Granja Tres Arroyos: deuda, fuga de granjas y producción en caída
Granja Tres Arroyos, la mayor empresa avícola del país, perdió el 60% de sus productores integrados, cayó de 700.000 a 200.000 pollos diarios y acumula $26.400 millones en cheques sin fondos.
La crisis de Granja Tres Arroyos ya no se explica solo con números financieros. Lo que comenzó como un problema de liquidez derivó en algo más profundo: la empresa que durante décadas dominó la producción de pollo en Argentina está perdiendo la base productiva sobre la que construyó su liderazgo. Según registros del Banco Central y fuentes del mercado avícola, el grupo acumula casi 2.000 cheques rechazados entre sus tres principales sociedades —Granja Tres Arroyos, Wade y Avex— por un total que supera los $26.400 millones. Pero la señal más grave no está en los documentos sin fondos, sino en las granjas que dejaron de trabajar para la firma y en la faena que cayó a menos de un tercio de su nivel histórico.
EL COLAPSO DE LA RED PRODUCTIVA
La empresa Granja Tres Arroyos empezó a perder parte de su red de productores integrados, una pieza clave de su modelo de negocios. En la práctica, eso significa menos granjas trabajando para la compañía, menos capacidad de crianza y menos volumen disponible para sostener la faena.
Según fuentes del mercado avícola, cerca de 120 productores dejaron de operar con la firma y buscaron alternativas en otros frigoríficos. En términos proporcionales, eso representa una pérdida cercana al 60% de los integrados con los que la compañía venía trabajando. Para una empresa cuya principal ventaja competitiva siempre fue la escala —el control vertical de toda la cadena, desde la genética hasta el producto final—, la salida de ese volumen de granjas no es un ajuste marginal. Es una fractura en el corazón del modelo.
Las mismas fuentes indican que el grupo pasó de faenar alrededor de 700.000 pollos diarios a unos 200.000, una contracción de más del 70% que opera directamente sobre la eficiencia del esquema industrial. En una actividad de márgenes estrechos y fuerte dependencia de escala, producir mucho menos no implica solo facturar menos: también vuelve inviable sostener la misma estructura de costos.
Los productores integrados que quedaron atrapados en la crisis no tienen fácil salida. Muchos gestionan ante autoridades provinciales la posibilidad de flexibilizar habilitaciones para integrarse a otras empresas y evitar el cierre de establecimientos, una situación que recuerda a lo ocurrido con el cierre de Sagemüller en su momento. La situación de esas granjas —que en muchos casos son unidades familiares sin capacidad de operar de manera independiente— agrega una dimensión social que va mucho más allá del balance de la empresa procesadora.
EL DETERIORO FINANCIERO: UN AÑO DE SEÑALES IGNORADAS
Según registros del Banco Central, la firma acumula alrededor de 1.200 cheques rechazados por un monto superior a los $20.100 millones. A esto se suman los compromisos impagos de otras sociedades vinculadas: Wade —la ex Cresta Roja— con 412 cheques rechazados por unos $3.500 millones, y Avex con 373 documentos por cerca de $2.800 millones. En conjunto, las tres compañías concentran casi 2.000 cheques rechazados por más de $26.400 millones.

El deterioro no se agota en los instrumentos bancarios. Desde fines de 2025 figuran como impagos los aportes de seguro social, obra social y contribuciones patronales, una irregularidad que afecta directamente los derechos previsionales de los trabajadores.
La debacle financiera se viene construyendo desde fines de 2024, cuando la empresa empezó a pagar salarios en cuotas y a reducir remuneraciones como condición para evitar despidos masivos. Ese esquema se sostuvo durante todo 2025 y desembocó en el cierre de una de las dos plantas de Concepción del Uruguay.
La raíz del problema tiene un componente externo que la empresa señala insistentemente pero que no explica por sí solo la profundidad de la crisis. La situación se agravó luego de que la compañía no pudiera recuperar el mercado chino tras el brote de gripe aviar de 2023. China representaba históricamente alrededor del 40% de las exportaciones avícolas argentinas, y la pérdida de ese destino golpeó con fuerza a toda la cadena. Recién en marzo de 2025 ese mercado volvió a abrirse para la carne aviar argentina, pero para entonces las finanzas del grupo ya acumulaban más de un año de deterioro acelerado.
LA REDUCCIÓN DE EMPLEO Y EL IMPACTO LABORAL
Granja Tres Arroyos pasó de contar con más de 1.500 empleados a unos 700 en la actualidad, mediante retiros voluntarios, jubilaciones, reducción de horas extras y desvinculaciones selectivas. El proceso se desarrolló con una lógica de ajuste gradual que la empresa buscó presentar como ordenado, pero que en los hechos implicó el vaciamiento de capacidad instalada y la pérdida de derechos laborales para centenares de trabajadores.
En los últimos meses se registraron cierres de plantas, entre ellos el de Becar en Entre Ríos, además de conflictos con trabajadores por salarios adeudados y retrasos en pagos. El cierre de Becar —una de las dos plantas que la empresa operaba en Concepción del Uruguay— implicó el traslado de 270 operarios a la planta La China, en la misma ciudad. Hoy en La China conviven los 740 empleados propios de Granja Tres Arroyos con los 270 trasladados de Becar, bajo una operatoria de dos turnos que concentra parte de la producción pero no logra resolver el problema financiero de fondo.

Durante 2025 salieron de la empresa cerca de 400 trabajadores entre despidos, retiros y acuerdos. En enero de 2026, el conflicto se extendió a la planta de Pilar, donde los operarios rechazaron una propuesta de la empresa para pagar en cinco cuotas las deudas salariales. Según el delegado Diego Núñez, la oferta fue calificada como «totalmente irrisoria» y estuvo «atada a un paquete de condiciones» que los trabajadores consideraron inaceptables.
Los trabajadores de las plantas de procesamiento de Granja Tres Arroyos se encuadran en el Convenio Colectivo de Trabajo Nº 783/20 (ex 724/15) para el sector avícola, negociado entre la Federación de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (FTIA) y el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA). Es en el marco de ese convenio específico que se negocian las paritarias del sector, con actualizaciones salariales que la FTIA viene reclamando que reflejen la inflación real del período. El convenio regula las condiciones de toda la cadena de procesamiento de aves —desde la faena hasta los productos elaborados— y es distinto del CCT 244/94 que rige para el conjunto de la industria alimentaria.
UNA EMPRESA CON HISTORIA Y UN SECTOR QUE MIRA
Granja Tres Arroyos construyó durante décadas una posición de liderazgo difícil de replicar. La empresa absorbió la avícola Avex tras comprársela al grupo brasileño BRF y se quedó con las operaciones de Cresta Roja, compañía que había atravesado una profunda crisis financiera y conflictos laborales. Llegó a operar 8 plantas de faena, 10 plantas de alimentos balanceados, plantas de incubación en Buenos Aires y Entre Ríos, y cuatro plantas de productos elaborados que procesan desde congelados hasta fiambres. Ese nivel de integración le permitió controlar desde la genética hasta el producto final y consolidarse como el mayor jugador del sector.
Ese esquema integrado es el que hoy tambalea. Y su peso en el mercado hace que el impacto no sea solo interno: la empresa representa el 30% del mercado de pollo de engorde del país. Cualquier contracción en su escala opera sobre el abastecimiento nacional, sobre los precios al consumidor y sobre miles de puestos de trabajo directos e indirectos.
Según datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), la producción avícola genera en Argentina más de 68.000 empleos directos, 9.000 empleos por servicios y aproximadamente 8.500 empleos indirectos. La cadena productiva en su conjunto —productores avícolas, trabajadores rurales, empleados de plantas procesadoras, profesionales y técnicos— involucra a alrededor de 70.000 personas. En ese contexto, la crisis del mayor jugador del sector no es un episodio aislado: es una señal de tensión que atraviesa toda la cadena.
LA PREGUNTA QUE QUEDA ABIERTA
La empresa sostiene que trabaja en una reorganización para atravesar la coyuntura y que la operatoria principal continúa en funcionamiento. En sus comunicaciones oficiales descartó un plan de despidos masivos y señaló que el achicamiento de nómina se hizo de manera consensuada con los trabajadores mediante retiros voluntarios. Agregó que la crisis es de corto plazo y que no pone en riesgo la operación ni la continuidad de la compañía.
La brecha entre ese relato y los datos del mercado es el núcleo del problema. Una empresa puede refinanciar deuda, renegociar plazos y reestructurar pagos. Lo que es mucho más difícil de recuperar es la red de productores que ya buscó otro integrador, la faena que se fue a la competencia y la escala que durante décadas fue la principal razón de su dominio del mercado.
Lo que está en discusión ahora es si la empresa todavía puede sostener la dimensión industrial que construyó durante años o si, por el contrario, ya entró en una etapa de repliegue estructural.
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