La industria cayó 8,7% en noviembre y no encuentra piso
El IPI del INDEC marcó en noviembre una caída interanual del 8,7%. Alimentos y bebidas bajó 7,8%. Se agrava el empleo y el frente externo.
Noviembre dejó un dato que en las plantas se siente antes que en las planillas: la industria se desplomó y el golpe también llegó a alimentos y bebidas. Con consumo débil, suspensiones y cierres, el ajuste se traduce en menos turnos, menos horas y más incertidumbre.
Un noviembre en rojo: la industria cayó 8,7% y no encuentra piso
La actividad manufacturera tuvo en noviembre su peor foto del año: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) del INDEC registró una caída interanual del 8,7%. En términos mensuales, la serie desestacionalizada retrocedió 0,6% respecto de octubre, confirmando que la recuperación no se consolidó y que la contracción ya no es un “bache” aislado.
El propio informe oficial señala que 15 de 16 divisiones mostraron bajas interanuales, con caídas fuertes en ramas intensivas en empleo. En la práctica sindical, eso suele traducirse rápido en reacomodamientos: recorte de extras, freno de ingresos, suspensiones, adelantamiento de vacaciones y presión sobre condiciones de trabajo.
Alimentos y bebidas también cae: alerta para una industria clave del empleo
Para el mundo del trabajo, el dato más sensible es que “Alimentos y bebidas” bajó 7,8% interanual en noviembre.
Dentro de esa división, el INDEC identifica incidencias negativas especialmente en galletitas/panificados/pastas, bebidas y otros productos alimenticios, segmentos muy ligados al consumo masivo.
En criollo: cuando se enfrían las góndolas, se enfrían las líneas. Y en alimentación eso no pega sólo en “números”: pega en ritmos de producción, turnos, dotaciones y, en muchos casos, en la negociación cotidiana para sostener puestos de trabajo sin resignar derechos.
Menos producción, menos laburo: señales de deterioro del empleo registrado
El deterioro de la actividad industrial suele viajar con un acompañante incómodo: el empleo. En el trabajo registrado privado, el propio Estado viene describiendo una tendencia “levemente negativa” desde mitad de año. En el último dato disponible del informe oficial (septiembre 2025), se reporta una contracción mensual del 0,1%, equivalente a alrededor de 9.000 desvinculaciones en puestos declarados.
Para los gremios industriales, este tipo de dinámica es una alarma temprana: aun cuando algunos meses muestren “estabilización” estadística, el daño suele acumularse por goteo (no renovación de contratos, retiros “acordados”, tercerización, recortes de jornada), y termina rebotando en salarios y condiciones.
Consumo débil: el freno en ventas se traslada a las plantas
La caída industrial de noviembre no ocurre en el vacío. Con consumo sin repunte sostenido, el circuito producción–venta–empleo se vuelve más frágil. Los relevamientos del INDEC que vienen siguiendo medios nacionales mostraron, por ejemplo, para septiembre (último dato difundido en ese momento) retrocesos en mayoristas (-13,1% interanual) y caídas en otros canales, señal de que la demanda sigue tironeada por la pérdida de poder de compra.

En alimentación esto es todavía más delicado: no se trata de bienes “suntuarios”, sino de consumo esencial. Cuando incluso ahí se achican volúmenes o se “migran” calidades/marcas por precio, el ajuste pega doble: en hogares y en fábricas.
Cierres y conflictos: cuando la estadística se vuelve historia local
Detrás de cada punto de caída hay situaciones concretas. En las últimas semanas se conocieron casos de cierre de plantas vinculadas a alimentos y pérdida de puestos de trabajo; por ejemplo, el cierre de una planta de alimentos balanceados en Pilar con impacto laboral reportado en medios nacionales.
En paralelo, distintos relevamientos periodísticos describen un fin de año con conflictos, suspensiones y despidos en múltiples ramas industriales, reforzando la idea de que el problema ya no es sectorial sino de modelo.
El frente externo también aprieta: déficit con Brasil y señales preocupantes
El debate sindical sobre industria siempre termina chocando con una pregunta estructural: ¿qué lugar se le da a producir en el país? En 2025, el comercio con Brasil volvió a encender luces rojas: el déficit comercial bilateral cerró en torno a los US$ 5.201 millones, según reportes basados en el seguimiento de ABECEB.
Y aunque diciembre mostró una mejora puntual del saldo (superávit pequeño tras 17 meses de déficit), el propio informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) indicó que el intercambio cayó 16,9% interanual ese mes, con bajas simultáneas en exportaciones e importaciones.
En síntesis: el “respiro” mensual no alcanza para tapar el deterioro anual, y el desequilibrio con el principal socio industrial de la región es un dato que condiciona cualquier estrategia de empleo fabril.
Lectura sindical: sin mercado interno e industria, el ajuste lo paga el trabajo
Desde una mirada sindical, el dato de noviembre no es sólo “actividad”: es poder de negociación, estabilidad laboral y futuro productivo. Cuando la industria cae y la alimentación también, lo que se pone en riesgo es una trama que sostiene empleo formal, capacitación, convenios colectivos y economías regionales.
El debate de fondo vuelve a aparecer: un esquema que premia la valorización financiera y abarata importaciones puede mejorar algunos precios relativos en el corto plazo, pero suele hacerlo a costa de producción local, puestos de trabajo y densidad industrial. En ese tire y afloje, la estadística de noviembre funciona como advertencia: si no se revierte la dinámica, el 2026 puede traer más conflictos en plantas, más cierres y más presión sobre salarios.
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