Georgalos producirá sus caramelos Flynn Paff en China

Georgalos producirá sus caramelos Flynn Paff en China

El presidente de la empresa Georgalos, Miguel Zonnaras, admitió que traslada la producción de uno de sus caramelos emblemáticos al país asiático por los altos costos locales. El caso expone el impacto de la apertura importadora en el empleo industrial.

 

La apertura importadora del gobierno de Milei sigue dejando marcas concretas en la industria alimentaria argentina. Georgalos, una de las empresas de golosinas más tradicionales del país, ya no fabrica en Argentina uno de sus productos más icónicos: los caramelos masticables Flynn Paff se producen en China y se importan para ser vendidos en el mercado local. La admisión la hizo el propio presidente de la compañía, Miguel Zonnaras, y abre un debate urgente sobre el futuro del empleo industrial en el sector.

 

«El proyecto tiene que ser rentable»: la lógica empresarial que precariza el trabajo

Miguel Zonnaras, nieto del fundador y presidente de Georgalos, fue explícito al explicar la decisión en una entrevista reciente. «Yo soy de ADN industrial, pero también muy pragmático en el sentido de que el proyecto tiene que ser rentable y sustentable en el tiempo», sostuvo. Con esa frase, el empresario sintetizó una tendencia que se viene profundizando en el sector desde que el gobierno nacional aceleró la apertura de importaciones: ante los costos internos que hacen inviable la producción local, la solución pasa por desplazar la manufactura al exterior.

El presidente de Georgalos, Miguel Zonnaras, admitió que ya producen en China una línea de su golosina más popular.

 

El argumento de Zonnaras apunta a un diagnóstico compartido por varios actores del sector, aunque con conclusiones distintas según quién lo enuncie. Señaló que tanto las materias primas como la tecnología se «comoditizaron» a nivel global, lo que significa que el precio que paga una fábrica en Argentina por sus insumos es prácticamente el mismo que el de cualquier otra parte del mundo. En ese contexto, lo que determina la ventaja competitiva de un país sobre otro no es lo que entra a la fábrica, sino lo que rodea a la producción: impuestos, infraestructura, logística y carga tributaria.

«¿Qué implica esto para Doña Rosa? Que el costo de la materia prima para nosotros es prácticamente el mismo que en cualquier parte del mundo», graficó el empresario. Y fue más lejos: mencionó que trasladar mercadería dentro del país puede resultar más caro que traerla desde China. Un flete desde el país asiático hasta Buenos Aires ronda los 4.000 dólares, mientras que desde Córdoba cuesta alrededor de 2.000 dólares. El dato ilustra con crudeza el estado de la infraestructura logística argentina, en parte, por el abandono de la obra pública del gobierno libertario.

 

Impuestos, provincias y un círculo vicioso que termina en el empleo

Zonnaras apuntó además contra la presión impositiva como uno de los factores centrales que distorsionan la competitividad. «De nada me sirve que Nación me baje los impuestos si las provincias y los municipios me los suben», señaló, describiendo una situación en la que la baja de cargas en un estamento del Estado es compensada por subas en otros, generando una carga total que el importador no enfrenta. «Realmente enfrentamos una sobrepresión impositiva que, lamentablemente, termina trasladándose al producto. Y cuando ese producto no logra ser competitivo en el mercado, a la larga el impacto se siente en el empleo; y el empleo, a su vez, impacta en el consumo. Es un círculo vicioso al que estamos sometidos y del que resulta muy difícil salir», describió.

El razonamiento del empresario tiene una lógica interna que no puede ignorarse: la industria argentina produce en condiciones estructuralmente desventajosas frente a competidores globales, y la apertura importadora, lejos de generar un shock de competitividad virtuoso, está empujando a empresas nacionales a tercerizar en el exterior lo que antes producían acá. El resultado concreto es menos trabajo industrial en Argentina.

 

El antecedente: despidos, represión y conflicto en la planta de Victoria

La decisión de Zonnaras de producir en China los Flynn Paff no ocurre en el vacío. Georgalos arrastra un conflicto laboral severo que marcó al sector durante 2025. En junio de ese año, la empresa despidió a cinco trabajadores de la planta de Victoria, en San Fernando, acusándolos de haber organizado medidas de fuerza. Los operarios, con más de veinte años de antigüedad, pertenecían al área de producción de chocolates y denunciaron que la empresa había reducido dotaciones por máquina y aumentado los ritmos de producción hasta niveles insostenibles, lo que generó caídas del 70% en los premios de productividad.

Georgalos mantuvo un fuerte conflicto durante 2025 con los trabajadores.

 

El Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires dictó la conciliación obligatoria, pero Georgalos no la acató. Los trabajadores cortaron la autopista Panamericana en reclamo por la reincorporación de sus compañeros, y la Gendarmería los reprimió, dejando 25 heridos. El STIA presentó denuncias formales y la justicia laboral terminó fallando a favor de la reincorporación de dos de los cinco despedidos, reconociendo que la empresa había violado el derecho de huelga. La situación no quedó ahí: meses después, Georgalos avanzó con suspensiones masivas que alcanzaron a 600 trabajadores de la planta Victoria, invocando caída de ventas y de producción.

Lo que Zonnaras presenta hoy como una decisión pragmática de gestión empresarial tiene un correlato humano que no puede soslayarse: cada línea de producción que se traslada a China es un puesto de trabajo que desaparece en Argentina. Y en el contexto de la apertura importadora del gobierno libertario, Georgalos no es un caso aislado sino un síntoma de una transformación estructural que está cambiando el mapa industrial del sector alimentario, con consecuencias directas sobre el empleo, el consumo y la vida de las comunidades donde estas plantas operan.

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