El STIA cerró un histórico acuerdo en Mondelez que protege el empleo
El sindicato logró blindar los puestos de trabajo por un año, garantizar producción local de artículos importados y obtener una suma fija de $920.000 para los trabajadores de la planta Mondelez de Pacheco.
En un sector industrial que acumula ocho meses consecutivos de retroceso productivo y un consumo que no termina de recomponerse, el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) firmó con Mondelez un convenio que sus propios protagonistas calificaron de histórico. El acuerdo, alcanzado tras meses de negociaciones directas en la planta de Pacheco, partido de Tigre, provincia de Buenos Aires, garantiza la estabilidad laboral de más de 2.300 trabajadores y trabajadoras por un plazo de un año, establece una suma fija de 920.000 pesos en dos cuotas, dispone la recategorización profesional de 230 operarios, y obliga a la empresa a producir en el país mercadería que hasta ahora llegaba importada del exterior. El convenio fue presentado por el secretario general del STIA, Sergio Escalante, como una demostración de que la organización gremial puede dar respuestas concretas a los trabajadores incluso cuando el Estado nacional se desentiende del sector. «Las partes estamos dispuestas a sortear las adversidades sin recibir ningún tipo de asistencia del Gobierno Nacional», subrayó el dirigente.
EL CONTEXTO: DE LA CRISIS DE DICIEMBRE AL ACUERDO DE ABRIL
Para entender el peso político y simbólico de lo que el STIA logró esta semana en Mondelez, es necesario volver a diciembre de 2025. La planta de la multinacional en Pacheco, ubicada sobre el ramal Escobar de Acceso Norte, detuvo sus líneas de producción en un movimiento que sumó preocupación entre los más de 2.300 trabajadores que allí se desempeñan. La fábrica produce varias de las marcas más reconocidas del mercado argentino de galletitas y chocolates: Oreo, Terrabusi, Milka, Pepitos, Cadbury, Halls, Beldent, Cerealitas y Clight, entre otras.
El freno productivo fue una medida sin antecedentes para una fábrica con esa historia y ese tamaño: la compañía confirmó la interrupción total por 21 días como resultado del fuerte sobrestock acumulado tras el desplome de ventas. Los delegados y sindicalistas destacaron en ese momento un combo de factores: la caída del consumo, la política de apertura de importaciones y un deterioro general del poder adquisitivo que se había profundizado en los meses previos.

Frente a ese escenario, el STIA adoptó una postura clara desde el primer día. Escalante calificó entonces la situación como un «industricidio con apertura indiscriminada de las importaciones» y fue categórico sobre las causas: «Esto es culpa del gobierno de Milei y sus políticas y un país que enfrenta un presente muy complicado. Si seguimos por este camino, esto solo va a empeorar con cierres de fábricas, con pérdidas de empleo irreversibles, con un territorio totalmente roto y miles de trabajadores arrojados a la marginalidad.»
Lejos de resignarse, el sindicato se puso al frente de la negociación para limitar el impacto sobre los trabajadores. Tras «duras negociaciones», Escalante informó que se había acordado el esquema de vacaciones y licencias pagas para evitar suspensiones, y que el bono de fin de año sería de $525.000, a abonarse el 11 de diciembre y liquidado en enero para evitar descuentos por el Impuesto a las Ganancias. También se mantuvieron el paquete navideño y un voucher de 53.000 pesos para la proveeduría interna, beneficios que el gremio reivindicó como un logro en un contexto adverso: «Mantener estos beneficios en una situación tan dura es un gran desafío y tenemos que celebrarlo, pero también mantenernos unidos más que nunca.»
Esa gestión de diciembre fue el primer eslabón de una cadena de negociaciones que desembocó en el acuerdo integral de esta semana.
UN ACUERDO QUE APUNTA ALTO
En un contexto económico marcado por la caída en la producción industrial y una fuerte retracción del consumo, el STIA logró sellar un convenio inédito con Mondelez que garantiza los puestos de trabajo en la planta de Pacheco por al menos un año. Además, la empresa reafirmó su compromiso de producir en la Argentina incluso productos que hasta ahora llegaban importados, un punto que el gremio considera estratégico para la defensa del trabajo nacional.
El acuerdo, alcanzado mediante el diálogo directo en la planta de Pacheco con participación de los trabajadores, los delegados y el Consejo Directivo del Sindicato, contempla los siguientes puntos centrales:
Mejora económica. Se acordó el pago de una suma fija de $920.000, que se liquidará en dos cuotas iguales. El monto, casi el doble del bono de fin de año obtenido en diciembre, refleja la progresión de la capacidad negociadora del gremio en apenas cuatro meses.
Recategorización masiva. 230 trabajadores y trabajadoras serán recategorizados a un nivel superior, en lo que el gremio describió como un reconocimiento histórico de la trayectoria y el desempeño de los operarios de la planta. Esta recategorización no es un dato menor: implica incrementos salariales permanentes y mejora directa en el salario de bolsillo de quienes accedan a la nueva categoría.
Estabilidad laboral garantizada. La empresa se comprometió a no realizar despidos por el plazo de un año, con respaldo en el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo, lo que otorga previsibilidad a las familias trabajadoras de la planta.
Sustitución de importaciones. El acuerdo incluye la garantía de producción local de artículos que la empresa hasta ahora importaba, un compromiso que el sindicato reivindicó como central para la defensa de la industria nacional y el sostenimiento del empleo genuino.
Infraestructura y condiciones de trabajo. Se acordó la construcción de dos nuevas salas de descanso —en el sector de chocolate y en el segundo piso—, lo que mejora las condiciones físicas de la planta para el conjunto del personal.
Incentivos salariales. El convenio incorpora un aumento del 18% en el incentivo logístico —que se mantiene incluso durante las vacaciones— y la ampliación de la bonificación por productividad para 200 horas de oficiales calificados de mantenimiento, sumando incentivos directos al salario mensual de los operarios.
Descanso estandarizado. La reorganización fabril incluyó la estandarización del descanso de 80 minutos en cada turno de 8 horas, una práctica que quedó formalizada para toda la planta, poniendo fin a reducciones unilaterales que en algunos sectores venían afectando a los trabajadores.
ESCALANTE: ORGANIZACIÓN, DIÁLOGO Y LUCHA PROPIA
Desde que asumió la conducción del STIA Buenos Aires en septiembre de 2025, Sergio Escalante demostró que era capaz de combinar dos registros que no siempre van juntos en la dirigencia sindical: la confrontación política clara con el gobierno de Milei y la negociación técnica en profundidad con las empresas. El acuerdo con Mondelez sintetiza ese equilibrio.
Escalante explicó cómo se llegó al convenio: «Alcanzamos este acuerdo con mucha organización, compromiso y diálogo, en el que participamos los trabajadores y delegados de la planta junto al Consejo Directivo del Sindicato, que sostiene y recibe importantes beneficios para nuestros representados y en el que la empresa garantiza su producción y funcionamiento en un difícil contexto por las políticas del Gobierno, lo que valoriza aún más este logro.»

El secretario general fue contundente al situar el acuerdo dentro del cuadro general del sector: «En el medio de un industricidio que desatiende al sector y con una caída generalizada de ventas y producción, logramos garantizar la estabilidad de los trabajadores y blindar los puestos de trabajo.» Y subrayó: «Este acuerdo es un ejemplo de cómo el sindicato, con sus propias fuerzas, pone el bienestar de las familias trabajadoras por encima de todo y sienta las bases para la defensa de la producción nacional frente a las importaciones y el contexto económico adverso.»
El punto que Escalante puso en primer plano —y que distingue a este convenio de otros acuerdos salariales habituales— fue el compromiso de sustitución de importaciones. El dirigente destacó que el acuerdo trasciende los beneficios individuales y responde a una lógica de defensa de la industria local: «Uno de los puntos centrales es el compromiso de la empresa de producir en el país artículos que hoy se importan. Este paso es fundamental para la defensa de la industria nacional y asegura la continuidad y creación de empleo genuino en Argentina.»
Y en referencia directa a la ausencia del Estado nacional en la resolución del conflicto, Escalante marcó una posición que también tiene contenido político: «Las partes estamos dispuestas a sortear las adversidades sin recibir ningún tipo de asistencia del Gobierno Nacional. Enfocados en el bienestar de los trabajadores y sus familias, alcanzamos este pacto con nuestras propias fuerzas y convicciones.»
EL STIA EN LA PRIMERA LÍNEA DE UN SECTOR BAJO PRESIÓN
El acuerdo con Mondelez no es un hecho aislado sino parte de una estrategia gremial sostenida que el STIA viene desplegando desde hace meses en distintos frentes. La conducción encabezada por Escalante heredó una situación compleja cuando asumió: el sector alimentario enfrentaba una paritaria trabada, cierres de plantas en distintos rubros y un marco macroeconómico que golpeaba directamente el consumo.
Según el Índice de Producción Industrial (IPI) de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), el sector de alimentos y bebidas registró un crecimiento interanual del 0,9% en el primer bimestre de 2026, dato que contrasta con la tendencia general de la industria, que acumuló una contracción del 3,9% respecto al mismo período de 2025 y sumó ocho meses consecutivos de retroceso. Mientras los bienes de consumo durable y los bienes de capital registraron caídas del 15,8% y 18,3% respectivamente, el rubro alimenticio se posicionó entre los pocos que lograron sostener su nivel de actividad.

Sin embargo, ese leve dato positivo del sector no oculta el cuadro de fondo del consumo. Un estudio de Worldpanel by Numerator reportó que al cierre de 2025 el consumo en los hogares argentinos arrastró cinco meses consecutivos a la baja, con una caída del 8,2% en la frecuencia de compra y de 4,7% en el volumen de productos adquiridos durante el último trimestre respecto al año anterior. Este comportamiento derivó en canastas familiares más pequeñas y una preferencia creciente por segundas marcas.
El convenio de Mondelez se produce además en un año en que, a pesar de un crecimiento económico general del 4%, el consumo masivo solo logró recuperarse un 2% en 2025 después de una dura caída del 16% en 2024, de acuerdo con las cifras de la consultora NielsenIQ. La brecha entre el crecimiento macroeconómico y la recuperación real del poder de compra de los trabajadores es, precisamente, el argumento central que el STIA viene sosteniendo en todas sus negociaciones.
Fue en ese contexto que el gremio también rechazó públicamente el proyecto de reforma laboral impulsado por el Ejecutivo. El STIA, encabezado por Escalante, se reunió con el intendente Julio Zamora para analizar la crisis industrial y la situación en Mondelez, y alertó sobre la reforma laboral por considerarla regresiva, defendiendo los derechos adquiridos y llamando a la unidad para construir una Argentina más justa.
UN ANTECEDENTE Y UN PRECEDENTE
Lo sucedido en Pacheco en diciembre y lo firmado esta semana configuran juntos una narrativa gremial coherente: frente a la crisis, el STIA no reaccionó con medidas de fuerza aisladas sino con una estrategia que combinó la movilización política y la negociación técnica. El resultado es un convenio que, por su amplitud y por los compromisos que involucra —en materia salarial, de estabilidad, de infraestructura y de política industrial—, constituye un punto de referencia para el sector.
El pacto, alcanzado mediante el diálogo directo en la planta de Pacheco, no solo representa un alivio inmediato para el bolsillo de los operarios, sino que establece un precedente de estabilidad único en el sector industrial actual. En un momento en que otros establecimientos del sector alimentario registraron suspensiones, despidos y cierres, la planta de Mondelez en Pacheco cierra el primer trimestre de 2026 con un horizonte laboral garantizado por doce meses y con la firma de que lo que antes se importaba pasará a fabricarse en el país.

Para el STIA, el acuerdo tiene además una dimensión institucional: el sindicato anunció que ejercerá el rol de fiscalización del cumplimiento del convenio punto por punto. Escalante fue explícito al respecto: el gremio no solo negocia sino que controla. Esa postura —que combina la capacidad de lograr acuerdos con la voluntad de hacerlos cumplir— es la que define el perfil de conducción que la nueva dirección del STIA viene construyendo desde que desplazó más de cuatro décadas de conducción encabezada por Rodolfo Daer.
El convenio con Mondelez demuestra que en medio del peor ciclo industrial de los últimos veinte años, la organización gremial sigue siendo la herramienta más eficaz con la que cuentan los trabajadores de la alimentación para defender lo que es suyo: el trabajo, el salario y la dignidad dentro de la fábrica.
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