lugar que ella reconocía como propio.
El movimiento de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora la despidió con una consigna que ella misma ayudó a sostener durante casi 50 años: «30.000 detenidos desaparecidos, presentes ahora y siempre».
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